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Bosco Esteruelas: “Ni el gobierno ni la oposición merecen el aplauso generalizado”

El escritor y periodista zaragozano publica 'Gracias, asesino', un diario que se convierte en novela y en una sátira de la gestión de la pandemia

Bosco Esteruelas publica 'Gracias, asesino', una novela sobre la pandemia.
Al escritor lo sorprendió la pandemia en Málaga.
Manuel Alberca

Bosco Esteruelas (Zaragoza, 1951) publica ‘Gracias, asesino’ (Ediciones del Genal), un libro que es esencialmente una meditación en clave de sátira sobre la pandemia en España. Y es también “un diario de notas donde abunda el análisis sobre la tragedia pero en el que se se entremezclan la ficción y los sueños”. Bosco trabajó de corresponsal de la agencia Efe, ingresó en ‘El país’ en 1987 y fue editorialista de 2004 a 2008. Posee un blog en la revista cultural digital ‘Fronterad’, que dirige el escritor y periodista Alfonso Armada.

¿Cómo se siente mejor definido, como un ser asocial o como un Montaigne de Zaragoza?

Como ninguna de las dos cosas. Vaya, sería un estúpido creerme un Montaigne zaragozano. Sin embargo, el escritor y filósofo francés me ha ayudado durante y antes de esta tragedia. Y espero que lo siga haciendo. Sus ensayos completos los leo y releo. Son como mi Kempis laico. Me ayudan a entender el humanismo que adolecemos, la solidaridad, la honradez. Tantas cosas. Las ideas de Montaigne deberían ser estudiadas en las escuelas. Uno de los protagonistas de mi libro, el controvertido ministro de Sanidad, repara una noche que tengo en la biblioteca el volumen del francés y me pide si se lo puedo prestar. Y con respecto a mi “asociabilidad”, no me identifico con ella. Simplemente frivolizo con el concepto.

El escritor y reportero Alfonso Armada también le define en el prólogo como un misántropo que busca la verdad. ¿En qué medida percibe que es eso?

Algunas de las acepciones de la misantropía sí entran en mi personalidad: el retraimiento, la melancolía, el pesimismo. Pero yo no soy un individuo desconfiado, malencarado, egoísta o misógino. Al menos yo no me siento así. Si de mis escritos se deduce lo contrario, entonces tengo un problema de no saber entenderme mejor.

¿Cómo se convierte el diario del confinamiento en novela? Escribía en un lugar ideal, en Málaga, ante el mar.

Ciertamente parece una contradicción disfrutar de la maravillosa visión del mar diariamente, mi mejor compañía durante el confinamiento, y escribir una especie de novela corrosiva, irónica, esperpéntica. Cuando comencé a escribir el libro no tenía ni idea de hacia dónde me iba a conducir el teclado del ordenador. Por otra parte, era una muestra más del desconcierto, de la perplejidad que vivíamos y que continuamos viviendo.

"Esa machacante certeza de que íbamos a derrotar al virus y que de la catástrofe saldríamos mejores y más fuertes me enfermaba. Por tanto, decidí convertir el diario en una novela delirante"

¿Qué es lo que le enoja o desconcierta desde el primer instante?

En un primer instante no sentí enojo, aunque sí fastidio. Otros colegas cuando les preguntaba me decían que se habían puesto a escribir. A quién le importará lo que escriban, me decía a mí mismo. Al poco de engancharme, yo también, a la rueda de la escritura, el fastidio se trocó en irritación al ver y oír las memeces y las contradicciones que emanaban del poder. Ese clima bélico no lo podía soportar. Esa machacante certeza de que íbamos a derrotar al virus y que de la catástrofe saldríamos mejores y más fuertes me enfermaba. Por tanto, decidí convertir el diario en una novela delirante en la que los sueños, muchos inventados, se convirtieron en el motor del libro. No sé si lo conseguí.

Su diario avanza en todas las direcciones: la memorias, el recuerdo de sus días en Zaragoza, en el Cabezo Buenavista, lecturas, músicas, vida periodística. ¿La pandemia también nos obligó a esa especie de introspección psicológica, a saber quiénes éramos o quiénes habíamos sido?

