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Ocio y Cultura

domingo

Catalina de Aragón: la reina presa de su amargo destino

‘The Spanish Princess’, serie que acaba de estrenar HBO en España, recupera la figura de Catalina de Aragón. Reina consorte de Inglaterra, culta, apasionada, valiente, siempre hizo honor a su lema, ‘Humble et loyale’. Humilde y leal .

La actriz inglesa Charlotte Hope (Myranda, en 'Juego de Tronos') interpreta a Catalina de Aragón en la serie 'The Spanish Princess', recién estrenada en España.
La actriz inglesa Charlotte Hope (Myranda, en 'Juego de Tronos') interpreta a Catalina de Aragón en la serie 'The Spanish Princess', recién estrenada en España.
HA.

Catalina de Aragón es la princesa de España a la cual le han prometido el trono inglés toda su vida. Llega a Inglaterra empapada por la lluvia, con su corte gloriosa y diversa, incluidas sus damas de compañía, Lina y Rosa. Cuando su marido muere de manera inesperada, parece que va a perder el trono… hasta que se fija en el nuevo heredero, el futuro rey Enrique VIII". Así presenta HBO España la miniserie de ocho episodios que acaba de estrenar, ‘The Spanish Princess’, inspirada en la vida de Catalina de Aragón, la hija de los Reyes Católicos que acabó siendo reina consorte de Inglaterra a principios del siglo XVI.

Pocos personajes son tan atractivos como Catalina, que aún hoy es muy querida en el Reino Unido. Nunca faltan flores frescas sobre su tumba en la catedral de Peterborough. Ni granadas, cuando llega el otoño. Catalina asistió a la reconquista de la ciudad andaluza cuando tenía seis años y vivió en la Alhambra hasta los 15, cuando partió hacia Inglaterra. Por eso se llevó la ciudad en el corazón: solía vestir un broche en forma de granada e hizo que ese fruto se integrara en el escudo de Enrique VIII. Así que, en nuestros días, cuando los árboles empiezan a amarillear en el condado de Cambridgeshire, al llegar las primeras granadas, siempre hay manos anónimas que llevan algunos de esos frutos a su tumba.

La serie televisiva ha revitalizado una figura que mantiene el halo de mujer presa de su destino. Nacida en Alcalá de Henares en 1485, a los tres años fue prometida al príncipe Arturo, heredero del trono inglés. Fue un matrimonio tan de conveniencia que, cuando se efectuó, por poderes, los novios no se conocían: solo se habían carteado en latín. Pero la boda enlazaba una de las casas reales de mayor solera del continente, los Trastámara, con unos recién llegados, los Tudor, que provenían de una rama real ilegítima. Y el acuerdo convenía a ambas.

"Podía haber desafiado a todos los héroes de la historia", dijo de ella Cromwell. Pero sucumbió a la mezquindad de un rey excesivo: Enrique VIII

Arturo murió a los pocos meses, lo cual generó no solo problemas personales, sino también de Estado. Enrique VII temía devolver la dote, que necesitaba, y logró un acuerdo entre casas reales: Catalina se casaría con otro hijo suyo, también llamado Enrique. La boda llegó en 1509, y 16 años más tarde, sin heredero masculino al trono, Enrique VIII intentó anular su matrimonio, en una operación que acabó con la ruptura de Inglaterra con la Iglesia Católica.

En 1533 el matrimonio fue declarado inválido y el rey se casó con Ana Bolena. El pueblo inglés, mayoritariamente, se puso al lado de la esposa humillada, que fue además recluida para el resto de sus días en el castillo de Kimbolton, donde falleció en 1536. La noticia de su muerte, que se extendió rápidamente por todo el país, fue seguida de un intenso y extenso luto.

Sobre este material histórico se cierne ‘The Spanish Princess’, la miniserie de televisión británico-americana basada en las novelas ‘The Constant Princess’ y ‘The King’s Curse’, de Philippa Gregory, que llega a la pequeña pantalla tras otras dos miniseries, ‘The White Princess’ y ‘The White Queen’.

