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LETRAS ARAGONESAS. OCIO Y CULTURA

Javier Quiñones; "El legado de Arana pide a gritos una edición de sus obras completas"

El profesor y escritor burgalés, afincado en Barcelona, publica en La fragua del trovador un libro sobre el autor de ‘El cura de Almuniaced’

Javier Quiñones publica 'Arana' (La fragua del trovador).
El escritor y profesor Javier Quiñones en una foto reciente, en su estudio.
Archivo J. Q.

¿Qué libro quería hacer: un diálogo con José Ramón Arana (Zaragoza, 1905-1973) o quería mandarle una especie de carta?

Aunque quizá un poco de todo ello haya, concebí mi libro como una novela corta que acabó saliendo, tras de muchos retoques, algo más extensa de lo que pretendía en un principio. Mi intención era contar mucho con las menos palabras posibles. La primera parte se titula 'Esbozo sobre fondo de chopos y sabinas' y ese esbozo resultó ser una indagación en los avatares que jalonaron la vida y la obra del escritor que fue José Ramón Arana. El narrador de mi novela convierte a Arana en narratario, esto es, en destinatario del relato que de su vida y su obra fue tejiendo a lo largo de su ficción.

¿Por qué esa estructura con tantos manejos del tiempo, idas y venidas?

La base de la estructura son dos momentos temporales: el primero transcurre durante el último año de la vida de Arana, a partir de su regreso a España en 1972, y el segundo, mucho más extenso, es el del devenir de la vida del escritor hasta ese momento. Esos planos se alternan a lo largo de la narración. Con todo, ambos sabemos que el pasado prefigura, y en cierto modo condiciona, el presente, que a su vez busca siempre anclaje en lo vivido. De ahí que se entrelacen tan estrechamente a lo largo del relato. Somos lo que una vez fuimos.

"El pasado prefigura, y en cierto modo condiciona, el presente, que a su vez busca siempre anclaje en lo vivido. De ahí que se entrelacen tan estrechamente a lo largo del relato. Somos lo que una vez fuimos"

Arana le interesa, y no sé si obsesiona, desde hace mucho tiempo, ¿por qué, qué representa para usted, por qué ha conectado tan bien con él?

Mi libro sobre Arana es un libro de escritor, el que yo soy, a escritor, el que él fue. Mi interés por Arana, por su persona y su obra, arranca a principios de los setenta del siglo pasado, con los primeros libros suyos que leí, entre ellos, el cuento dedicado a Cervantes, “El último sueño de Cervantes”, su novela El cura de Almuniaced, y más tarde Can Girona y ¡Viva Cristo Ray! En esas lecturas descubrí a un autor muy notable cuyas raíces literarias se hundían en Machado y en Unamuno, o así me pareció verlo. Por cierto, el primer artículo que publiqué sobre Arana versaba sobre la presencia, o influencia, si quieres, de Unamuno en la obra del escritor aragonés. Al mismo tiempo, Arana fue uno más de los escritores que se vieron obligados a salir de España al terminar la Guerra Civil tras la derrota de la República, a la que sirvió fielmente, y fue uno de los autores destacados del exilio republicano de 1939. Según Horacio la literatura debe ser “dulce y útil”, pues eso ha sido la obra de Arana para mí y de ahí mi interés. Siempre pensé que le debía un libro y creo que ahora saldo la deuda; quizá me retrasé algo más de la cuenta en escribirlo, pero aquí está.

Nació en Garrapinillos, donde su padre era maestro. ¿Cómo le marcaron el barrio y el padre?

Para Arana tenía mucha importancia la niñez y el paisaje en el que esta transcurre, creo que en el libro he insistido bastante en este aspecto. Esta infancia, hasta el fallecimiento de su padre en Garrapinillos, está ligada a ese paisaje y este es muy importante en la formación del escritor que fue Arana. La naturaleza y el paisanaje que vivió el escritor de niño, con esos labriegos de pocas palabras y esos alfalfares y chopos de agua, está muy presente en su obra y en su forma de ser. Por otro lado, la influencia de las ideas liberales y socialistas que profesaba su padre dejó honda huella en el escritor. Aunque la suya fuera una historia triste, por su prematuro fallecimiento, la influencia de don Ventura fue muy importante para el escritor.

