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LITERATURA. OCIO Y CULTURA

Mario Hinojosa: "La naturaleza es el escenario más sobrecogedor de nuestras vidas"

Poeta, cronista y guía turolense, dedica sus versos al Observatorio Astrofísico de Javalambre, y mezcla poemas y fotos de paisaje en ‘Perchas’ 

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Mario Hinojosa, poeta, guía y empleado de arqueología en el Museo de Teruel.
Carmen Hernández.

¿Cuál es para Mario Hinojosa, poeta y guía, el vínculo poesía y naturaleza, en su percepción y en tu vivencia?

Entiendo la naturaleza como el escenario más sobrecogedor de nuestras vidas, y más hermoso. Ahí está todo: es la médula, la espina dorsal de lo que fuimos, somos y seremos. Con la poesía me pasa lo mismo, pertenece a una raíz ancestral que conecta pasado, presente y futuro, es una guía para transitar por este camino donde acechan las encrucijadas.

¿En qué medida es Teruel tierra de poesía?

Si leemos a José Antonio Labordeta, entendemos lo que significa amar esta tierra y lo que ofrece, cómo impacta al que la ve por primera vez, lo que tiene de lírica y de épica su contemplación. Esa suerte de dicotomía en la que confluyen unos espectaculares amaneceres incendiados, unas formas abruptas y salvajes, una cartografía arisca e indómita, y a la vez sus delicados y suaves atardeceres púrpura, sus páramos melancólicos e infinitos y su Edén plagado de olivos donde refulgen los nombres de Ángel Crespo, de José Donoso o de Mauricio Wacquez. O de las nuevas generaciones de escritores que están construyendo un relato cautivador de esta región asombrosa, como Nacho Escuín, Juan Villalba, Víctor Guíu, Ana Muñoz, Dalila Eslava y tantos otros que riegan con sus letras esta provincia.

"Si leemos a José Antonio Labordeta, entendemos lo que significa amar esta tierra y lo que ofrece, cómo impacta al que la ve por primera vez, lo que tiene de lírica y de épica su contemplación"

Insisto en poco más. A un andariego como usted, ¿qué es lo que le emociona de Teruel y sus paisajes y su paisanaje?

La expresión descarnada de la sencillez y la belleza singular de ambos conceptos que de manera imbricada forman una extraña unicidad de carne, hueso, rocas, fauna y flora. Un ecosistema prodigioso en el que conviven para aparecer milagrosamente como una aldea gala de resistentes al sur de Aragón, que van a la batalla sabiendo que van a ser derrotados pero que jamás se rinden. Es algo insólito cómo te deslumbra un lugar plagado de héroes singulares, hombres y mujeres montados en tractor, que viajan en trenes infames, con medios paupérrimos y que pese a todo, cada día salen a levantar como Sísifo esa pesada losa, con fe y sin miedo, saben que Riodeva no es la Comala de Rulfo, ni Bordón Ítaca pero se parecen bastante. Son inspiradores.

¿Por qué se ha ido al Pico del Buitre y le dedica un libro de poesía, que ha publicado en los Libros del Gato Negro?

La geografía y la geología siempre han tenido mucha importancia en mis libros, un protagonismo material y emocional, y en este caso casi podríamos decir que metafísico. He tenido la suerte de colaborar en el programa ‘A vivir Aragón’ de la cadena Ser durante 12 años, dirigido por Miguel Mena, y en una emisión en la que participé, en el Centro Astrofísico del Cosmos de Javalambre, ubicado en el Pico del Buitre, surgió la idea de todo. Cuando uno llega a esa especie de base lunar, que parece sacada de una novela de Julio Verne, se establece una conexión inmediata entre la potencia telúrica y la mística del espacio.

¿Cómo definiría ese espacio del Javalambre abierto a todos los vientos?

Es un enclave en el que uno siente más cerca la gravedad telúrica y a la vez la ingravidez de los sueños.

La atmósfera parece de ciencia ficción.

Sí, es como habitar una película en la que uno se imagina como el pionero del primer campamento marciano, o quizá un ‘Mad Max’ turolense a casi dos mil metros de altura.

