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El Bosque Sonoro, el festival nacido en plena pandemia que mima la música y la naturaleza

Desde el viernes hasta el domingo actuarán en Mozota Viva Suecia, La Habitación Roja, La Pegatina o Iván Ferreiro.

El escenario del festival toma cuerpo a orillas del río Huerva.
El escenario del festival toma cuerpo a orillas del río Huerva.
Javier Belver

Tres vecinos de Mozota, localidad zaragozana con unos 130 habitantes censados, se atrevieron a soñar en celebrar un festival de música en su pueblo con algunas de las bandas más destacadas del panorama nacional. Un desafío que se antojaba quimérico. Mucho más al hallarse en plena época pandémica y al no contar con ningún apoyo institucional. Pero la fe, el entusiasmo y, sobre todo, el trabajo, mueven montañas y este fin de semana, por segundo año consecutivo, El Bosque Sonoro colocará al municipio en el mapa.

Todo es diferente en este festival. Al acceder al terreno donde se desarrolla, la banda sonora la interpretan el río Huerva y los pajaritos que saltan de árbol en árbol. Su preparación es absolutamente artesanal. Celestino Meles, Cristina Borrás y Olmo Peña, los organizadores, llevan semanas acondicionando las instalaciones con la puntual ayuda de otros mozotinos. "Comenzamos a planificarlo en cuanto acabó la primera edición. Y desde hace dos meses estamos haciendo de todo: desbrozar la superficie, confeccionar el plano con la distribución de espacios, clavar las maderas para los ‘nidos’ donde estarán los espectadores... absolutamente todo. Muchísimo esfuerzo para un montaje efímero, que solo durará tres días, pero vale mucho la pena", explica el primero.

Entre el miércoles y este jueves están ultimando los detalles para recibir a las 800 personas que se esperan en cada uno de los cinco conciertos repartidos entre el viernes (Viva Suecia a las 22.00), el sábado (La Habitación Roja y Niños Mutantes desde las 13.00 e Iseo & Dodosound e Irregular Roots a partir de las 21.00) y el domingo (La Pegatina y Samba Da Praça a las 13.00 e Iván Ferreiro a las 22.00). La venta de entradas se dirige al ‘sold out’ en todas las sesiones.

Una de las novedades que agradecerán los asistentes es que podrán seguir las actuaciones de pie en lugar de sentados. Para ello se ha diseñado el sistema de ‘nidos’ que permitirán la distancia social. En cada uno de los 165 ‘nidos’ estarán 3, 4, 5 o 6 personas que, a través de una ‘app’, podrán adquirir bebidas y comida que les serán servidas por los camareros. Además, en las primeras filas se habilitarán ‘packs’ de dos asientos con mesa. "Dentro del respeto máximo a las medidas y restricciones sanitarias, hemos luchado para que la gente pueda vivir los conciertos de pop o rock como debe ser, de pie", relata Meles.

Las viandas que se suministrarán también escapan de lo común ya que se han seleccionado productos especiales, conservas de calidad con recetas propias: queso con guindilla caramelizada, caballa, corazones de alcachofa... hasta las patatas chip son artesanales.

El ecologismo y el respeto por la naturaleza es otro de los principios fundacionales del Bosque Sonoro. Los cubiertos son biodegradables, los vasos reutilizables, las maderas son de palés reciclados... "Queremos tender al cero residuos. Compensamos lo que ‘contaminamos’ con la reforestación", prosigue Meles. Con lo recaudado en la ‘fila 0’ de 2020 y con la contribución de Ambar e Ikea se han plantado 220 árboles en un terreno municipal desértico de Mozota. Y un porcentaje de la venta de entradas se destina a la oenegé Tree Nation.

Todos estos ingredientes hacen que las bandas se muestren especialmente colaborativas cuando reciben la llamada para ser contratadas. "Los artistas perciben que el nuestro es un proyecto diferente al del resto de festivales. Cuando les explicamos lo que hacemos y cómo lo hacemos, mueven cielo y tierra para estar presentes y para ponernos las cosas muy fáciles. Se les nota la ilusión por venir porque el ambiente que se crea es fantástico", dicen los organizadores.

Un apoyo que hace olvidar los obstáculos que surgen en el camino. "El festival requiere una inversión de unos 300.000 euros y lo asumimos todo desde una humilde asociación cultural. No tenemos ningún respaldo económico por parte del Gobierno de Aragón ni de la Diputación de Zaragoza. El Ayuntamiento de Mozota ayuda con lo que puede, con las licencias. Pero seguiremos adelante porque nos hace muy felices poder reivindicar que merece la pena vivir en un entorno rural y que los espacios naturales hay que cuidarlos y que podemos convivir y divertirnos en ellos", añaden.

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