Javier Quiñones publica 'Arana' (La fragua del trovador).
Retrato del gran escritor aragonés José Ramón Arana con Elvira Godás y su hijo.
Archivo Javier Quiñones.

¿Cómo explicaría la relación que tiene con su madre, hasta el punto de sentirse culpable cuando se fue a Barcelona?

Para la generación de Arana, y para la de nuestros padres, nosotros tenemos más o menos la misma edad, la figura de la madre era venerada e importantísima, al tiempo que despertaba el respeto y el cariño y simbolizaba el afecto y la ternura. La madre era siempre ese refugio en el que resguardarse de los duros embates de la vida. Arana siempre estuvo muy ligado a su madre. Doña Petra fue siempre un referente moral para el escritor. Pasaron muchas estrecheces tras el fallecimiento de don Ventura. Arana pudo haberse quedado en Barcelona, como hicieron tantos aragoneses en los años veinte y treinta, pero decidió volver a Zaragoza con Mercedes y sus hijos, Alberto y Augusto, porque “tiraba la madre”, dijo en sus escritos. Luego vivieron juntos hasta finales de noviembre de 1938. Al marcharse a Bayona y no poder regresar a España, no la volvió a ver. Su madre murió en mayo de 1956 y fue un gran dolor para el escritor, quien no pudo acompañarla en el momento del tránsito por tener la entrada prohibida en España. A ella le dedicó el que para mí es su mejor poema: 'Adiós'. Las ideas cristianas de su madre dejaron también honda huella en el escritor.

"Su madre murió en mayo de 1956 y fue un gran dolor para el escritor, quien no pudo acompañarla en el momento del tránsito por tener la entrada prohibida en España. A ella le dedicó el que para mí es su mejor poema: 'Adiós'"

¿Cómo se construye intelectualmente el personaje, cómo crece, cómo se convierte en escritor?

En la formación intelectual de Arana podría decirse que hay tres elementos fundacionales: la influencia y la guía de su padre, la lectura y los amigos, sobre todo Casimiro Marcén. La lectura fue básica para Arana, tanto como lo fue para nosotros, los dos lo sabemos muy bien. Fue un autodidacta que bebió de muchas fuentes: Machado, Unamuno, Galdós, los novelistas rusos y muchos otros. Dejó, obligado por las circunstancias, la escuela con doce años y creció compaginando el duro mundo del trabajo con sus inquietudes culturales, políticas y literarias. Le tienta, en sus inicios, la poesía. Su toma de conciencia le lleva después a la lectura de muchos artículos políticos que lee en revistas y periódicos y comenta en largas charlas con sus amigos y compañeros de entonces. Es en los años de la Guerra cuando todo ese caudal de lecturas e influencias empieza a emerger y le lleva a dar lo que podríamos considerar como sus primeros pasos en el camino de convertirse en escritor. Pero todo esto no fue un camino de rosas. Le costó mucho esfuerzo y mucho trabajo. Con Andújar diría después que ellos pertenecían a una generación de escritores no señoritos, quizá para distanciarse de los poetas del 27. Esa construcción intelectual fue lenta y trabajosa, pero la voluntad de ser escritor de Arana y su capacidad de trabajo siempre le acompañaron.

¿Cómo le marca su vida pública en la Guerra Civil?

Arana empezó a cobrar relevancia política a través del mundo sindical. En enero de 1936 formó parte de la Comisión Ejecutiva de la UGT de Zaragoza. Más tarde, en diciembre de ese año, fue nombrado, por el gobierno de Largo Caballero, miembro del Consejo de Aragón, con sede en Caspe, en representación del PSOE y la UGT. Su figura política fue creciendo y cobrando relevancia. En 1938 desempeñó funciones de prensa y propaganda como comisario político y pasó a formar parte del SIM. Paralelamente fue desarrollando su tarea literaria y publicó, firmado como José Ruiz Borau, su primer libro: Apuntes de un viaje la URSS. Publicó también, en ediciones de autor, narrativa, teatro y poesía. Esta actividad política, muy intensa, y las responsabilidades en las que la ejerció, le trajo muchos sinsabores y problemas, pero Arana se mantuvo siempre fiel a las ideas republicanas.

