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Manuel Outumuro: "La literatura llega más pura a la cámara que el teatro"

El fotógrafo, diseñador y diseñador de artes expone su obra en la Lonja de Zaragoza, 'De barro y luz', hasta el próximo 9 de enero de 2021

Manuel Outumuro expone 'De barro y luz' en la Lonja.
Manuel Outumuro es el fotógrafo de la belleza, la elegancia y el clasicismo de la luz.
José Miguel Marco.

«Yo he tenido el inmenso placer de trabajar con los mejores. Sobre todo en la moda, con Toni Bernad, con Javier Vallhonrat, porque hacíamos catálogos de moda. De ahí mi amor a la indumentaria. Y con Yves Klein, y con fotógrafos de fuera también. Jamás me interesé en la técnica para nada porque yo nunca pensé en ser fotógrafo. Llevaba una cámara pequeña para hacer el ‘making off’ y algunas fotos inmediatas para el cliente. En una sesión en la que estaba todo preparado porque el fotógrafo no vino por un asunto de vuelos, procedía de París, y la modelo se iba a día siguiente para Milán, y no se podía posponer la sesión, disparé yo con la cámara del ‘making off’. Y, contrariamente a lo que he dicho, que odio las cámaras, y que no me acaban de gustar, me gustó mucho la prueba», explica Manuel Outumuro, que expone en la Lonja su obra ‘De barro y luz’.

Sí, esa afirmación llama la atención y daba la sensación de que querría tener un chip un el ojo.

Exacto y parpadear así, así, y que quede grabado. Sigo con el relato: disparé yo y pensé: «La cámara lo hace. Esto lo hace la cámara». Yo llevaba un ‘story board’ muy bien preparado, siempre me ha interesado la edición de arte, y fue una revelación. Al mes ya estaba ofreciendo un trabajo para ‘El País’, que se publicó y ahora llevo 25 años colaborando con ellos. Hago series, moda, retratos,...

¿Por qué solo ha querido hacer retratos?

No. Al principio solo hacía moda. Pero, si era un catálogo o una campaña, me gustaba poner un primer plano de aquella mujer que estaba aquel día allí y no quería que fuera solo una percha para la ropa. Quería que hubiera una imagen que acercara y humanizara un poco todo aquello dándote otros impulsos: tocando la emoción, la sensibilidad, añadiendo elementos afectuosos. En esta muestra hay primeros planos tomados en las sesiones de moda pura y dura, pero que no son moda porque no se ve nada, pero sí que se transmite algo especial. La foto de Amber Valletta es una campaña de Zara, que es la portada de mi libro de Photobolsillo de La Fábrica. Y esa es la primera foto que usó Zara como retrato para colgar en sus tiendas porque hasta entonces ponían fotos de las prendas. Era una época en que se buscaban otros valores de comunicación en el mundo de la moda. Ahora estoy haciendo casi más retrato que nunca.

"La fotografía es mi trabajo de artesanía. Es lo que yo quería ser cuando era niño. Un artesano. Hacer mesas de madera, que la gente se sentara a la mesa, que estuvieran contentos y fueran felices con aquel mueble"

En sus retratos no hay ‘suciedad’ alguna. Sé que le gusta mucho Richard Avedon o Irving Penn, y en ellos hay un punto de sombra en el personaje, de rincones oscuros, de inquietud, hasta de desgarro…

Pues quizá tenga razón. Sí… pero no le sabría decir por qué. Lo sombrío nunca me ha atrapado. No me fascina.

¿Qué le debería entonces a Penn y a Avedon, que son como dos grandes retratistas y maestros de la moda?

Les debo lo mismo que a Goya y a Zurbarán, que a los grandes clásicos de la pintura. Les debo ser maestros en formarte, en la forma de mirar, en la forma de educar y en la forma de ver, y eso lo explica muy bien John Berger.

Siempre dice que integra multitud de elementos y de disciplinas: el cine, el arte, el dibujo, y que no eso no es un artificio...

