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¿Son los genios profetas en su tierra?

Preservar y reivindicar el legado de los grandes maestros de la pintura es un reto al que se enfrentan las ciudades y regiones en las que nacieron. 

El Teatro-Museo Dalí en Figueras.
El Teatro-Museo Dalí en Figueras.
Heraldo.es

Estar a la altura de los merecimientos de un genio no es tarea sencilla para la ciudad, la región y el país donde nació. Articular proyectos que ensalcen y reivindiquen su legado artístico supone un desafío que requiere esfuerzos materiales y de voluntad que, de resolverse con éxito, contribuyen a situar un foco de atracción cultural e incluso turística en ese territorio.

Los grandes maestros de la pintura son protagonistas de este, a menudo, complicado encaje. Es habitual que pasen muchos años tras su muerte hasta que se habiliten espacios específicos que exhiban las causas de su grandeza.

Un buen ejemplo es Vincent Van Gogh. No fue hasta 1973, 83 años después de su fallecimiento, que se inauguró el Museo Van Gogh en Ámsterdam. Consta de dos edificios diseñados por el arquitecto holandés Gerrit Rietveld. No hay ningún otro lugar en el planeta que congregue bajo un mismo techo tantas obras del artista holandés.

La colección se compone de 200 lienzos, 500 dibujos y 750 documentos escritos. Juntos, ofrecen una excelente imagen de su vida y su obra. En la amplia nómina en exposición sobresalen los diferentes autorretratos y pinturas tan emblemáticas como ‘Los girasoles’, ‘Los comedores de patatas’ o ‘La habitación en Arlés’. Además, este centro ha recabado una colección relacionada con la vida de Van Gogh y la obra de artistas con los que mantenía amistad o en los que influyó. Hasta la irrupción del coronavirus, recibía a unos dos millones de visitantes al año.

Como curiosidad, en Zundert, el municipio de poco más de 20.000 habitantes en el que nació en 1853, se conserva la Van Gogh Huis (la casa Van Gogh), el hogar en el que pasó sus primeros momentos de vida. Aquí se conserva vivo el recuerdo de su juventud con la exposición permanente ‘Vincent van Gogh–Las raíces de un maestro’, y también se organizan muestras temporales de artistas de los siglos XX y XXI.

Medio siglo de espera para Picasso

En el caso de Pablo Ruiz Picasso, Málaga inauguró el museo consagrado a su artista más universal en 2003, tres décadas después de su deceso y tras fracasar el proyecto que se concibió en 1953. La pinacoteca ocupa el denominado Palacio de los Condes de Buenavista. El cumplimiento de este deber histórico encierra una historia de desencuentros hasta que Christine Ruiz-Picasso, viuda de Paul Ruiz-Picasso, hijo mayor del artista, retomó los contactos con la ciudad andaluza en 1992 con motivo de la exposición en la ciudad ‘Picasso clásico’ y en 1994 con la exposición ‘Picasso, primera mirada’. En 1996 se reinició el proyecto de 1953, que se hizo finalmente realidad 50 años más tarde, el 27 de octubre de 2003.

La colección malacitana da cuenta de casi ocho décadas de trabajo de Pablo Picasso y transmite el rigor y la capacidad creativa de un artista imprescindible para comprender la historia del arte occidental. Exhibe unas 285 obras que abarcan las innovaciones revolucionarias del artista, así como la amplia variedad de estilos, materiales y técnicas que dominaba.

El caso extraordinario de Dalí

Salvador Dalí encarna un caso seguramente único en la historia del arte. El genio catalán pudo planear y ejecutar en vida el que iba a ser el gran testimonio de su legado. El icónico Teatro-Museo Dalí fue inaugurado en 1974 y fue construido sobre los restos del antiguo Teatro Municipal de Figueras. Está considerado como la última gran obra de Salvador Dalí. Todo en él fue concebido y diseñado por el artista con el propósito de ofrecer al visitante una experiencia ‘daliniana’ y llevarlo al interior de su mundo cautivador y único.

El visitante abraza toda la trayectoria artística del ampurdanés a través del más amplio abanico de obras. Recorrer sus salas es sinónimo viajar desde sus primeras experiencias artísticas hasta las obras de los últimos años de su existencia, pasando por el surrealismo, la mística nuclear y la pasión por la ciencia. Como explicó el propio Dalí: «Es evidente que existen otros mundos, eso seguro; pero, como ya he dicho muchas veces, esos otros mundos están en el nuestro, residen en la tierra y precisamente en el centro de la cúpula del Museo Dalí, donde está todo el nuevo mundo insospechado y alucinante del surrealismo». Se exhiben unas 1.500 obras, que incluyen pinturas, dibujos, esculturas, grabados, instalaciones, hologramas, estereoscopias, fotografías... Las más significativas son: ‘Autorretrato con L’Humanité’, ‘Port Alguer’, ‘El espectro del sex-appeal’, ‘Retrato de Gala con dos costillas de cordero en equilibrio sobre su hombro’, ‘Autorretrato blando con beicon a la plancha’, ‘Galarina’, ‘La cesta de pan’, ‘Leda atómica’ y ‘Galatea de las esferas’.

Mención aparte merece el conjunto de obras realizadas por Dalí con la finalidad expresa de exponerlas permanentemente en el museo, y que van desde pinturas y esculturas hasta complejas instalaciones monumentales. Dentro de este grupo destacan la sala Mae West, la sala Palacio del Viento, el monumento a Francesc Pujols y el Cadillac lluvioso.

En la sala de trabajo de Rembrandt

Rembrandt es otro de los grandes con un reconocimiento específico. Pese a que la mayor colección de sus obras luce en el Rijksmuseum de Ámsterdam –con pinturas universales como ‘La ronda de noche’ o ‘La novia judía–, en 1911 abrió las puertas el Museo-Casa de Rembrandt en la ciudad holandesa con la presencia de la Reina Wilhemina. Allí vivió y trabajó el pintor desde 1639 hasta 1658.

En sus paredes cuelgan 260 de los alrededor de 290 grabados que firmó el artista. A finales del siglo XX se levantó un nuevo edificio adjunto donde se encuentra la gran colección de dibujos y obra gráfica. Además, se ha reconstruido la vivienda y el taller con el objetivo de dar una visión absolutamente realista y palpable sobre la vida cotidiana de Rembrandt y de la sociedad holandesa del siglo XVII.

Sin duda, el enclave más atractivo para los visitantes es la sala donde pintó sus obras maestras. Para los más curiosos, también se puede visitar la cocina, algunas habitaciones y una sala de arte donde se recogen los objetos que utilizaba, como modelos para sus pinturas y las de sus alumnos, tales como figuras de yeso, animales extraños o caracolas.

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