Javier Quiñones publica 'Arana' (La fragua del trovador).
Retrato de Arana en su larga época de librero ambulante.
Archvio Javier Quiñones.

En el libro explica sus relaciones con sus tres mujeres y compañeras. ¿Podría analizarlas una a una? Mercedes adquiere en 'Arana', su libro, mucha importancia, fue un gran amor que le dio cinco hijos y por ella se fue a Barcelona.

Arana fue muy pudoroso y reservado con su vida privada y evitó siempre llevarla a su literatura, podría decirse que estaba a años luz de eso que ahora suele llamarse la autoficción, donde todo se cuenta con pelos y señales. Aunque el narrador de mi novela es poco partidario de entrar en esa parcela de la vida privada del narratario, no puede evitar señalar las tres relaciones amorosas, y de convivencia, de las que nacieron los hijos del escritor, aunque lleven apellidos diferentes. He de decirte que el centro de atención de mi novela siempre fue el escritor, el propio Arana. Sin embargo, el narrador no puede evitar referirse a las mujeres sobre las que me preguntas. Mercedes Gracia fue la primera, la mujer con quien tuvo dos hijos en Barcelona, Alberto y Augusto, con quien se casó en Zaragoza en marzo de 1931 y de quien se separó, o se despidió, a finales de 1938 en Monistrol, Barcelona, después de haber tenido tres hijos más, dos nacidos en Zaragoza, Rafael y Marisol, y una nacida en Mequinenza, Mercedes. Benjamín Jarnés recomendaba que, cuando se escribe sobre la vida de otro, se evite juzgar. Sin faltar a esa recomendación, no resulta osado decir que la separación de Mercedes fue triste y supuso la ruptura de una familia con cinco hijos y la madre, que vivía con ellos y continuó haciéndolo hasta su fallecimiento, que quedó abandonada a su suerte en la España de la primerísima posguerra en circunstancias muy difíciles. El regreso a Zaragoza, desde Barcelona, en un vagón de ganado contado por Alberto Ruiz-Borau en su novela 'La piel de la serpiente' es sencillamente desgarrador. ¡Qué necesitada está esa novela de una reedición!

¿Cómo fue su relación con María Dolores Arana? ¿Es ella quien le empuja hacia la literatura?

Con María Dolores Arana tuvo una relación amorosa mientras seguía viviendo con Mercedes y su familia que abarcó, aproximadamente, desde 1937 hasta 1959, momento de la ruptura definitiva. Tuvieron dos hijos, Juan Ramón y Federico y vivieron juntos la peripecia del exilio en Francia y en México. En febrero de 1941 embarcaron en Marsella rumbo a la Martinica. Desde allí pasaron a Santo Domingo, luego a Cuba y en octubre de ese año arribaron a México por Veracruz, donde no fue nada sencillo salir adelante. Es difícil responderte a eso, pero María Dolores era poeta y ya había publicado cuando conoció a Arana y seguro que la literatura debió ser un vínculo de unión entre ellos. Desde luego, en las ediciones de autor que de su poesía fue publicando Arana, María Dolores tuvo un papel muy importante, por no decir decisivo. En lo cultural, lo literario y lo periodístico, colaboraron estrechamente durante sus años mexicanos.

Se cruza con Elvira Godás en 1950, se casan más tarde y le acompañó hasta el final. Había muchas cosas que ella no sabía.

