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Esteban Navarro: “Carmen Broto era una ‘prostituta’ encubierta. Una querida, una mantenida o una amante”

El expolicía y escritor publica ‘La rubia del Tívoli’, una novela que reconstruye la vida y la muerte de la joven oscense la noche del 10 de enero de 1949 en Barcelona

Esteban Navarro y Carmen Broto.
Retrato de Esteban Navarro, un murciano afincado en Huesca desde hace años.
Toni Galán.

Esteban Navarro (Moratalla, Murcia, 1965), expolicía y escritor, especializado en novela negra, publica ‘La rubia del Tívoli’, centrada en la figura de la joven aragonesa Carmen Broto, asesinada al golpes la noche del 10 de enero de 1949.

¿Por qué Carmen Broto? Ya había varios libros sobre ella, como 'La invención de Carmen Broto' de Manuel Trallero y Josep Guixá, además de la novela de Marsé.

Es una idea que llevaba en la cabeza desde hace tiempo, cuando había oído hablar de ella en un reportaje de televisión donde la mencionaron de pasada. La comencé a escribir en 2017 pero la aparté para concluir ‘El cónsul infiltrado’, la historia del diplomático Roger Tur, que publiqué en Doce Robles. Al retomar el proyecto hubo un par de cuestiones que me empujaron a reescribir su historia. Uno fue el cambio de apellido de Carmen Broto, cuando en realidad se llamaba Brotons. El otro fue la incógnita de su muerte. Demasiado evidente para que sea verdad. Por eso he querido construir una historia paralela y completa, rellenando los flecos que quedaban de otras narraciones y cerrar el círculo desde que emigró de Boltaña a Barcelona, donde encontró la muerte.

¿La suya es una historia criminal o es más bien una de las muchas contradicciones del régimen, vinculadas a una foma de corrupción?

Es una historia criminal de tantas, enturbiada por los claroscuros del régimen, o mejor dicho de los que vivieron bajo el paraguas protector del régimen. En mi novela se repite en diversas ocasiones una forma de vida que se puso de moda al acabar la Guerra Civil: el estraperlo. Y los grandes estraperlistas que sacaron tajada de la miseria de los demás. En esos años hubo una corriente extendida entre las fuerzas de seguridad y la justicia de tapar este tipo de crímenes, porque en definitiva significaban una debilidad del régimen que en ningún caso podían permitir.

Vayamos con la noche de autos. Aquella noche del 10 de enero de 1949 en Barcelona, ¿cómo la podríamos resumir?

En ‘La rubia del Tívoli’ dedico varios capítulos para desgranar, paso por paso, todo lo ocurrido. La muerte de Carmen. Es la parte de la que más documentación hay, sobre todo por la investigación de la todopoderosa Brigada Criminal. Aquello fue una concatenación de sucesos desesperados de unos pelagatos que quisieron quitarse de en medio a Carmen Broto. La teoría del robo no se sostiene, es por eso que en la novela desarrollo una teoría alternativa.

Los asesinos, en potencia, serían tres. Dos se suicidaron y uno fue condenado a muerte… ¿Cómo eran, qué contradicciones tenían, cuál era su desesperación?

Existía una extraña relación entre los tres. El padre de Jesús Navarro Manau regentaba una cerrajería y fue, en tiempos, un conocido ‘espadista’ de la ciudad Condal. Jaime Viñas estaba empleado en su cerrajería y además mantenía un romance con su hijo, llamado igual que el padre, Jesús Navarro. Lo curioso es que Jesús Navarro Manau, hijo, tenía novia con la que planeaba casarse. Es en ese entorno de amistad, amor, depravación y vicio, donde se mueven los personajes en una Barcelona que subsiste alejando el recuerdo de la guerra y teniendo presente las amistades pudientes con las que se rodea Carmen, a la que conocieron hacía poco en alguna juerga y de la que se quisieron aprovechar.

¿Por qué le conmutaron la pena de muerte, esa amnistía explícita de Franco?

No me creo la teoría del agradecimiento hacia Jesús Navarro por parte de Franco (o el régimen) en forma de indulto. Pienso más en los roles de los participantes. Carmen era una ‘prostituta’ encubierta. Una querida, una mantenida o una amante, pero se codeaba con gente importante porque tenía presencia, era atractiva y sabía estar, de otra forma esos hombres no se hubieran dejado acompañar por ella en público. Se presumió que los dos que se quitaron la vida: Navarro, padre, y Viñas, fueron los culpables, por lo que no tenía sentido condenar al que no participó directamente en el asesinato de Carmen Broto. Y, volviendo al principio, creo que se tuvo más en cuenta quién era y a qué se dedicaba la víctima, que en los parámetros estrictamente policiales o judiciales.

