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Una nueva lectura de la Quinta del Sordo de Goya

Carlos Teixidor, del Instituto del Patrimonio Cultural de España, acaba de publicar una investigación en la que redestribuye las ‘Pinturas Negras’ en la vivienda del artista

Recreación de la planta baja realizada por Javier Laguna según la hipótesis de Carlos Teixidor.
Recreación de la planta baja de la Quinta del Sordo realizada por Javier Laguna siguiendo la investigación de Carlos Teixidor.
Francisco Javier Laguna

Las ‘Pinturas Negras’ de Goya podrían haber sido originalmente una especie de ‘lienzo corrido’ en la vivienda del pintor. Una obra continua, extendida sin interrupción a lo largo de las cuatro paredes de cada estancia. Luego, años después de su realización, los sucesores del artista encuadraron las obras y cubrieron los muros con papeles pintados. Así lo adelanta Carlos Teixidor, del Instituto del Patrimonio Cultural de España, en un artículo que firma junto a Francisco Javier Laguna, también del IPCE, recién publicado en el libro ‘Goya en la literatura, en la música y en las creaciones audiovisuales’, que acaba de lanzar la Institución Fernando el Católico. El libro, coordinado por José Ignacio Calvo Ruata, recoge las actas de un seminario con el mismo título celebrado en Zaragoza en 2017.

La base de sus investigaciones es un conjunto de 15 placas de cristal que el fotógrafo J. Laurent (1816-1886) tomó en el interior de la Quinta del Sordo en Madrid. Teixidor, como especialista en fotografía del Instituto del Patrimonio Cultural de España, conoce los ‘negativos’ a la perfección, y fue él quien los llegó a fechar años atrás. «Por el grosor del vidrio y las características de las placas, por el lugar donde estaban ubicadas y las anotaciones que tenían –asegura–, llegué a la conclusión de que eran del año 1874».

El dato no es trivial, porque en 1874 se encontraban todavía 14 pinturas en los muros originales de la Quinta del Sordo, siete en la planta baja y otras siete en la alta. Ello, unido a la manera ‘científica’ en la que Laurent tomó las fotografías (adjuntaba a las pinturas una escala o regla graduada de un metro de longitud) hace pensar a Teixidor que el propósito del fotógrafo francés no era tanto facilitar imágenes para un libro que se iba a publicar, como servir de guía o modelo en el proceso de arranque y traslado de las pinturas, encargado en su día al restaurador y pintor Salvador Martínez Cubells, y que se presumía muy complicado.

«Esas imágenes de las ‘Pinturas negras’ acabaron saliendo a la venta –relata Teixidor–, pero estoy convencido de que eso fue después, que su propósito inicial fue otro. A Laurent, que tenía un cuarto en el Prado donde vendía reproducciones, se le hizo el encargo privado de que fotografiara las pinturas de la Quinta del Sordo por si al arrancarlas de la pared se producían pérdidas, como así fue y puede comprobarse en las radiografías. En las pinturas hay lagunas y, para cubrirlas, se emplearon pigmentos que no se vendían en 1820». A partir de ahí, lo que ha hecho Teixidor ha sido bucear en las fotografías de Laurent en busca de datos. Y lo ha hecho a través de recientes digitalizaciones del Instituto del Patrimonio Cultural de España, realizadas con cámara de alta resolución (más de 50 megapíxeles). Y cruzando los datos con la fisonomía de la Quinta del Sordo, que él identificó en la detallada maqueta de Madrid que hizo Gil de Palacio entre 1828 y 1830.

El resultado final de su investigación, su propuesta, puede verse en las páginas de las actas recién publicadas. Javier Laguna, delineante del Departamento de Fotogrametría del IPCE, se ha ocupado de hacer la recreación en Autocad de la planta baja de la Quinta del Sordo.

También basándose en las fotografías de Laurent y en la misma maqueta, hace unos meses el historiador del arte aragonés Carlos Foradada presentó otra propuesta. Aunque para el profano ambas pueden resultar parecidas, lo cierto es que hay diferencias. Para Foradada la sala medía de alto aproximadamente 3,5 metros; para Teixidor, en algunas fotos de Laurent se ve el techo y su altura no podía superior a los tres metros. Según Foradada, la sala de la planta baja medía 10,23 por 5,14 metros; para Teixidor, 7 por 5.

«Coincidimos en parte sí y en parte no –subraya Teixidor–. En estos momentos, todos los especialistas estamos de acuerdo en que en la planta baja de la Quinta del Sordo había siete pinturas, y coincidimos también en cuáles. Luego están las diferencias. Pero nosotros creemos que nuestro estudio científico es la aproximación más exacta de la sala de la planta baja con las ‘Pinturas Negras’, que se ha realizado hasta la fecha.

Según Carlos Teixidor, hay una confusión de base a la hora de estudiar las fotografías que Laurent hizo de las ‘Pinturas Negras’. Y es que las luces hacen pensar que la Quinta estaba iluminada por varias ventanas. Él, como especialista en fotografía, sabe que está documentado el uso de iluminación artificial cinco años antes de que las imágenes fueran tomadas. Y entiende que Laurent, por hacer bien su trabajo, la empleó. En la maqueta de Madrid se ve, además, que en la planta baja de la Quinta del Sordo había muy pocos vanos.

En la reconstrucción que hace Teixidor, sobre la puerta de acceso estaría la pintura ‘Dos viejos comiendo’ y, siguiendo las paredes en sentido contrario a las agujas del reloj, según la recreación que se reproduce junto a estas líneas, estarían, ‘Una manola: Doña Leocadia’; en la pared larga, ‘El aquelarre’; en el muro de la ventana, ‘Saturno devorando a sus hijos’ y ‘Judith y Holofernes’; la ‘Romería de San Isidro’ en la otra pared larga; y, en la misma pared de la puerta y antes de salir por ella, ‘Dos viejos’.

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