Sí, y a veces es un artificio, hay una puesta en escena muy conceptualizada antes de disparar. Hay muchos elementos, esto, no fue al momento, hubo planificación, una relato previo, una búsqueda para esculpir con la luz la materia. Se llevó allí la langosta, la caracola. Cuido mucho lo que voy a hacer. Quizá venga de una deformación de la dirección de arte: pensar la foto antes de hacerla.

Outurmuro expone en la Lonja 'De barro y luz'.
Outumuro. Retrato del fotógrafo Leopoldo Pomés.
Manuel Outumuro.

¿Hace dibujos previos?

Siempre hago bocetos de lo que quiero hacer, aunque después de esos bocetos no se realizan. Por muchas cosas. Si es en el exterior, el tiempo te puede hacer cambiar todo el concepto, a menudo el personaje puede no sentirse cómodo con lo que pretendía…

¿Cuál es la importancia de la relación entre el azar y la sorpresa?

En la fotografía el azar y la sorpresa van muy unidos. Hay grandes fotos, le diré que la mayoría, hechas al azar. Pero no es mi estilo fotográfico. La foto que tengo de Jessica Lange nació porque hicimos una charla juntos. Ella es fotógrafa y tiene un libro muy interesante sobre México. En el Centro de Arte Santa Mónica querían presentar a dos fotógrafos con dos formas diferentes de disparar. Ella practica el momento robado, se pasea por México, por los pueblos pequeños, donde no la reconocen, con la cámara, y cuando ve una señora con un fardo a la cabeza le dispara. La sigue y le va disparando. Le va robando el momento. Ese personaje no sabe ni que ha sido fotografiado. O unos señores jugando a las cartas, o un señor borracho durmiendo. Y eso estaba proyectándose con cosas e imágenes mías, todo lo contrario.

No sé si del todo. Usted es un cazador de gestos, de instantes, de luces...

Sí, claro, pero aquí todo el mundo sabe que está siendo fotografiado. Nada es robado. Mis fotos son un diálogo o intercambio entre dos personas que saben lo que están haciendo. Son dos formas de disparar diferentes, pero para mí, es cierto, también son importantes el azar y la sorpresa: en un gesto inadvertido puede estar la mejor toma. A mí lo que hace ella me costaría hacerlo, y ya no digamos el fotoperiodismo. No podría...

¿Por qué? ¿Siempre ha querido hacer esta foto tan limpia, con todo el sistema de zonas, por decirlo así, tan elegante?

Eso es lo que yo quiero. Yo ya pisé mucha mierda de vaca. Sé de dónde vengo y no quiero volver allí. El lado oscuro, y cierta miseria, no, de eso ya me vacunaron, aunque a partir de los 40 volví. Me costaba mucho regresar a la aldea. Conocí a la periodista Maribel Outeriño, que poco a poco me devolvió a Galicia…

¿Cómo se afronta el retrato a un escritor? Pienso en Vila-Matas, Rosa Regàs y Eduardo Mendoza.

Son tres encargos. La literatura llega más pura a la cámara. No sé por qué pero es así. Los escritores se muestran más despojados en la forma de querer figurar o querer ser. Los actores o modelos a veces llegan tan sobreactuados que sacarles algo, a veces, cuesta y cuesta, se hace lento. Muchos actores le tienen miedo a la cámara. Ni saben quiénes son ante la cámara ni saben ser ellos. Necesitan un papel. Ante la cámara quieren ser otro.

¿Le pasa? ¿Le ha pasado a menudo?

Cuando les dices: «Sé tu mismo», algunos no saben qué hacer. Me respondió Carmen Maura: «Pues yo ese papel delante de la cámara no lo he tenido nunca. Y que no me lo den porque no lo sabré interpretar». Vila-Matas y Mendoza son dos tímidos, pero Mendoza es un poco más seductor. Y te da más fotos.

¿Qué es la fotografía para usted?

Qué difícil. Es mi trabajo de artesanía. Es lo que yo quería ser cuando era niño. Un artesano. Hacer mesas de madera, que la gente se sentara a la mesa, que estuvieran contentos y fueran felices con aquel mueble. Eres un alfarero y has moldeado una vasija de una forma concreta y aquello tiene un estilo. La fotografía es mi labor artesanal y busco la belleza total.

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