El rodaje comenzó el 15 de mayo de 2018 en la catedral de Wells, y apenas un año más tarde la serie ya se está emitiendo en medio mundo. En los principales papeles, Carlotte Hope, como Catalina de Aragón; Angus Imrie, como Arturo, Príncipe de Gales; Harriet Walter, como Margaret Beaufort; Laura Carmichael, como Margaret ‘Maggie’ Pole; Ruairi O’Connor, como Harry, Príncipe de Gales (el futuro Enrique VIII); y Elliot Cowan, como Enrique VII, rey de Inglaterra. Para el público español, la serie tiene el atractivo de ver a Alicia Borrachero en el papel de Isabel la Católica. Cuatro directores han trabajado en el rodaje.

"Me tocó investigar este periodo histórico y quedé fascinada. El vestuario, la vida de Catalina, el guion... Ha sido surrealista. Catalina es recordada por ser la primera esposa de Enrique VIII, pero antes fue la esposa de Arturo y nosotros retratamos su vida desde el momento en que llega a Inglaterra con apenas 15 años", explicaba hace unos meses Charlotte Hope, la actriz elegida para dar vida a la princesa.

La serie tiene los ingredientes clásicos de todos los filmes históricos de éxito: lucha por el poder, pasiones, lujo, traiciones... y amor, mucho amor. Especialistas como Meghan O’Keefe la han definido sin contemplaciones: "‘The Spanish Princess’ es, de lejos, la más romántica, sensual y soñadora de las tres miniseries. Es un regalo suntuoso, y verla te hace sentir como si estuvieras sumergida en un baño de burbujas con un vaso de tu champán favorito en la mano. En resumen, es el tipo de serie que no se ve muy a menudo en televisión: un perfecto romance de evasión".

Llena de errores históricos

Para el espectador español, la serie, en cambio, tiene un punto arisco porque, obviamente, todo está marcado por la perspectiva anglosajona. Incluso los gazapos, que los hay y abundantes. Al poco de estrenarse la serie ya empezaban a circular críticas en las redes sociales: que Fernando el Católico brilla por su ausencia; que una de las damas de compañía de la reina es negra cuando en realidad todas eran hijas de la nobleza peninsular (al parecer tenía una, Catalina de Cardones, de origen africano); que si un escolta es musulmán al servicio de Isabel I y se le permite rezar a Alá...

"El primer capítulo está lleno de errores –señala Luis Sorando López, asesor histórico de series como la española ‘Isabel’–. Los filmes anglosajones ofrecen siempre una visión chauvinista de la historia, y más cuando hay españoles por medio. Hay detalles que no se sostienen, como la ropa, por ejemplo. Una cosa es que las vestimentas sean bellas y otra que correspondan a la época. Hay un verdugado, una falda con aros de mimbre en su interior que gustaba mucho a la Isabel la Católica, que es de risa. Y en un momento dado visten a la reina con una armadura gótica luchando contra el rey de Granada. Que se sepa, nunca hizo nada así. Hay otro momento en que se muestra dispuesta a bailar una sardana... Da la sensación de que los guionistas de estas series son más cuidadosos con su propia historia que con la de los demás, donde no les importan los gazapos y errores porque nadie los cuestiona". No es del todo cierto, porque la serie ha recibido también críticas en el ámbito anglosajón, aunque mucho más tibias.

Pero para los guionistas de este tipo de series la fidelidad histórica no es uno de los diez mandamientos. De ahí que al final de los capítulos se difunda el mensaje de que "algunos eventos históricos y personajes han sido alterados en la serie para un propósito dramático". Pues ya está. Todo sea por el entretenimiento.

Al margen de estas incongruencias históricas emerge la figura de Catalina, que en 1507 actuó como embajadora para la Corte española en Inglaterra, convirtiéndose en la primera embajadora de la historia europea; que durante una regencia de seis meses, en 1513, desempeñó un importantísimo papel en la victoria de los ingleses frente a los escoceses en la batalla de Flodden Field; que siguió siempre considerándose tanto la auténtica esposa del rey como la reina legítima; que encargó a Juan Luis Vives el libro ‘De institutione feminae christianae’, donde se defendía que mujeres tienen derecho a una educación; y que hizo exclamar a su enemigo Thomas Cromwell: "Si no fuera por su sexo, podría haber desafiado a todos los héroes de la historia".

Por todo ello, no es extraño que en la tumba de Catalina de Aragón nunca falten flores frescas. Ni granadas.

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