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Músico callejero de profesión

El zaragozano Andrés S. Macnamara se está haciendo popular tocando en las calles de Dublín. Su licencia dice que es el músico tres mil y pico de la ciudad. En Zaragoza, solo se otorga la autorización para tocar en el Centro de la ciudad a 45 músicos cada año.

El músico aragonés Andrés S. Macnamara junto a otro zaragozano tocando en las calles de Dublín.
Andrés S. Macnamara junto a otro zaragozano tocando en las calles de Dublín.
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Si alguien ha visto la película 'Once' y un día, mientras va paseando por la calle, se topa con Andrés S. Macnamara, es muy posible que su mente traiga a primer plano los rostros y las voces de Glen Hansard y Markéta Irglová. E incluso que se imagine que en cualquier momento pueda aparecer en escena una chica con falda hasta los tobillos arrastrando un aspirador.

Y es que, aunque en la película es ella la que toca el piano mientras él hace lo propio con la guitarra, la puesta en escena de este zaragozano recuerda en múltiples aspectos a esta cautivadora película irlandesa. Primero por lo obvio: el tono rojizo del pelo y de la barba que delatan la procedencia de su madre. Y después, por muchas otras cosas: por cómo pega la boca al micrófono al cantar, por cómo entrecierra los ojos cuando llega el momento de entonar el punto álgido de cada tema... y bueno, por la atmósfera y el entorno que le rodea, pues este zaragozano se fue a Irlanda y también ha instalado su oficina a la intemperie en las calles de Dublín.

El pianista zaragozano Andrés S. Macnamara tocando en la calle en Dublín
El pianista zaragozano Andrés S. Macnamara tocando en la calle en Dublín
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"Terminé la carrera en Zaragoza y me mudé a Dublín a finales de 2015 ante las dificultades para encontrar trabajo como veterinario en España. También había estudiado piano en el Conservatorio de Zaragoza así que aquí me puse a tocar en la calle... y ahora vivo de ello. Es mi trabajo y pretendo que siga siéndolo", narra este aragonés que se lanzó al vacío para labrarse un futuro y que a día de hoy puede decir orgulloso que vive de lo que le apasiona.

Poco a poco, ha ido dándose a conocer entre los viandantes habituales de las calles de Dublín y, al mismo tiempo, acumulando cientos de anécdotas. Algunas emotivas, como cuando la gente se le acerca emocionada para darle las gracias cuando toca temas como 'Imagine' o 'Let it be'. Otras curiosas, como la de la alemana que le escribió para contarle que había incluido en su primera exposición como fotógrafa un retrato suyo de cuando se lo encontró tocando en la calle y le compró un disco. Y otras más divertidas, como la del amigo espontáneo que se le aparece de vez en cuando mientras actúa para teatralizar mediante mímica los temas. "Se pone a gesticular las canciones y se crea una especie de simbiosis. Él me ayuda a mí porque atrae a más gente y yo, al final, o le invito a tomar algo o comparto con él lo que haya sacado en ese rato", cuenta Andrés.

Andrés S. Macnamara tocando en las calles de Dublín
El pianista zaragozano tocando en las calles de Dublín
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Pero en algunas ocasiones las aventuras callejeras son algo más amargas. Así, por ejemplo, en las últimas dos semanas le han robado tres veces: "Llegan, meten la mano en la funda, cogen un puñado de monedas y se van corriendo", explica. Pese a todo, Andrés defiende que tocar en la calle le ha brindado otras muchas oportunidades que nunca se hubiese planteado, como la de convertirse en el teclista de Natty Wailer, el músico jamaicano de los Wailers de Bob Marley. "Su batería y yo coincidimos tocando en la calle, nos pusimos a actuar juntos, hablamos y al final me dijo que Natty Wailer necesitaba un teclista... y terminé siéndolo yo". De hecho, a principios de septiembre se subirá con él al escenario en el festival Electric Picnic.

Coincide además que en los últimos días se ha hecho viral en internet un vídeo suyo versionando a los Beatles en la mítica Grafton Street. "Un señor de aquí de Dublín al que le gustaba mucho la música callejera empezó en diciembre a hacer vídeos a los músicos y a subirlos a Youtube y la verdad es que está funcionando muy bien y ya tiene un montón de visitas y de seguidores", contextualiza. Su vídeo, en concreto, acumula más de un millón de reproducciones y comentarios emocionados de gente de todo el Globo.

Licencia para tocar en casa

Este músico callejero de profesión también se sacó la licencia para tocar en las calles de Zaragoza pero todavía no ha podido estrenarla. El año pasado estuvo aquí haciendo el máster de profesorado, por si en algún momento en el futuro quisiera opositar para dar clases en el Conservatorio, y quiso aprovechar para probar también suerte en las calles de su ciudad, pero no tuvo tiempo: "Pedí el permiso en febrero y no me lo dieron hasta mayo que ya casi me iba, pero volveré en octubre y quiero estar una temporada tocando tanto en Zaragoza como en Madrid y otras ciudades españolas".

Y es que, mientras en Dublín Andrés tiene una licencia que dice que es el músico número tres mil y pico, el Ayuntamiento de Zaragoza reguló durante la anterior legislatura las actuaciones artísticas en la vía pública y fijó en 45 el número de licencias a otorgar a músicos callejeros en las zonas más céntricas de la ciudad. Por unos 113 euros al año, un músico puede hacerse con la autorización y salir a tocar en cualquier momento entre las 10.00 y las 15.00 y entre las 17.00 y las 22.00 siempre y cuando deje un espacio mínimo de 100 metros con otros artistas callejeros y cambie de ubicación cada 60 minutos de actuación.

Pero en Zaragoza, tal y como corroboran desde el Ayuntamiento, las 'plazas' para músicos callejeros en el Centro están todas llenas. Queda alguna libre, según explican, para tocar en algunas calles peatonales de otros barrios. Aunque, según informan, tampoco hay confeccionada una lista de espera como tal.

Chiche Sosa, otro de los músicos que tiene licencia para tocar en Zaragoza y que estos días ha estado haciéndolo en el paseo de la Independencia, cuenta que suele ingresar de media en torno a los 20 euros por hora de actuación. Él es un guitarrista argentino de 57 años que vino por amor a una mujer y se quedó por amor a la ciudad y, aunque toca en infinidad de bandas (se pone a enumerarlas y hasta a él mismo le cuesta recordarlas todas) utiliza la calle para completar los ingresos en los meses menos boyantes para la música en directo: "Para un músico, la calle es una oportunidad. Se acerca la gente para ofrecerte tocar en sus pubs, para completar sus bandas o para participar en eventos o festivales.... Además, la gente se aproxima mucho más, se siente más cerca de ti que cuando estás sobre un escenario", comenta el argentino. Al fin y al cabo, para estos músicos, la calle es el mejor LinkedIn.

El músico argentino Chiche Sosa tocando en el paseo de la Independencia de Zaragoza
El músico argentino Chiche Sosa tocando en el paseo de la Independencia de Zaragoza
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