¿Como definiría a los personajes del entorno? ¿Quién le conmueve, quién le desconcierta…?

Mi gran pasión durante la reconstrucción de la vida de Carmen Broto ha sido la propia Carmen. He sentido la sensación de rescatarla del olvido y ponerle voz. Cuando estaba en fase de recopilar documentación para escribir la novela, hallé casi por casualidad una fotografía de Carmen Broto entre el público de una plaza de toros. Destaca por ella misma, por su altura, su melena rubia y su sonrisa. Al fotógrafo no le interesó el toro ni el torero, solo le interesó esa rubia que sobresalía entre el público. Y uno de los personajes que más pena me dio fue la madre de Jesús Navarro, porque en unas horas perdió a su esposo y a su hijo, el tiempo que cumplió condena. No sé por qué siempre he pensado que era una buena mujer.

Vayamos un poco más con Carmen Broto y su ligazón aragonesa. Recuérdenos su nacimiento y sus vínculos con las montañas.

Sabemos que se crió en Boltaña, pero había nacido en Guaso. No hay mucha documentación al respecto y curiosamente he hablado con vecinos que me aseguran que el apellido ‘Brotons’ no es de allí. Es por eso que desarrollo la teoría de que no era originaria de allí. Emigró a Barcelona antes de la Guerra Civil y que sepamos no regresó a Boltaña nunca. Cuando se fue a Barcelona era menor de edad. Por lo que allí no estuvo sola, no hubiera sido posible. Su padre había muerto y consta que tenía una hermana con la que no se hablaba. Todo lo demás son hipótesis mas o menos creíbles. No puedo explicar más sin destripar la novela.

No lo haga. ¿Por qué ha empezado por la noche de autos y no de una manera más cronológica?

Lo que más escribo es ‘thriller’ y así es como he tratado la novela: como un ‘thriller’ histórico. Estuve dándole vueltas a cómo afrontar la historia y finalmente decidí que lo mejor era comenzar por el crimen. Una vez situado el lector, es el momento de contar qué ha ocurrido hasta llegar hasta allí y cerrar el círculo. El crimen me sirve como excusa para contar lo que quiero contar: la vida de Carmen Broto.

Esteban Navarro y Carmen Broto.
Una de las fotos originales que conserva Esteban Navarro de Carmen Broto.
Archivo Esteban Navarro.

¿Quién era, en realidad, Carmen Broto: una vividora, una prostituta de lujo, una mujer sin sitio, un pretexto? ¿Era más Verónica Lake o Marilyn?

Ella se identificaba físicamente con Verónica Lake. Pero para resumir en una palabra quién era Carmen Brotons Buil, para mí era una ‘sobreviviente’ que buscó subsistir en una época donde las mujeres de su ‘profesión’ tenían un recorrido muy corto si no sabían rodearse de las personas adecuadas.

Después de haber trabajado con ella, de haber escrito la novela, o la crónica, ¿qué le sigue perturbando de esta mujer?

No sé por qué siempre me ha parecido una buena mujer. Creo que no tuvo suerte y que fue a dar con las malas compañías que la llevaron a la muerte. Desde que escribí la novela siempre me hago la misma pregunta: ¿Por qué se subió a aquel coche con ellos y no se quedó en el piso?

Carmen Broto y Esteban Navarro.
Silvia Tortosa y Sergi Mateu en 'El crimen de Carmen Broto', de la serie 'La huella del crimen' de Pedro Costa.
RTVE/Heraldo

¿Entiende que le haya interesado al cine? A Aranda en 'Si te dicen que caí', a Pedro Costa...

Lo que no entiendo es por qué no le han dedicado una película completa desde que era una adolescente en Boltaña hasta que muere en Barcelona. Una película de su vida y no solo de su muerte.

El gran personaje, con ella, quizá, sea ese Jesús Navarro, hijo, condenado a muerte, capaz de reinventarse…

Al final creo que ella realmente quería a Jesús Navarro Manau. Pero eso nunca lo sabremos.

 

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