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José Luis Rodríguez: "El cuento para mí es la voz y el estilo"

El profesor de filosofía y escritor José Luis Rodríguez García publica una selección de sus mejores cuentos en 'La residencia y otros relatos' en Prensas Universitarias de Zaragoza

José Luis Rodríguez García
José Luis Rodríguez García, leonés de 1949, llevá casi medio siglo en Zaragoza.
Oliver Duch

¿Qué tipo de escritor es usted, dónde se siente más cómodo: se maneja en la biografía, el ensayo, la novela (muy variada), la poesía...?

La escritura no es un oficio. Yo la he concebido siempre como un ejercicio vital, como una estratagema para traducir sentimientos, para, si se quiere, aunque resuene pretencioso, testimoniar algo que sucede a nuestro alrededor. Naturalmente, puede contra argumentarse: ¿y quienes escriben de lo sucedido en el siglo XVI, pongamos por caso, o sobre lo que imaginamos que puede llegar? Es una forma de enmascarar lo que ocurre a nuestro alrededor. Cuando escribí sobre Savonarola, por ejemplo, lo hice porque vislumbraba en aquellos convulsos años una imagen de la ruina de nuestro mundo actual. Es esta la razón por la que me siento cómodo en una u otra forma literaria, aunque siempre muy condicionado por el estado de ánimo que vivo. Supongo que también te ocurre a ti…

Publica 'La resistencia y otros relatos' en las Prensas Universitarias de Zaragoza. ¿Qué lugar y qué importancia ha tenido el relato en su trayectoria?

Empecé escribiendo novela. Creo que mi amor por el relato se despertó al descubrir algunos autores que me sedujeron desde el principio. Cortázar muy especialmente. Después, Julio Ramón Ribeyro, por ejemplo. Juan Carlos Onetti. Hace años concebía el conjunto de relatos como acumulación de historias que, por una u otra razón, me seducían… Desde hace años, por el contrario, concibo un libro de relatos como un conjunto de historias enhebradas por una misma intención…

¿Qué le ha llevado a publicar una antología de sus cuentos y cuál ha sido la idea central, o unitaria, en el caso de que eso le haya preocupado?

Qué horror que existan personas que no creen en la casualidad… La antología surgió de una casualidad que te cuento. Cierto día, poco antes del verano, estaba tomándome una cerveza, solo, en una terraza de mi barrio cuando se acercó un querido colega, José Luis Calvo Carilla, y, así de pronto, me dijo que le interesaría para una colección de libros de relatos que le habían encargado que preparara una selección. Creí que estaba de broma. Ya se sabe que hasta la cerveza provoca alucinaciones. Pero agregó que le entregaba la selección a la vuelta del verano. Yo ahora me tomo la vida con paciencia. Pensé: hay mucho tiempo. Pero los días corren como demonios. Y en septiembre tuve que entregarle la antología para preguntarle si le gustaba… Y comenzó a rodar la maquinaria.

Dice, o sugiere, que durante muchos años hemos vivido, en la cultura y en la vida, en una suerte de esquizofrenia: entre Shakespeare y Marx. ¿Cómo marca eso su obra, la agitación política, la perplejidad cultural y, en concreto, estos relatos?

Sí, claro, lo extraordinario es que uno y otro dicen lo mismo pero con diferentes registros. Si me recluyeran en una isla con un solo libro, no sé si elegiría ‘El rey Lear’ o ‘La ideología alemana’. No, por supuesto, Dios me libre, no me llevaría ‘El Capital’.

¿Podríamos decir que todo eso aparece con claridad en el segundo cuento, ‘Grândola, vila morena’, esa historia de amor, de revolución y de un crimen entrevisto?

Sí. Es, como sabe, la historia de un tipo desgraciado que anda desorientado por la vida y que le trae al pairo. Y, obviamente, un homenaje a Portugal, país al que adoro…

‘La residencia’, el primer cuento, podría haber sido una novelita policíaca, algo que ha ensayado en libros como ‘Manos negras’. ¿Cuál es la importancia de la novela negra en sus textos y en su forma de mirar el mundo?

La novela negra es una de las formas literarias actuales que te facilitan congregar historias de distinto calibre. Amor, venganza, intriga, reflexión, cinismo… De Poe a Chandler o Elroy se nos va marcando una pauta. El desaparecido González Ledesma me apasiona. Bueno, hay una cofradía de gentes que operan en el mismo sentido. A su manera, creo que lo ha intentado entre nosotros Martínez de Pisón: ¿cómo podría definirse, por ejemplo, ‘El día de mañana’? Me resistiría a catalogar el registro de esa magnífica novela…

Llama la atención es el cosmopolitismo: la variedad de escenarios. ¿Tiene alguna razón de fondo, es el cuento un pretexto de exploración de territorios?

José Luis Rodríguez
José Luis Rodríguez es especialista en Hölderlin, Jean Paul Sartre o Chopin, entre otros.
Oliver Duch

Tiene razón. Pero es que soy un transeúnte permanente. Hasta los 25 años rondé de aquí para allá. Zaragoza me ha asentado y, por distintos motivos, no puedo viajar mucho. Pero aprovecho los viajes veraniegos para conocer lugares donde, inevitablemente, sitúo algún relato.

¿Hay un escepticismo de fondo en los relatos, una impugnación del mundo y de la sociedad?

Sí, inevitablemente me hicieron un escéptico. Lo curioso es que no me agrada de modo especial y, a un tiempo, creo que me resultaría difícil se optimista. Acaso en la próxima vida…

¿Qué es lo que más le preocupa en un cuento: la voz, el asunto, la sorpresa, el estilo?

Para mí, la voz y el estilo, sin duda alguna.

¿De quién y de qué escribe? Lo pregunto por esos personajes un tanto desubicados, como extraviados de sí mismos y del mundo...

Tengo especial simpatía a los desubicados, como dice. Pero no sabría decirle por qué, mi vida no ha sido especialmente desastrosa, la gente que he conocida son amables, cariñosos…

¿Qué le debes a Cortázar y a Piglia? ¿Por qué son ellos dos polos de tu estética? ¿En qué se parecen y en qué son divergentes?

De Cortázar prefiero la voz y el estilo. Ricardo Piglia llama más la atención por las intrigas y las trampas inteligentísimas que hace. Te lleva por un camino, y le sigues como una mascota, y, de pronto, te revela que estabas equivocado, que nada es como esperabas. Me ocurre algo semejante leyendo a Roberto Bolaño.

Hay una sección que gusta mucho en el libro. La serie de los microrrelatos: son inquietantes, con extrañamiento, poéticos, historias concentradas. ¿Cómo entiende el microrrelato, qué le da, qué busca en él?

He llegado al microrrelato, si se refieres a ‘Incidencias’, especialmente, sin pensar por qué. Era un tiempo en el que no me podía embarcar en un proyecto a largo plazo, mi agotamiento era excesivo. En fin, unos años un poco negros.

A veces puede dar la impresión de que los cuentos son autosuficientes, desde luego, pero también ejercicios de estilo. ¿Hay algo de ello?

A mí la cuestión del estilo siempre me ha inquietado especialmente. Solo puedo darle la razón para terminar.

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