Sí, así fue, pero se conocían de antes. Elvira trabajaba en la Unión de Distribuidores y Arana iba allí a comprar algunos de los libros que luego vendía por los cafés. La relación con Elvira se desarrolló mientras Arana convivía con María Dolores y sus hijos. Se casaron, casi en secreto, en 1956 y empezaron a vivir juntos cuando nació Miguel Veturián, su último hijo, en 1959. Sí, es cierto. Entre las muchas cosas que desconocía Elvira estaba la existencia de su primera familia. Con todo, estuvieron juntos hasta el final de la vida del escritor.

¿Cómo resumiría su vida en el exilio? Me ha parecido que no abunda mucho en su círculo de amistades.

El narrador le recuerda al narratario que no fue el exilio para él un camino de rosas ciertamente y es verdad, no lo fue, antes bien fue un sendero abrupto y lleno de dificultades. Se podría hablar de distintas etapas en ese camino del exilio. La primera transcurre en Francia, entre 1939 y febrero de 1941. Estuvo interno en el campo de concentración de Gurs y pasó mil peripecias antes de conseguir llegar a Marsella, donde con ayuda de Margaret Palmer, pudo zarpar hacia la Martinica. La segunda etapa la constituyen las eventualidades de la travesía, desde febrero del 41 hasta octubre de ese mismo año, en que ingresa en México por Veracruz. El nacimiento de su segundo hijo, Federico, se produce durante esta travesía. Tuvo problemas con la JARE para recibir la ayuda económica que necesitaba perentoriamente para su familia, María Dolores y sus dos hijos pequeños. El narrador da buena cuenta de esos problemas y de lo que los motivó. La tercera fase, ya en México, es la de la adaptación a las nuevas condiciones de vida, la búsqueda de un modo de subsistir y de ganarse la vida. Podría decirse, sin temor a exagerar, que fue como volver a empezar otra vez. Estrecheces económicas sin cuento, dificultades, pero una voluntad férrea de abrirse camino y de seguir adelante. Los dos, Arana y María Dolores trabajaron con tesón. La cuarta fase, una vez terminada la Segunda Guerra Mundial y habiendo fracasado los planes plebiscitarios que proponían monárquicos y socialistas, es la de la estabilización al cobrar conciencia de que el exilio iba para largo y de que no se podría regresar durante muchos años. Ese periodo coincide, básicamente, con la década de los cincuenta y los sesenta y con la plenitud creadora de Arana y la creación de Las Españas. Ahí jugó su papel la amistad, sobre todo la de Andújar y Carretero, pero también la de otros, León Felipe entre ellos. En esos años Arana se convierte en un reconocido escritor y fue valorado muy positivamente en el ámbito del exilio republicano, lo que no impidió sus agrias polémicas con los comunistas.

Javier Quiñones publica 'Arana' (La fragua del trovador).
José Ramón Arana era el seudónimo literario de José Ruiz Borau, primo de José Luis Borau, el cineasta y escritor.
Archivo Javier Quiñones.

Tuvo una vida tan llena de dificultades como parece por su condición de vendedor ambulante. ¿Tenía o no tenía librería propia?

Como José Ruiz Borau, Arana fue obrero metalúrgico y trabajador de banca, pero no tenía más que la formación básica, esto es, la primera enseñanza, la del colegio. Durante la Guerra podría decirse que nació un nuevo Ruiz Borau: el político que ocupó cargos de responsabilidad y el periodista y escritor, que luego mudó el nombre con el que firmaría sus escritos y sus obras. Cuando llegó al exilio de México, sin más bagaje que el descrito y sin titulación académica alguna, no le resultó nada fácil abrirse camino. Ni en el mundo académico ni en el cultural podía encontrar puertas abiertas. La venta ambulante de libros le permitió iniciar un camino de subsistencia, aunque muy precario. No solo vendía libros por los cafés, el Papagayo, el Madrid, el París o el KIKO, sino que pronto dispuso de pequeños kioscos, puestos fijos de venta que le facilitaban, en Bucareli o en Avenida Juárez o en la Alameda Central. En rigor no puede hablarse de que tuviera una librería propia, vendía por los cafés y en esos puestos fijos. Era poco rentable porque Arana era una persona poco dotada para manejarse en las cuestiones económicas y muchas veces prestaba libros y se olvidaba de cobrarlos después. Por ello, la participación del trabajo intelectual en revistas y en la prensa de María Dolores fue muy importante para el mantenimiento de la familia. Casi al final de su estancia en México entró a trabajar en la librería de González Porto. No fue coser y cantar esto de vender libros para Arana.

