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Ocio y Cultura

ENTREVISTA

Diego Ibarra: "Cada país te marca como un tatuaje"

El fotoperiodista zaragozano retrató durante cinco años Pakistán y ahora envía sus imágenes desde el Líbano. Ha puesto en marcha el proyecto Hijacked Education, para llamar la atención sobre las consecuencias de la guerra en la infancia

El fotoperiodista aragonés Diego Ibarra
El fotoperiodista aragonés Diego Ibarra
FABIO MANTEGNA

Desde pequeño, soñaba con contar historias a miles de kilómetros de distancia. Diego Ibarra (Zaragoza, 1982) estudió Periodismo con la idea de convertirse en reportero. Pero fue la fotografía la que le llevó a marchar a Pakistán, a contar la realidad del Líbano, donde reside actualmente, y a recorrer Iraq, Colombia, Ucrania, Nagorno Karabaj, Afganistán y Nigeria. Ha publicado para ‘The New York Times’ o ‘Der Spiegel’ y asegura que «de cada lugar sales marcado, con un tatuaje compuesto de emoción y drama. Al corresponsal, la realidad le desborda, porque no puede tomar la información a pequeñas cápsulas, a modo de noticia. Ha de sumergirse en ella».

Estuvo cinco años en Pakistán y lleva otros cinco en Líbano. ¿Qué le mueve a elegir el lugar que desea retratar?

Viajé a primero a India, para mostar las consecuencias del desastre de Bhopal, la fuga química de 1984 de la que todavía hay secuelas. Así lo hice, pero después vi que para entender India hay que conocer Pakistán y Afganistán. Lo de Líbano fue por otras razones: en Pakistán encontré a la que ahora es mi compañera y ella fue enviada después al Líbano.

¿Encontró el amor como corresponsal?

Sí, a miles de kilómetros de casa. Ethel Bonel es una periodista que escribe para varios medios españoles. Tras marcharse a Beirut, estuvimos dos años separados, hasta que decidí unirme a ella. Tenemos un hijo de cuatro años y medio. Los dos tenemos nuestros propios proyectos y trabajamos también para la televisión ‘France 24’.

¿Cómo es empezar de cero en un país?

En Pakistán tuve la suerte de contactar con Igor Barbero, de la Agencia EFE, que me dejó dormir en su casa y me ayudó muchísimo. Él había abierto la corresponsalía. El resto ya es trabajar, afrontar la realidad y tener claro que nuestra función es contar lo que pasa.

¿Se echa de menos el hogar?

En esas circunstancias, es fundamental el apoyo de los compañeros pero más el de la familia, en la distancia. Mi madre y mi hermano sufren mucho nuestra ausencia y se preocupan, Siempre están ahí. Mi apoyo, claro está, también es Ethel.

¿Quiénes han sido sus referentes?

He tenido varios. Me ha inspirado mucho Miguel Gil Moreno, al igual que Gervasio Sánchez. Son trabajos que te marcan, pero también que indican ese camino, el salir fuera a contar la historia, porque nadie te la va a llevar a tu casa.

¿Cómo sobrevive un corresponsal ‘freelance’ en tiempos tan complicados?

Con dificultad. A la incertidumbre del país se une la inseguridad económica. Sabes que cada vez es más difícil vender una historia, pero un periodista tiene que tener claro desde el principio de que no van a llamar a la puerta a ofrecerle historias. Va a tener que salir ahí a buscarlas y venderlas después.

Complicado hoy en día, cuando estamos saturados de imágenes e información.

Ahora hay mucho ruido. Es difícil vender una foto en esta época del ‘periodismo ciudadano’ y lo fácil es coger cualquier imagen que llegue del sitio. Pero una fotografía ha de generar preguntas. Nuestro trabajo es dar un bofetón de realidad. El niño famélico de Yemen abrió el debate sobre la gerra en el país, por ejemplo. Un corresponsal consigue la profundidad y la empatía que estas historias merecen.

¿Le influye la necesidad de conseguir contenidos virales?

Te obliga a estar pendiente del interés mediático, pero ya no se puede depender solo de los periódicos o televisiones, por eso tengo colaboraciones con ONG y he creado mi proyecto Hijacked Education.

¿En qué consiste?

La guerra no termina cuando explota la última bomba. Quedan consecuencias físicas, psicológicas... Hay profesores y estudiantes en el exilio, niños soldados, secuestros y violaciones. La violencia borra años de investigación y logros en la educación. El objetivo es que la gente conozca esas consecuencias, poner la situación bajo el foco.

¿Qué países ha mostrado ya en ese proyecto?

Hijacked Education comenzó en 2009 en Pakistán. La violencia talibán para interrumpir la educación de las niñas se hizo evidente en 2012 con el ataque a la activista Malala Yousafzai. Tras marcharme al Líbano en 2014, he movido el proyecto por Siria, Irán, Iraq, Líbano, Ucrania y Colombia.

¿Cuándo le veremos por Aragón?

A finales de año estaré por Zaragoza, para dar unas charlas a alumnos de Periodismo. Para trasladarles la idea de que el ruido y la saturación no deben impedir que sigamos contando historias.

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