El poemario es una suerte de diálogo consigo mismo, una búsqueda, un hablar con lo que está más allá.

La idea que atraviesa todos mis libros, y este también, tiene que ver con una indagación obsesiva, casi enfermiza por desentrañar los engranajes de la vida, y lo hago pergeñando infinitas preguntas. Tengo una curiosidad insaciable por lo que me rodea, y luego me gusta establecer paralelismos, a veces disparatados, entre lo que me sugiere algo y lo que en realidad es. Y siempre, siempre, teniendo en el horizonte la búsqueda terca, denodada y exigente de la belleza, ese es mi camino, esa es mi meta. Me encanta ver gigantes donde otros molinos.

"La idea que atraviesa todos mis libros, y este también, tiene que ver con una indagación obsesiva, casi enfermiza por desentrañar los engranajes de la vida, y lo hago pergeñando infinitas preguntas"

No contento con ese ‘Pico del Buitre’ (Los Libros del GatoNegro), publica ‘Perchas’ (Olifante). ¿Nace de su pasión por el paisaje o de su atracción por la fotografía?

Fundamentalmente nace de mi pasión por trasmitir lo que veo en mi entorno, y lo hago a través de imágenes y textos que utilizo como canales de expresión vinculando ambas facetas creativas. Y la publicación del libro nace también del cariño y el empeño de Trinidad Ruiz Marcellán de la editorial Olifante.

¿Qué lugares ha querido incorporar?

En su mayoría pertenecen a la provincia de Teruel que desde pequeño me fascina, siempre la he visto como un tapiz infinito de colores, formas, relieves…, amparados por unos cielos imponentes. La sima de San Pedro cerca de Oliete, el entorno árido de Villaspesa, el curioso cementerio de Albarracín, los ríos que son un trasunto de la vida, es una suerte de catálogo de enclaves que asombran

Ha sido guía de Teruel. ¿Cómo se debe mostrar la ciudad?

Al visitante lo que más le gustaba en esos viajes en el tiempo y en el espacio, era la manera de contar, adentrarte en el mudéjar o el modernismo como en una novela. A mí lo que más me interesa es que se fueran sintiendo un mínimo de ese amor y curiosidad que yo tengo por esta ciudad.

"Al visitante lo que más le gustaba en esos viajes en el tiempo y en el espacio, era la manera de contar, adentrarte en el mudéjar o el modernismo como en una novela. A mí lo que más me interesa es que se fueran sintiendo un mínimo de ese amor y curiosidad que yo tengo por esta ciudad"

Trabaja en el Museo de Teruel, un centro de arte contemporáneo y un contenedor de arqueología. ¿Qué le da trabajar ahí?

Es una oportunidad única, tocar, acariciar, descubrir y mostrar la riqueza patrimonial y cultural del pasado en la provincia de Teruel en una institución de referencia como el Museo Provincial, es un lujo. Seguir las huellas de nuestra historia, pieza a pieza, reconstruir un mundo fascinante que nos ha ido definiendo hasta llegar a ser como somos, y aprender de un equipo de trabajo multidisciplinar de profesionales comprometidos que llevan desarrollando una labor exhaustiva durante muchos años a todos los niveles, desde la investigación a la pedagogía pasando por las publicaciones, exposiciones, y que, como dice, es un centro de arte contemporáneo de referencia en Aragón. Para mí es un honor.

También ha trabajado en el Maestrazgo, agitado por la posible instalación de molinos de viento. ¿A quién debemos escuchar aquí?

Un naturalista y enamorado del Maestrazgo como yo cree que los parques de aerogeneradores eólicos rompen el encanto del paisaje, eso es evidente; sin embargo, si queremos otro tipo de energías, habría que valorar el impacto medioambiental de cada uno de los mismos tanto en la fase de construcción como de explotación, para poder tener un posicionamiento sólido, ya que yo no conozco los proyectos en profundidad. Sí pienso que para un proyecto de esta envergadura se debería contar con la opinión de la población local como se hizo en su día en esta misma comarca con proyectos tales como el Life de purines o con el micológico, en los que se implicó a toda la población y se desarrolló con éxito.

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