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Rocío Fatás: "En India, el diseño es frugalidad"

Profesora del Srishti Institute of Art, Design and Technology de Bangalore, ciudad considerada como el ‘Silicon Valley de la India’, su trabajo se mueve entre la tecnología, el arte y el diseño. Participa en la creación de una ‘app’ para salvar a las abejas.

Rocio Fatás.
Rocio Fatás.
Mahesh Bhat

Su primer recuerdo artístico es una almazuela: una pieza textil creada con trozos sobrantes de otras. La vio en el taller de Lola Barasoain, costurera que había trabajado en el taller de Givenchy en París, y que era amiga de su familia. Luego llegarían los estudios de Bellas Artes, las prácticas en el Guggenheim de Bilbao, el diseño en 3D y la Universidad de Cádiz. Allí vio las posibilidades de la arqueología virtual, pero "me di cuenta de que no tenía la preparación suficiente ni los medios necesarios para sacar adelante una empresa de arqueología virtual, así que me decidí a completar mi formación en diseño digital y me mudé a Irlanda, donde hice un máster en el Instituto O’Reilly del Trinity College de Dublín, en medios digitales interactivos".

Luego vivió varios años en Londres, trabajando y estudiando principios de diseño de interfaces gráficos y de diseño de usuario. Y, tras una temporada en España, decidió hacer las maletas y aceptar una oferta de trabajo en India. Allí es profesora del Srishti Institute of Art, Design and Tecnology de Bangalore.

¿Qué enseña en la India?

Las asignaturas que imparto son en torno al diseño digital interactivo, como el diseño de interfaces digitales o el diseño de interfaces y experiencia de usuario. Pero también dirijo proyectos de fin de carrera o máster que requieren una fase prolongada de investigación de campo, para finalmente proponer diseños de sistemas, objetos o servicios que tienen una faceta digital o interactiva. Soy parte de los departamentos de Comunicación Visual y de Diseño Centrado en el Humano.

¿Qué se entiende por ‘diseño centrado en el humano’?

La expresión nace en el campo de la interacción humano-computadora, con el objetivo de diseñar tanto ‘software’ como ‘hardware’ que se ajusten lo más posible a las cualidades del usuario. Por extensión, ahora se aplica a cualquier campo del diseño en el que se involucre a otros humanos en el proceso de comprensión y resolución de un problema.

El diseño, ¿es vocacional? Usted estaba enfocada más hacia el arte.

Yo me he introducido en el mundo del diseño con los años, porque no estudié una carrera de diseño, sino de arte. Es vocacional, me siento mucho más cómoda en este campo, que es menos personal y más racional que muchas de las actividades relacionadas con otras formas de composición más artísticas. No obstante, trabajo en un centro que mezcla la enseñanza del arte y del diseño a través de la práctica. Sin duda, son áreas de disciplinas estrechamente relacionadas.

Como diseñadora, hubo una época en la que estuvo centrada en la creación de patrones.

Fue solo una incursión de un año y me encontré muy a gusto porque me permitía crear desde una perspectiva más pictórica e intuitiva. Me gustó ese medio, pero encontré una barrera enorme en la comercialización. Quizá retome ese tipo de trabajo dentro de un tiempo. De hecho, ahora que estoy en India, donde hay una industria textil tradicional tan grande, me encantaría producir versiones de mi trabajo adaptadas a las técnicas de estampado que se emplean aquí.

¿Cómo es el diseño en India?

Hay una tradición enorme de relación directa y comprensión de los materiales, tanto en el diseño textil como en el mobiliario. Otra faceta muy desarrollada es la frugalidad.Y otra que mencionaría es la apreciación que tienen de lo práctico y de lo espontáneo, y de cómo se relacionan entre sí. Por supuesto, está también como referencia la innumerable cantidad de formas artísticas tradicionales. Es un país, además, en el que naturaleza y civilización están menos separadas que en Europa, lo cual se refleja también en la formas de diseño.

Está trabajando en un proyecto de ‘app’ para salvar a las abejas.

Nuestro instituto colabora habitualmente con el Centro Nacional de Ciencias Naturales, y uno de los especialistas, Axel Brockmann, me pidió ayuda con un proyecto de ciencia ciudadana para monitorizar abejas. Estamos diseñando una aplicación móvil y un sitio web.

¿Y en qué consiste? ¿En qué medida hay arte, tecnología y biología?

En síntesis, es un sistema para recoger datos a gran escala para estudiar los movimientos migratorios de una especie particular de abejas melíferas llamada ‘Apis dorsata’, que está en peligro. Dada la magnitud de los datos requeridos, no es posible cubrirlos a base de científicos, por lo que la idea es implicar a la ciudadanía para que ayude a la monitorización. La ‘app’ es diseño y tecnología, puestos al servicio de la ciencia. El arte está en el estilo.

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