Conmueve esa decisión de José Ramón Arana querer morir en España, ¿qué ha encontrado en Monegrillo?

Mucho desconocimiento acerca de la figura del escritor y de su relación con el pueblo, al menos la primera vez que fui. Arana estaba ligado a Monegrillo por la familia de su madre y por haber sido maestro del pueblo su padre, también por haberlo sido él coyunturalmente durante las primeras semanas de la Guerra. La decisión de trasladar, en 1972, los restos de su madre a Monegrillo acentuó esa relación, que se vio aún más incrementada por el hecho de ser enterrado él mismo en el cementerio del lugar en julio de 1973. Es verdad que nació en Garrapinillos, pero fue a menudo a Monegrillo siendo niño y adolescente, de hecho en sus fiestas patronales conoció a su mujer. Pero más de treinta años de exilio es demasiado tiempo. El paso del tiempo acaba borrándolo todo. Ojalá sirviera este libro mío, esta elegía, para anclar la memoria de Arana a Almuniaced, perdón, a Monegrillo. Podría crearse un premio literario de cuentos que llevara el nombre de Arana y concederse anualmente, sería una forma de evitar que el olvido lo arrase todo. Dejo aquí esta idea para quien la quiera escuchar.

Se ha hablado mucho del experimento para curar el tumor cerebral que tenía. Creo que él llegó demasiado tarde.

Es verdad, llegó tarde, pero había que intentarlo. El descubrimiento del doctor Blanco Cordero, el ICB 119, fue una falsa expectativa y sus resultados inoperantes y negativos, pero fue, al mismo tiempo, una pequeña luz de esperanza. Blanco Cordero moriría en 1976, tres años después de fallecer Arana, de un infarto en Galicia. Nunca más volvió a hablarse de su tratamiento contra el cáncer.

Dice e insiste que su mejor libro es la novela 'El cura de Almuniaced'. ¿Cuál sería su lugar en las letras españolas como poeta y como narrador?

Desde luego, por derecho propio, por la calidad de su obra, Arana ocupa un lugar destacado en la literatura aragonesa del siglo XX y su obra, periodística y literaria, merece, lo está pidiendo a gritos desde hace años, una edición de obras completas, idea que dejo también aquí para quien quiera hacerla suya. Al mismo tiempo, también ocupa un lugar destacado en la literatura del exilio republicano de 1939.

""El mejor homenaje que la literatura aragonesa puede hacer a Arana es poner sus obras al alcance de los lectores aragoneses de nuestros días"

¿Podría, tras tantos años de estudio, hacer un retrato casi definitivo de Arana en el que dijera cómo era en lo personal, en lo político y qué debemos reivindicar de él?

Espero y deseo que mi libro sea una contribución a ello, eso ha sido al menos lo que he intentado, que el lector que lea mi libro conozca mejor a Arana en lo personal, en lo literario y en lo político, como dice, y se acerque después de leerlo a una librería a comprar sus libros y si no los encuentra, porque están descatalogados, que las editoriales y las instituciones culturales aragonesas procuren subsanar esa situación. HERALDO ya lo hizo en 1980 con la publicación de '¡Viva Cristo Ray! Todos los cuentos'. José Ramón Arana es un autor injustamente olvidado, como se dice en la contraportada del libro, es una voz apagada que debería recuperarse, un autor a cuya obra debe darse la importancia que merece. Una sociedad que relega al olvido a sus escritores no va por el buen camino, o así me lo parece. El mejor homenaje que la literatura aragonesa puede hacer a Arana es poner sus obras al alcance de los lectores aragoneses de nuestros días.

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