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Ocio y Cultura

música

¡Qué noche la de aquel día!

Héroes del Silencio, Niños del Brasil y Las Novias reunieron a 25.000 espectadores en La Romareda en las fiestas de 1991. Un hito que ha quedado incrustado en la memoria colectiva.   

Los componentes de Niños del Brasil y de Las Novias regresaron a La Romareda el pasado 5 de octubre.
Los componentes de Niños del Brasil y de Las Novias regresaron a La Romareda el pasado 5 de octubre.
Guillermo Mestre

Reunión cumbre e histórica en un maratón musical hilado con grupos locales que la lluvia gris lejos de aguar, vino a realzar. Los 25.000 espectadores que acudieron a La Romareda no hicieron sino testificar el auge del pop zaragozano en un ascenso impensable hace tan solo tres o cuatro años». Este extracto de la crónica que Matías Uribe firmó en HERALDO glosa fielmente el acontecimiento vivido en el estadio del Real Zaragoza un histórico miércoles 9 de octubre de 1991. Un cartel formado por Héroes del Silencio, Niños del Brasil y Las Novias congregó a una multitud en una jornada que habita por derecho propio en el álbum dorado de la música aragonesa.

Casi tres décadas después, este periódico invoca el espíritu de aquella noche mítica a través de sus protagonistas, que rescatan sus recuerdos ya tornasolados de una jornada en la que llovió euforia y gloria a expuertas.

Héroes del Silencio

Héroes del Silencio comparecieron como el plato fuerte de este macroconcierto tildado como «el acto estrella» de aquellas fiestas del Pilar. El cuarteto integrado por Enrique Bunbury, Juan Valdivia, Joaquín Cardiel y Pedro Andreu surcaba las aguas del éxito masivo en España y ya se avecinaba su poderoso desembarco en Alemania y Latinoamérica.

Un momento expansivo y dulce que se plasmó en su actuación –la tercera de la velada–, que arrancó al filo de las 23.30. El batería Pedro Andreu conserva las sensaciones de ese día tan señalado. «En particular recuerdo ir recorriendo el estadio antes de nuestro turno para actuar y encontrarme con gente que conocía de la ciudad. Era muy emocionante ver el escenario sabiendo que un rato después sería yo mismo quien tocara la batería. Eran tiempos en los que el grupo empezaba a consolidarse firmemente en el panorama musical del país. Nos encantó que pudiera hacerse un macroconcierto de esa naturaleza. No es ninguna tontería tocar en un estadio y que sea todo coherente», rememora.

Andreu apenas recuerda el repertorio que abordaron. «Siendo 1991 estoy seguro de tocar ‘Entre dos tierras’ y probablemente ‘Senderos de traición’», espeta.

No anda errado. La actuación, que se prolongó durante 2 horas con 22 canciones, arrancó con ‘Entre dos tierras’ y finalizó con ‘Hechizo’. Entre medio, desfilaron ‘Senda’, ‘Héroe de leyenda’, ‘La carta’, ‘Flor venenosa’, ‘La visión de vuestras almas’, ‘El estanque’, ‘Despertar’, ‘Malas intenciones’, ‘Agosto’, ‘Maldito duende’, ‘La decadencia’ y ‘Mar adentro’. Para los tres bises finales reservaron ‘Con nombre de guerra’, ‘Oración’, ‘Olvidado’, ‘Fuente esperanza’, ‘No más lágrimas’, ‘El cuadro’ y ‘Hologramas.

«Me lo pasé fenomenal en el escenario», confesó Enrique Bunbury a Matías Uribe como refrendo de una vivencia única.

Niños del Brasil

Niños del Brasil irrumpieron al son de ‘Carmina Burana’, la banda sonora ideal para un grupo que también comenzaba a saborear las mieles del reconocimiento nacional. «Somos de aquí, los ídolos del viento», proclamó Santi Rex, su cantante.

«Recuerdo todo aquel día con mucho cariño y mucho agrado. Fue un día muy importante para nosotros al estar en un escenario grande por primera vez y esa sensación de que iba a ocurrir algo especial. Desde la mañana que estuvimos con las pruebas de sonido ya teníamos claro de que iba a ser un día muy importante para nosotros y para toda una generación», revela 29 años después.

Rex, acompañado de Nacho Serrano y Antonio Estación, se retrotrae a aquel momento concreto, en el que la formación zaragozana presentaba su segundo elepé, ‘Mensajes al viento’. «El disco se había editado aquella primavera. Fue un momento muy bonito para el grupo porque después de haber tocado en muchos pueblos de Aragón comenzábamos a salir fuera, al resto del país. Un par de meses más tarde se editaría nuestro single más conocido, ‘Sed de venganza’, y no dejamos de tocar durante los dos años siguientes. Aquel concierto de La Romareda quizás fue el detonante de todo lo que acontecería en el siguiente año», concreta.

Santi Rex tiene grabado a fuego aquel baño de masas. «Tocamos nuestros éxitos del primero y segundo disco. Recuerdo especialmente ‘Ídolos de barro’ y ‘Las curvas del placer’, donde veíamos desde arriba una marea de gente moviendo los brazos; y ‘Recuérdame’, que filmamos en videoclip ese día con las imágenes de aquel concierto», prosigue.