Naturalmente, la pandemia nos permitió hacer esa introspección de la que hablas. Nos dio espacio y tiempo para la reflexión, para el análisis de lo vulnerables que éramos y que seguimos siendo. La insolidaridad, las desigualdades, los atropellos ecológicos… En mi fantasía hasta creé un psicoanalista jamaicano con quien mantenía videosesiones. Para recrearme en mi pasado infantil. Pero no todos tenían los privilegios que yo podía disfrutar. Falta de espacio, peligro de contagio, pérdida de empleo, trastornos psíquicos, muerte, etc., etc., etc.. Esos sí que han sido crudamente azotados por la pandemia. ¿Y todas esas reflexiones nos servirán de algo? ¿Pensamos que con la vacuna ya estamos inmunizados? ¿Dónde se fabrica la vacuna contra el ‘virus intelectual’, el de la pérdida de valores y la deshumanización que nos invade?

Bosco Esteruelas publica 'Gracias, asesino' sobre la pandemia.
Bosco Esteruelas mezcla varios géneros en su libro y alude a Orwell.
Manuel Alberca.

No tengo respuestas. Le sigo preguntando: ¿sabía hacia dónde iba? ¿Existe ese momento en que se produce como un clic y ve que en sus notas hay el embrión de una novela moral?

Creo que a eso ya he respondido un poco antes. No, no lo sabía. No tenía un guion establecido. Quien escribe sabe bien que a veces lo que se empieza no termina necesariamente como estaba previsto. Yo no he pretendido hacer ninguna novela moral. No me gusta dar lecciones de nada, porque no soy maestro de nada. Yo solo observo, anoto, fantaseo, distorsiono y busco provocar a quien me lee. ‘Gracias, asesino’ es una novela cómica dentro de la tragedia que sufrimos.

Da la sensación de que no deja títere con cabeza. ¿La búsqueda de la verdad le vuelve un francotirador sin piedad?

La búsqueda de la verdad es siempre difícil. No te abre muchas puertas. Es incómoda. Molesta la crítica, tanto a derecha como izquierda. En lo que concierne a nuestro país era para reír y llorar lo que debíamos escuchar del poder establecido. Es cierto: era un fenómeno imprevisto e inédito. No era sencillo gestionarlo, pero lo que llegaba a la ciudadanía generaba más confusión y hasta indignación, en el caso español, al observar que gobierno y oposición convertían el drama en una pelea de perros y gatos. Yo tuve y sigo teniendo mucha piedad por aquellos que han muerto, en su mayor parte ancianos, solos, sin que sus familiares hayan podido siquiera despedirse. Cada 15 minutos moría un anciano en los centros de mayores. Y siento una admiración y agradecimiento inmenso a toda la población sanitaria, a esos ‘kamikazes de bata blanca’ que sin apenas recursos, desprotegidos, cuidaron a los enfermos sin importar si iban a ser infectados.

¿Cómo incorpora la parte fantástica, alegórica? ¿Qué buscaba?

En la fantasía pretendí salir de la nueva normalidad. Jugué con la realidad irreal y a veces la alteré. Consideré que la razón no estaba de lado nuestro y aún menos de nuestros políticos. Los critiqué pero al criticarlos a ellos me critiqué también a mí y mis semejantes. De ahí que era necesario que algo nuevo, irreal, surgiera y se me ocurrieron las ratas, animales que me repugnan y me dan miedo como imagino a mucha gente. Esos roedores debían ser quienes vinieran a aconsejarnos, a abrirnos los ojos. Habíamos perdido la lógica, el raciocinio y hasta la humanidad.

¿Por qué tres ratones norteamericanos, tan brillantes, como protagonistas?

No son ratones blancos de laboratorio. No, son ratas de una inteligencia igual o superior a la nuestra, docentes de la neoyorquina universidad de Columbia, que llegan a España a estudiar el comportamiento humano a raíz del covid-19. Freddy, Teby y Abigail, como así se llaman, serán los grandes protagonistas del libro.

