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Ocio y Cultura

LITERATURA. CRÍTICA LITERARIA

La confesión descarnada del escritor Héctor Abad Faciolince

El autor de la novela ‘El olvido que seremos’, que Fernando Trueba ha adaptado para el cine, recopila 21 años de diarios en 'Lo que fue presente'

Héctor Abad Faciolince publica 'Lo que fue presente'.
ue Héctor Abad Faciolince con sus cuadernos en una visita a Zaragoza.
Aránzazu Navarro.

Recuerdo a Héctor Abad Faciolince (Medellín, 1958) en tres de sus visitas a Zaragoza. Una en Cálamo, en un diálogo con Ignacio Martínez de Pisón; habló de su familia, de sus padres, Cecilia y Héctor –asesinado de cinco balazos, asunto que dio lugar a la estremecedora novela ‘El olvido que seremos’, que ha adaptado al cine Fernando Trueba y que no tardará en estrenarse– y sus cinco hermanas, cuya voz narrativa, dijo y dice en sus diarios, heredó. Fue una tarde memorable. Regresó poco después, cuando ganó el premio Cálamo por ‘La Oculta’, precisamente la novela en torno a la que había conversado. Dijo entonces algo muy curioso: a sus convecinos de Antioquia les obsesionaba "tener una finquita".

Aún volvió hace un par de años. Quedamos para hacer una entrevista para HERALDO, y lo fui a buscar a un hotel de la plaza del Pilar. Allí, afectuoso y sonriente como siempre, me dijo: "Tengo que ir a correos. Te importa que charlemos durante el paseo". Eso hicimos, visitamos la desaparecida librería Los Portadores de Sueños y adquirió varios libros de diarios. Ya tenía en la cabeza la edición de ‘Lo que fue presente. Diarios 1985-2006)’ (Aalfaguara), y llevaba en el bolsillo de su chaquetón de marino uno de sus cuadernos.

El padre, la idea del fracaso

En el prólogo a las 610 páginas, que no tienen desperdicio, el escritor acude a una frase de García Márquez, que decía que tenemos tres vidas: la privada, la pública y la secreta. Héctor advierte que estos cuadernos "se nutren casi siempre de mi vida privada, y no omiten partes de mi vida secreta". Iban a ser un memorándum para sí mismo. "Yo pensaba que alguien podría interesarse en ellos después de mi muerte y por lo mismo tampoco pensé nunca en destruirlos. Ahora estos papeles póstumos los publico en vida". Anota también que las entradas reflejan la porción más sombría de su ser; con todo advierte que no siempre, o casi nunca, fue "tan repelente como aparezco a veces aquí".

Héctor Abad fue muchas cosas. Realizó muchas tareas y empleos. Tuvo sueños. Vivió en constante contradicción, desubicado, angustiado y con una conciencia permanente de fracaso. Este es un libro sobre muchas cosas. Habría que decir que son páginas sobre la vocación literaria, cómo llegan los cuentos y las novelas, la relación con la lengua. Son páginas, sobre todo en su inicio, muy relacionadas con el asesinato de su padre: como sucedía en la novela, recuerda el vínculo tan particular que tenía con su progenitor. Le escribe cartas después del crimen, y le dice, por ejemplo, "mientras yo esté vivo no dejaré que te mueras". O le recuerda: "Tuve por ti, de niño y hasta la adolescencia avanzada, un amor enfermizo (…) No permitía que cambiaran las sábanas, para que tu olor no se marchara, no se fuera. Y luego enfermaba, de asma. Sentía que tú eras la única persona que me quería en la familia".

Héctor Abad escribe mucho sobre Colombia, palabras críticas y dolientes, de una especial aspereza, que se antoja totalmente justificada. En un determinado momento, cuando anda por Turín y por Florencia, se pregunta: "Colombia. ¿Se puede sentir nostalgia del infierno?". Confiesa sus lecturas e idolatrías: al principio admiraba mucho a García Márquez, "lo adoro"; luego reseñó con una crítica negativa ‘Noticia de un secuestro’, y conoció al escritor. No fue el mejor encuentro de su vida.

Héctor Abad Faciolince publica 'Lo que fue presente'.
Héctor Abad recibió en premio Cálamo por 'La Oculta'.
Aránzazu Navarro.

Leyó a Canetti, a Julio Ramón Ribeyro, que le gusta mucho, especialmente su diario, 'La tentación del fracaso', y ha tenido siempre a Jorge Luis Borges en su cabeza. Con el paso de los años descubriría que el soneto que llevaba su padre en un bolsillo, 'El olvido que seremos', el fatídico 25 de agosto de 1987, era del autor de ‘Ficciones’. A su padre corresponde una frase memorable: "La vida sabe más que uno".

Amores, placer, infidelidad

Hay mucho más en el libro: su condición de enamorado de Irene (la madre de sus hijos Daniela y Simón), de Margaret, de Eugenia, sus infidelidades, sus períodos de impotencia. Y habla, con una franqueza absoluta, del placer, del orgasmo, de su búsqueda del amor definitivo, de otras mujeres como Eugenia o de aquella joven ‘Liebelei’ con la que encontraba, de motel en motel, la plenitud carnal y salía con el deseo de volver a acostarse con su esposa Irene. Aborda el remordimiento y el deseo, la traición y la irresponsabilidad. A veces se siente tan desdichado que apunta: "Voy a morirme del cáncer de maldad". Y así, entre ansiedad y ansiedad, concluye: "Escogí la libertad, que es otra manera de decir que elegía la soledad".

En estos largos 20 años, Héctor Abad evoca citas con Carmen Martín Gaite, con Javier Marías y José Saramago, con Tomás Eloy Martínez; explica el origen de sus libros e intenta darle sentido y firmeza "a este paréntesis de ser entre dos nadas, la vida".

‘Lo que fue presente’ es uno de esos libros que nos pueden acompañar a cualquier hora porque está lleno de verdad, de desgarro, y nos enfrenta al desnudo integral de un hombre a la deriva, sin máscara, que logró huir del abismo para ser lo que es: un estupendo, un soberbio escritor.

LA FICHA

'Lo que fue presente (Diarios 1985-2016)’. Héctor Abad Faciolince. Alfaguara. Madrid, 2020. 610 páginas.

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