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Xavi Aguado: "A veces no valoramos lo que tenemos en casa. Aragón es una maravilla"

El jugador que más partidos ha defendido la camiseta del Real Zaragoza recuerda sus largos veranos de niño en Murchante (Navarra) junto a su abuela Germana.

Xavi Aguado, en la plaza del Pilar.
Xavi Aguado, en la plaza del Pilar.
José Miguel Marco

¿Cómo ha llevado estos meses tan extraños?

Preocupado por lo colectivo y tranquilo en lo personal. Tengo la fortuna tener una casa con jardín y al menos he podido disfrutar de la familia. Mi hijo entrena mucho y mi hija vino de Barcelona, donde estudia. Hemos estados los cuatro en casa estos tres meses y ha sido muy especial.

¿Y cómo vive este verano tan diferente?

Todos los veranos íbamos a la playa de SantSalvador, en Comarruga (Tarragona). Este año no podrá ser. Preferimos evitar riesgos y tampoco podríamos pasarlo tan bien como acostumbramos. Haremos turismo en Aragón, que es una maravilla.

¿Dónde irá?

La semana pasada fuimos a Illueca y esta iremos a Hecho. Nos encanta el Pirineo. Conocemos muy bien Aragón pero nunca lo hacíamos en verano. A menudo desconocemos o no valoramos lo que tenemos en casa. Por ejemplo, nunca me canso de visitar el Monasterio de Piedra.

¿Cómo eran sus veraneos de niño?

Como mis padres trabajaban, me iba los dos meses al pueblo de mi padre, Murchante, al lado de Tudela. Pasaba julio y agosto con mi ‘yaya’ Germana. Lo recuerdo con mucho cariño. Era muy diferente de una ciudad tan grande como Badalona, donde viví hasta los 12 años. Un pueblo de 3.000 habitantes es el paraíso para un niño. Iba caminando a todos lados, no tenía preocupaciones, jugaba todo el día al frontón o en la piscina. Fue una infancia preciosa. Como estoy a media hora en coche, todavía voy a Murchante a recordar aquellos tiempos y a ver a mis primos y amigos que todavía conservo.

¿Tenía una pandilla?

Sí. No existían las redes sociales, pero mis amigos sabían que el 1 de julio estaba en Murchante. Cogía el tren en Barcelona y me venían a buscar a Tudela. Era un ritual.

¿Era un buen estudiante o tenía que estudiar para septiembre?

No sé si era un buien estudiante o no, pero lo cierto es que lo aprobaba todo. No suspendí ninguna asignatura hasta que estudié Empresariales en Aragón. Eso me permitía disfrutar de todos los veranos sin tener que repasar las lecciones. Era vaguete, pero los días anteriores a los exámenes me levantaba muy pronto y hacía un ‘sprint’ que me servía.

¿Cambió ese escenario cuando fue subiendo peldaños en el fútbol?

Cuando comencé a jugar en Tercera División con 19 años ya cambió todo drásticamente. Era difícil compaginarlo todo: estudios, fútbol y vacaciones. Me volvía loco yendo a la facultad a buscar los apuntes. Comencé a estudiar una carrera tan difícil como Informática y me di cuenta de que era imposible hacer todo a la vez. Por suerte, cuando llegué a Zaragoza, me matriculé en Empresariales en la plaza de losSitios y, poco a poco, con mucho esfuerzo, la pude acabar. Me costó diez años, pero me la saqué. Me siento muy orgulloso de haber logrado compaginar los estudios con la carrera profesional como futbolista.

¿Cómo eran sus vacaciones estivales de profesional?

El fútbol me cambió totalmente los planes para el verano. Las ligas terminan en junio y a finales de julio ya tienes que reincorporarte a la pretemporada. No podía coincidir con mis amigos. Durante diez años consecutivos fui de vacaciones junto a Pablo Alfaro y su esposa. Cada verano preparábamos una escapada junto a nuestras mujeres. Teníamos muy buena relación y lo pasábamos genial durante 15 días. Fuimos a Orlando, Nueva York, Ibiza, París, Londres, un crucero por las islas griegas que fue espectacular...

¿Recuerda alguna pretemporada especialmente dura?

Sobre todo la primera con Chechu Rojo en Benasque en 1998. No acudí en muy buena forma y sufrí mucho. La intensidad era muy alta y el entrenador nos apretaba mucho. Yo siempre intentaba descansar en el periodo estival. Los últimos días iba a correr, sobre todo por el tema del peso. Pero no es lo mismo entrenar por tu cuenta que con el equipo. Con los años descubrí que ese esfuerzo de la pretemporada era vital para la temporada y después lo agradecías.

Tras su retirada, consagra los veranos al campus que lleva su nombre. Debe ser muy bonito transmitir lo que vivió en los campos a las nuevas generaciones.

Totalmente. Desde que me retiré del fútbol llevaba la idea de montar una escuela para enseñar a los niños. Me encanta convivir con ellos y explicarles todo aquello que aprendí en una carrera tan larga como la que tuve. Por suerte, comencé hace diez años con la aventura de organizar un campus estival que lleva mi nombre. Un proyecto que ha sido muy bien recibido y que se ha ido consolidando. Cada año hemos aumentado el número de inscritos. Ni siquiera este año se ha detenido. Pudimos celebrar el campus, a pesar de la covid-19, y vinieron más de 130 niños. No me puedo sentir más realizado que cuando les transmito a esos pequeñitos los valores que me inculcaron en el Real Zaragoza. Evidentemente, los niños no me conocen y vienen por sus padres. Pero, una vez pasan por el campus, la inmensa mayoría vuelven el año siguiente. Esa es la mejor señal que nos pueden dar a todos los componentes del campus. Nuestra prioridad es darles cariño y respeto. Se lo pasan pipa. Siempre digo lo mismo. ¡Qué pena que en mi época no se organizaran iniciativas como esta!

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