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Ocio y Cultura

LITERATURA. 'ARTES & LETRAS'

Juan José Osácar: el anciano que recupera la pureza de su mirada infantil

A sus 87 años, el escritor recopila en estas páginas retazos de su biografía o de la tradición oral en la que creció. 

Juan José Osácar publica 'Al final del camino'.
Detalle de portada del libro de Ediciones Trébedes.
Trébedes.

Juan José Osácar, natural de Yanguas y vecino de Zaragoza, recopila en estas páginas retazos de su biografía o de la tradición oral en la que creció. Episodios en apariencia ligeros pero que en realidad cuestionan la importancia de todo aquello que consideramos irrenunciable y acaba sin embargo por mostrarse accesorio en horas como estas. Un compendio de relatos, pues, de variada temática y tono costumbrista, que destilan sinceridad y componen, al decir de su hijo, el testamento vital de un hombre de bien que, a sus 87 años, consigna sus recuerdos para aquilatar con ellos las lecciones más valiosas aprendidas en beneficio de todo aquel que las quiera escuchar.

No es la suya una propuesta voluntarista pero ingenua de regreso a un pasado de utópica comunión con la naturaleza, ni tampoco una mitificación de esa Arcadia feliz de la niñez a la que todos volvemos la vista con nostalgia desde nuestro destierro, sino la reivindicación de algunos valores primordiales y de ciertas riquezas que, no comprándose con dinero, estarán siempre al alcance de todos.

Escrito de manera honesta y con una prosa limpia que entronca con la de Miguel Delibes en la descripción preciosista y minuciosa de paisajes y en la viveza de los caracteres que se nos muestra, el libro acompaña al anciano, que recupera la pureza de su mirada infantil para repasar diversos momentos de su vida y otros lances que conoció de primera mano y que le resultaron significativos a pesar de su engañosa insignificancia. Personajes inolvidables como Gorgonio, el cabrero de imposible nombre cuya profesionalidad querríamos todos a gala; el Pruden y su determinación casi suicida; el señor Paco, de tenacidad capaz de hendir montañas; don Luis, párroco modélico incluso en los tiempos más difíciles; don Arturo, el maestro al que sus alumnos aguardan en clase mientras él sale a cobrarse una pieza con la que completar su escasa dieta, o la Patiblanca, una cabra dispuesta a todo por defender a su choto recién parido del ataque de los zorros, desfilan ante nuestros ojos perfilándose con nitidez y haciendo que su mensaje cale. Y en ese pasar las hojas nuestro espíritu se alivia al tiempo que disfruta con una lectura que, lejos de ser ejercicio de evasión, lo es de crecimiento cuando la ocasión se presta a ello.

La editorial, por su adscripción a temáticas hondamente cristianas, no es foco de superventas y el autor profesa una fe sólida que se percibe claramente durante toda la lectura y podría inducir a quien no comulgue con tales postulados a decantarse por otros títulos menos militantes, pero quien así obrara se privaría de un testimonio valiente y necesario que tiene más que ver con lo que conviene al hombre como tal que al de convicciones religiosas en particular. Porque no nos confundamos, cuando todo esto acabe los propósitos que ahora albergamos de cambiar nuestra forma de vida se desvanecerán con la misma facilidad con la que lo hicieron las grandilocuentes declaraciones de refundar el capitalismo que se oyeron durante la última y no tan lejana crisis. Por eso me parece crucial intentar contribuir a darle a la obra la difusión que por su relevancia merece.

LA FICHA

‘Al final del camino’. Juan José Osácar. Ed. Ediciones Trébedes. 192 páginas.

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