Más allá del fenómeno propiamente musical, el macroconcierto supuso un acto de reivindicación para la escena aragonesa, capaz de atraer a las masas. «Hay que recordar además que era un día entre semana, no era festivo. Esas 25.000 personas tenían que ir a clase al día siguiente… Luego la lluvia persistente que cayó durante todo el concierto de Héroes del Silencio, pero de allí no se movía un alma. Fue un día muy importante para los tres grupos y para la música aragonesa, que nunca había congregado hasta entonces semejante multitud. Y un día muy importante para los asistentes», concluye Santi Rex.

Las Novias

Las Novias completaron este triángulo mágico del pop-rock aragonés. Comparecían con hambre de triunfo, en la antesala de editar su disco de debut, ‘Sueños en blanco y negro’, producido por Enrique Bunbury.

Oskar Díez, el guitarrista del grupo, activa y comparte su recuerdo de aquella noche iniciática y feliz: «Al principio, el campo, vacío de gente, visto desde el tablado, no parecía tan grande. Llamaban mucho la atención las dimensiones del escenario porque veníamos de tocar en salas que hubieran cabido dentro. Veía a mis compañeros Toño, Pedro y Roberto a lo lejos. También recuerdo, durante la prueba de sonido, enchufar el ampli y –en medio del silencio– dar un guitarrazo y escuchar el maravilloso estruendo por las columnas de los ‘side fills’, la enorme pantalla de altavoces situada a los lados. Nunca he vuelto a oír mi guitarra a ese volumen. Creo que nos salió una actuación buena. Soplaba un cierzo fuerte que daba un aire épico a la puesta en escena. Oír a tanta gente coreando nuestras canciones encogía el corazón. Paradójicamente, no había lugar al miedo escénico porque los focos cegaban y tapaban la visión de la muchedumbre; entre canción y canción trataba de no mirar demasiado, o con el rabillo del ojo, para no desconcentrarme. Toño sacó en un determinado momento una bandera de Aragón. La teníamos desde siempre en el local y Félix Romeo, amigo y habitual de los primeros ensayos, había escrito en ella con spray ‘Aragón ye un abión’ a modo de consigna futurista». Un relato entrañable.

¿Cómo podía corear el público las canciones de un grupo que todavía no se había estrenado en el mundo discográfico? Oskar Díez despeja la duda: «Entonces en Zaragoza –y en otras partes– tenían mucha presencia las maquetas, que se vendían en bares y tiendas de música y que despertaban un gran interés, en nada menor a las novedades publicadas comercialmente. Nosotros ya habíamos publicado dos y se habían vendido muy bien y, sobre todo, se habían copiado y difundido mucho. Eso explica que la gente conociera de sobra nuestro repertorio. Por otra parte, estábamos a punto de publicar nuestro primer disco y había una gran expectación en el mundillo más o menos ‘underground’ en el que nos movíamos».

Para la guitarra de Las Novias, grupo que se mantiene en activo tres décadas después, aquella actuación a tres bandas ingresó por derecho propio en los anales de la historia de la Comunidad. «A finales de los 80 y principios de los 90 teníamos todo el mundo muy presente las llamadas movidas gallega y madrileña o la escena en el País Vasco con el rock radical vasco. Había quien pensaba que en Zaragoza podía estar dándose un fenómeno semejante. Lo cierto es que era un hervidero de grupos de todos los estilos, conciertos, fanzines, radios, programas de televisiones locales... No sé si esta escena zaragozana era poco o muy transcendental pero creo que marcó la educación sentimental de mucha gente, de nuestra generación y más jóvenes. El concierto de La Romareda, con el tiempo, acabó convirtiéndose en un símbolo de aquel momento, en la referencia de toda una época, como podrían serlo los programas de Cachi o la sala En Bruto», proclama Oskar Díez.

La relación de Las Novias con las fiestas del Pilar ha sido muy fructífera a lo largo estos años. Se han convertido en una tradición sus conciertos en la sala López y en 2021 esperan poder presentar en vivo el nuevo disco que están preparando.

Los nervios del periodista

Matías Uribe, periodista y crítico musical, fue testigo directo y cronista de lo acaecido en La Romareda. «Una noche de magia», como definió en su artículo, que pudo irse al traste, según descubre. «Se produjo un asunto que me produjo bastantes nervios y hasta enfado con los técnicos del Ayuntamiento, llegando al punto de que tuve que intervenir personalmente ante el técnico-jefe de Festejos, el desaparecido y recordado Ángel Martínez, argumentando, y reconozco que presionando, para que se realizara el concierto, por lo que ello significaba. Al parecer, se deslizó que Héroes pedían 15 millones de pesetas y un vídeo y el Ayuntamiento decidió cancelar la actuación a pocos días de celebrarse. Se armó un lío entre bambalinas de mucho cuidado, hasta que finalmente se llegó al acuerdo, aunque por los pelos no se suspendió el festival. Héroes tuvieron que salir en rueda de prensa a explicar el conflicto», asevera.

Afortunadamente, las aguas retornaron al cauce de la cordura y el éxito fue mayúsculo, tanto en lo social como en lo musical. «En cuanto al concierto en sí, como reflejé en mi crónica, fue notable, si bien lo más importante de todo fue el simbolismo que dejó tras de sí y en los anales mismos de la música pop zaragozana: por vez primera, tres grupos locales metían 25.000 personas en un gran recinto, en La Romareda. Casi como las grandes figuras internacionales. Impensable ni de lejos, ciencia ficción, unos años antes. Y más con el lógico complejo de inferioridad que por aquí se tenía ante lo que venía de fuera. Fue un hito: marcó un antes y un después, sacando a la luz pública el hervidero musical en que Zaragoza se había convertido», aduce Uribe.

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