Ya. ¿Piensa en serio que hay animales más inteligentes que el hombre?

A fecha de hoy sería absurdo afirmar que haya seres animales de una inteligencia superior a la de los humanos. Sin embargo, los estudios realizados con, por ejemplo, monos o elefantes, delfines e incluso perros sorprenden por rasgos de conducta humana. En cualquier caso, mi libro no puede analizarse desde el punto de vista de nuestra racionalidad. Ya sé que una rata no puede hablar, leer o escribir. También lo sabía Orwell cuando escribió ‘Animal farm’ (‘La granja de los animales’).

Ya metido en harina. ¿Deseaba hacer una novela moral, reflexiva o puramente satírica?

Lo de moral no me apasiona. Pero sí, efectivamente, el libro es una sátira. He pretendido que quien lo lea reflexione, comprenda la ironía y hasta esboce más de una vez una sonrisa sin olvidar en ningún momento la tragedia que ha generado el maldito virus. Ahora que se cumple un año desde que se decretó el estado de alarma en España es buen momento para analizar lo que nos ha pasado y porqué nos ha pasado. Tengo mis dudas. Creemos que con la fabricación de una vacuna todo se ha solucionado.

"¿Qué me duele? Los casi cien mil compatriotas que han muerto, gran parte ancianos en situaciones dramáticas, y los cinco millones de parados, incluyendo a la población en ERTE"

Sinceramente, ¿qué es lo que más le duele de este año de pandemia?

Sin duda, los casi cien mil compatriotas que han muerto, gran parte ancianos en situaciones dramáticas, y los cinco millones de parados, incluyendo a la población en ERTE, que se han ido a la calle. En mi novela se habla mucho de las colas del hambre, de los comedores sociales. Es un homenaje principalmente a ellos.

Dice que no tiene certezas, pero da la sensación de que toda la novela es una impugnación general de la política del Gobierno y la oposición.

No creo que ni el gobierno ni la oposición se han hecho merecedores a recibir el aplauso generalizado de la opinión pública. Siento decirlo. Eso no significa que en otros países de nuestro entorno las cosas hayan ido mejor, incluidos los modélicos países escandinavos. Han sobrado medidas que luego no se concretaban, autocrítica, humildad, reconocimiento de falsedades y, por supuesto, del lado opositor, escasa solidaridad, aprovechamiento político con miras electorales y bajar los decibelios de la protesta.

¿Cómo saldremos de aquí, si salimos?

No tengo ni idea. No soy un científico e incluso en el mundo de la ciencia hay voces discrepantes. Pero sí tengo algunas certezas: el virus ha demostrado la fragilidad y la dependencia humanas y el mundo no es más seguro que antes. Se ha agudizado la desafección política y la brecha social. Creo que por una vez vamos a tomarnos más en serio lo del cambio climático. Esto es un trauma colectivo que no es fácil de superar.

"Pero sí tengo algunas certezas: el virus ha demostrado la fragilidad y la dependencia humanas y el mundo no es más seguro que antes. Se ha agudizado la desafección política y la brecha social"

¿Qué le han enseñado sus años en la prensa (fue editorialista de ‘El País’ de 2004 a 2008, donde ingresó en 1987; trabajó de corresponsal de Efe en el extranjero) para analizar la situación?

Tampoco lo sé muy bien. Sin duda, las vivencias, las experiencias fuera de mi país me habrán ayudado a analizar las situaciones con mayor serenidad y distanciamiento. Pero, sinceramente, no estoy muy seguro de que así sea.

Usted nació en Zaragoza en 1951. ¿Qué vínculos sigue manteniendo con Aragón?

Procuro mantenerlos pese a que los 18 años me marché de Zaragoza. Pero sigo más o menos la actividad política, social y deportiva. Me alegro mucho de los éxitos de la ciudad cuando los leo en la prensa y por supuesto sufro con las derrotas del Real Zaragoza. Espero y deseo de que algún día vuelva a ser de Primera. La ciudad y la historia del equipo lo merecen.

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