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Marta Lallana admite que 'Ojos negros' traslada desolación, pero es la realidad

La cineasta quería retratar lo que ella sentía cuando iba a su pueblo, las casas con las paredes frías y las persianas bajadas, aunque haya otra parte mucho más alegre y feliz.

La tradición minera dejó huella y ha dado pie a nuevos alicientes turísticos, con la vía verde como proyecto de futuro a medio plazo, y el sector ganadero encara ahora retos novedosos.
El pueblo turolense, Ojos Negros.
Laura Uranga

La cineasta novel Marta Lallana reconoce que su película 'Ojos Negros' puede transmitir una sensación de desolación sobre el pueblo en el que se ambienta la película, la localidad turolense con el mismo nombre que el filme, pero es "la realidad", la que ella sentía cuando veraneaba allí.

"El cine es un reflejo de la realidad y la realidad que Ivet (Castelo) y yo hemos mostrado en la película es la realidad de un pueblo, que tiene muchas otras versiones", ha explicado a Efe en una entrevista con motivo de la proyección que tendrá lugar este sábado en Ojos Negros, a la que tiene previsto asistir.

Lallana narra en esta película las sensaciones de una adolescente, Paula, a la que da vida su propia hermana, en su tránsito hacia la madurez, durante un verano en el pueblo en el que se enfrentará a viejos conflictos familiares en una atmósfera casi opresiva.

"Quería retratar lo que yo sentía cuando iba a mi pueblo, las casas con las paredes frías, las persianas bajadas. Hay una parte mucho más alegre y feliz, no todo son silencios y asperezas pero hay una parte que es la que quería retratar", ha relatado Marta Lallana quien añade que el pueblo se muestra para Paula "como una sensación de extrañeza, de entrar en un espacio que no conoces".

Esta cineasta debutante, que ya ha recibido la Biznaga de Plata a la mejor película española en el festival de Málaga, se muestra contenta por las críticas recibidas por este trabajo realizado junto a Ivet Castelo como parte de un proyecto de fin de grado de Comunicación Audiovisual en el Universitat Pompeu Fabra de Barcelona.

Pero además se muestra reconfortada por saber que precisamente el mensaje que quería transmitir ha llegado al espectador porque pese al miedo inicial "de que lo que quieres contar no llegue a sentirlo el público, la mayoría de reacciones han sido al contrario, se han sentido identificados y hace que merezca la pena porque no es fácil".

Y lo demuestra el hecho de que también algunos de los espectadores se han acercado hasta la directora para decirle que sus veranos no eran tan tristes. Pero es que para Lallana, "depende de cada persona, de cómo se relaciona con su entorno".

Lallana, ve a Ojos Negros, un municipio con menos de 400 habitantes, como otros muchos pueblos en los que en invierno están casi vacíos, en los que cada vez queda menos gente y en los que los mayores, como sus abuelos, se tienen que ir a la ciudad, o como lo hizo su madre de joven, un reflejo de la situación de la España Vaciada.

"Aunque el cine puede crear un mundo paralelo, lo que se necesitan son políticas sociales que reviertan la situación" ha subrayado la cineasta quien insiste en que lo que han hecho Castello y ella es retratar "una realidad de las distintas que puede haber en los pueblos".

No obstante, realizar la película le ha servido también para "conocer y acercarme a un pueblo que es el mío, que en parte desconocía".

"Tenía la visión -continúa- del extranjero que llega a un sitio que es suyo pero que no lo siente como tal y el haber estado trabajando de forma colaborativa con la gente del pueblo, conocer sus inquietudes y el orgullo de que se haya hecho la película me ha llevado a conocer el pueblo desde dentro y descubrir las muchísimas vidas y esa vida sencilla que a veces se echa de menos en las ciudades, el ayudarse, la proximidad y que me ha gustado mucho poder vivirlo".

Marta Lallana está animada para seguir haciendo proyectos "pero que sienta que me llenan, no hacer por hacer", ha concluido.

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