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Ocio y Cultura

Atapuerca retrocede a mediados de los 90

La pandemia obliga a reducir el número de científicos en las excavaciones, su duración y los yacimientos abiertos.

Yacimiento de Atapuerca
Yacimiento de Atapuerca
Santi Otero

Menos investigadores, menos yacimientos y una campaña más corta. El coronavirus ha jibarizado las excavaciones de Atapuerca. Donde en 2019 trabajaron 280 personas de 25 países, en este 2020 tan extraño solo lo harán menos de 60 -una cifra propia de mediados de los años 90- y todos españoles. "El 90% viene desde hace más de 25 años. Va ser una excavación de abuelos", ironiza Eudald Carbonell, que no falta a la cita estival con la sierra burgalesa desde 1978.

«Yo me lo he pasado muy bien esta mañana (por la del jueves). Es más romántico, más familiar», dice Juan Luis Arsuaga, que llegó a los yacimientos en 1983, el mismo año que José María Bermúdez de Castro, quien no sabe cuántos cursillos ha hecho ya para adaptarse a esta 'nueva normalidad'. Están acostumbrados a viajar en el tiempo a través de fósiles como los de 'Homo antecessor' y Miguelón, que vivieron hace 900.000 y 430.000 años, respectivamente; pero este verano lo van a hacer de otro modo.

Hace unos meses, los tres codirectores de Atapuerca barajaron la posibilidad de suspender las excavaciones. «Fue a principios de marzo, antes del confinamiento», recuerda Bermúdez de Castro. Al final, decidieron tirar para adelante. «El objetivo era no parar. Atapuerca no se para», aseveran a este periódico al inicio de la campaña arqueológica más rara que vivirán en cuatro décadas, desde que entraron en el equipo del paleontólogo Emiliano Aguirre, el primer director de las excavaciones.

Como todos los años, Carbonell y su inseparable salacot pisaron los yacimientos los primeros para preparar el terreno para la llegada de los investigadores, que comenzaron a excavar el miércoles. «Empecé a trabajar en la organización a mediados de abril, en cuanto volvió a la actividad la construcción», indica el arqueólogo. Tras registrarse el año pasado un accidente «sin consecuencias graves» en los andamios de la Trinchera del Ferrocarril, se han cambiado esas estructuras, se ha instalado un nuevo tendido eléctrico y conducciones de agua, y se «ha reforzado todo lo referente a la seguridad». «Tenemos la Trinchera brillante», afirma Bermúdez de Castro.

Tras los neandertales

En la herida abierta en la sierra a finales del XIX para habilitar un tren minero que solo circuló hasta 1910, se excavarían después tres yacimientos: Gran Dolina, Sima del Elefante y Cueva Fantasma. En el primero, se trabaja en 40 metros cuadrados con la mirada puesta en el nivel TD6, en el que en 1994 se encontraron los restos de 'Homo antecessor'. «Seguramente no lo alcanzaremos este año», admite Bermúdez de Castro.

En la Sima del Elefante, de donde ya han salido restos de fauna de hace 1,2 millones de años, se quiere llegar a la roca madre en el sondeo que se abrió en 2018. Y en Cueva Fantasma, donde apareció un parietal neandertal en 2016, proseguirán las labores de limpieza del yacimiento, de 200 metros cuadrados, «el doble que Gran Dolina», puntualiza este paleoantropólogo.

Arsuaga perseguirá a los neandertales en el exterior y el interior de Cueva Mayor, la gruta en la que están la Sima de los Huesos y la Galería de las Estatuas. El trabajo en la Sima de los Huesos, un espacio de muy difícil acceso con la mayor acumulación de fósiles humanos del mundo, «no será tanto de excavación como de estratigrafía, cartografía, geología y limpieza. No va a ser un año tan intenso como otros. Estaremos dentro unas dos personas, y no ocho». Esa es la tónica en todos los espacios: menos gente para garantizar la distancia interpersonal de seguridad. Así, en los laboratorios de la residencia Gil de Siloé, cada grupo trabajará por separado.

También excavará dentro de Cueva Mayor en la Galería de las Estatuas, donde en 2017 salió una falange neandertal, y en el exterior a la altura de ese yacimiento. Allí hubo una entrada a la gruta que se cegó hace unos 70.000 años, «una boca de cueva que daba a un valle precioso al que se asomaban los neandertales». El paleoantropólogo -«después del confinamiento, quiero disfrutar del mes de julio»- confía en empezar a sacar a la luz en el exterior de Cueva Mayor ese mundo neandertal. Sin visitas, con menos gente en los yacimientos, en el lavadero del río y en los laboratorios, va a ser un verano «rarísimo» en Atapuerca, reconoce Carbonell.

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