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El hip hop: una escena con mal nombre que algunos intentan limpiar

La situación de Lírico hace evocar la polémica y la violencia que, a otra escala, han acompañado al rap desde sus inicios en EE. UU.  en los 70. Dentro del propio movimiento, hay voces que lanzan mensajes positivos.

Tupac Shakur, fallecido de un tiro en 1996.
Tupac Shakur, fallecido de un tiro en 1996.
Heraldo.es

El caso del rapero zaragozano Lírico, miembro fundador de Violadores del Verso que lleva en prisión provisional desde el mes de agosto por la agresión a una joven de 27 años en Alcocéber (Castellón), hace evocar a otra escala el mal nombre que ha acompañado a gran parte de la escena del hip hop desde sus orígenes en los guetos estadounidenses a finales de los 70.  

El caso más notorio se produjo en el otoño de 1995, cuando Marion ‘Suge’ Knight pagó una fianza de 1,25 millones de euros para que Tupac Shakur saliera de la cárcel. Llevaba nueve meses en ella y aún brillaba como una promesa del rap con tres discos en solitario, ‘2Pacalypse Now’ (1991), ‘Strictly 4 My N.I.G.G.A.S’ (1993) y ‘Me Against the World’ (1995). Con el último, alcanzó el primer puesto en las listas estadounidenses con 240.000 copias vendidas en la primera semana. Knight, dueño de la discográfica Death Row, quería mantenerlo a su lado. A cambio de su libertad, Shakur firmó un contrato para sacar tres álbumes. En dos semanas entregó el primero, ‘All Eyez On Me’, publicado en febrero de 1996, que vendió medio millón de discos en la semana de su debut. Sería la última grabación de Shakur. Siete meses después, murió en un tiroteo. Un episodio que aumentaba la mala fama del rap.

La muerte de Shakur destaca como uno de los capítulos violentos más famosos, pero cabría mencionar también el ataque con puñal a DJ Kool Herc en 1977 o los asesinatos de Scott la Rock en 1987, Notoriuos B.I.G. en 1997 y XXX Tentación en 2018. Las muertes por sobredosis (Cowboy en 1989) y los cargos por tráfico de drogas y robo a mano armada (Tekashi69 en 2018) han deteriorado aún más la reputación del rap.

Recientemente, asomó el caso de A$AP Rocky, que volvió a poner el foco en la relación entre algunos nombres propios del rap y la violencia. Aunque la sentencia se redujo al pago de una multa de 1.160 euros a la víctima de su agresión, un refugiado afgano de 19 años, el cantante tuvo que pasar un mes en una cárcel sueca, de la que salió el pasado 2 de agosto.

Ante este contexto, algunos artistas se han animado a otros a difundir mensajes positivos. Es el caso de Jay-Z, Kanye West, Kendrick Lamar y J. Cole, raperos contemporáneos que hablan de una juventud violenta y criminal, del exceso y la fama, aunque también abordan el sentido de lucha, honor, justicia, esperanza frente a un mundo intolerante, racista y opresor. Convertidos en portavoces de jóvenes marginales, llegaron a reunirse en abril del 2016 con el presidente Barack Obama para ejecutar un plan de reforma de justicia social llamado ‘My Brother’s Keeper’. 

Y en el ámbito nacional, el zaragozano Kase.O, también miembro fundador de Violadores del Verso, realiza una gran labor social en Medellín, donde residió antes de regresar a Zaragoza. Se implicó en proyectos de ayuda a jóvenes en situación de precariedad. 

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