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Arte

Breve autobiografía de Gonzalo Borrás

El fallecido historiador desgranó cuales fueron las piezas básicas de una vida entregada a la cultura.  

Gonzalo Borrás, Antonio Rodés, Raquel de Miguel, Natalio Bayo, Antonio Abad, Julia Dorado, Pilar Urbano, Joaquín Gimeno y Olga Julián, en la sala CAI Luzán.
Guillermo Mestre

Natalio Bayo, que lo retrató en varias ocasiones, ha sido uno de los grandes amigos artistas de Gonzalo Borrás; De él decía hace unos días en HERALDO: "Gonzalo Borrás ha sido clave en mi vida y en mi obra. De él destacaría dos cosas: lo mucho que sabe, y lo cercano que es; qué bien narra la creación, con claridad y sabiduría.Él y Federico Torralba han sido para mí quienes mejor han sabido contar el arte”. Sánchez Vidal, Concha Lomba o Amparo Martínez, pongamos por caso, lo han reconocido como uno de sus maestros. Gonzalo Borrás, que acaba de fallecer a los 78 años, era uno de los grandes expertos del mundo en arte mudéjar, pero también ha sido un estudioso de la obra de Goya y comisarió, entre otros proyectos, una exposición del grupo ‘Pórtico’. A continuación, se ofrece una suerte de autobiografía, elaborada a partir de varias entrevistas con él, la última para el libro de los 75 años de la Insitución ‘Fernando el Católico’, que dirigió entre 2001 y 2005 con el deseo de proyectar su gran sueño imposible: la creación del Instituto Aragonés de la Cultura.  

EL HISTORIADOR. “Empecé a trabajar en el curso 1967-1968 en el Instituto de Calatayud como profesor adjunto interino de Geografía e Historia. Era un puesto de trabajo que me ofrecieron y que acepté porque en ese año había iniciado la realización de mi tesis doctoral sobre el Mudéjar en los valles del Jalón y del Jiloca. La inicié en el año 1966, y dejé de pertenecer al departamento de Historia Contemporánea, de Carlos Corona Baratech. No eran exactamente departamentos, eran cátedras. Pasé de la cátedra de Historia Contemporánea a la cátedra de Historia del Arte de Francisco Abbad Ríos, que había sido profesor mío y tenía un método muy peculiar: los alumnos le dábamos clase a él. Y yo, porque él era un profesor difícil y exigente, le di un curso completo.

DE LA HISTORIA AL ARTE. “El cambio fue muy sencillo. Bajando por las escaleras de la facultad me preguntó don Francisco Abbad Ríos: ‘Borrás, ¿quieres ser ayudante de Arte?’. Le dije: ‘Sí, don Paco, porque es lo primero que me ofrecen’. Decidí, de acuerdo con Abbad y con el grupo de personas que estábamos en la cátedra, renovar los estudios de Arte mudéjar en Aragón. Para ello acoté una cuenca mudéjar al valle del Jalón y del Jiloca. La tesis se titulaba: ‘Mudéjar en el Valle del Jalón y del Jiloca’. La defendí en marzo del año 1971 antes de que falleciera Abbad, que murió en enero de 1972. Él estuvo en el acto de defensa de la tesis, entonces los directores estaban en el tribunal.

FEDERICO TORRALBA. “Mi vinculación con la institución empezó en 1972 con la llegada a Zaragoza, como catedrático, de Federico Torralba. Era el director de la cátedra Goya, de la IFC. Le tenía mucha admiración. Sobre todo en su visión de la Historia del Arte, en sus planteamientos; podían considerarse poco académicos desde una perspectiva tradicional, la habitual en los catedráticos de universidades. Era un hombre que estaba interesado en el arte contemporáneo, en el arte actual, en las artes decorativas, en las artes extremo-orientales, especialmente en el arte japonés. Era una persona que cubría un amplio espectro de la historia del arte que yo no había visto hasta entonces.

INSTITUTO DE ESTUDIOS TUROLENSES. “Dirigí el Instituto de Estudios Turolenses de 1985 a 1995. Desde el punto de vista organizativo, la coordinación de todos los centros culturales de la provincia de Teruel. No necesariamente comarcales ni territoriales sino los que había. Se integró en todos los estudios turolenses desde el de Alcañiz y el del Jiloca, hasta gentes como el arqueólogo Paco Burillo, y sobre todo la revista Turia, con Ana María Navales y su actual director, Raúl Carlos Maicas. La revista ‘Turia’ ha podido sobrevivir gracias a la negociación para que se alojara en el seno del Instituto de Estudios Turolenses. Eso para mí es una gran satisfacción: haber podido integrar a todo el mundo. Con cualquier tipo de criterio que estuviera trabajando en cultura. Desde el punto de vista creativo, sin duda las ‘Cartillas Turolenses’”.

TERUEL. “En Teruel he recibido todos los reconocimientos posibles. Estoy muy agradecido. En 1995 me hicieron un acto de despedida cuando me marché. Y me regalaron un cuadro muy bonito que está en el Instituto, lo hizo Natalio Bayo”.

INSTITUCIÓN FERNANDO EL CATÓLICO. “Dirigí la Institución ‘Fernando el Católico’ de 2001 a 2005. Ahí hice una labor continuista y leal. Guillermo Fatás dejó más de 200 libros comprometidos en la IFC. Todos se publicaron. Para que se haga una idea, yo me pasé casi todos mis años en la dirección publicando los compromisos de Guillermo Fatás Cabeza, que puede estar bien tranquilo. Tuvo un sucesor que, con una fidelidad absoluta, cumplió todos los compromisos que se habían adquirido. (…) Yo tampoco introduje ni creé ninguna distorsión ni a los jefes de sección ni a nadie. Procuré incentivar a todo el mundo y que todo el mundo se sintiese plenamente representado en la nueva dirección y que nadie tuviera ningún problema y, de hecho, todo eso funcionó maravillosamente”.

LA BIBLIOTECA ARAGONESA DE CULTURA. “Le pedí a José Antonio Labordeta que nos preparase en la Bolsa de Madrid una comida con Manolo Pizarro, porque le quería plantear un proyecto de Biblioteca Aragonesa de Cultura. Labordeta aceptó porque tanto él como Eloy habían sido profesores de Manuel. Pizarro se ofreció de manera inmediata, porque a mí no me conocía prácticamente pero a ellos les tenía auténtica veneración. En la comida le expuse el proyecto y él aceptó, me dijo: ‘Eso está hecho, poneos a trabajar’. Eloy en estos momentos, en el seno de la Institución FC, se abrió una nueva sección que se llama Biblioteca Aragonesa de Cultura, que no iba a depender de nadie, ni siquiera de la IFC. Eloy iba a ser el director plenipotenciario, con presupuesto de Ibercaja. El proyecto era para hacer 50 volúmenes bajo su dirección. (…)Una vez desarrollado el proyecto, que empezó en septiembre de 2001, le di a Eloy una de las pocas cosas que me parecían fundamentales, la tesis de Salvador Victoria, en la que era muy importante la etapa de París”.

INSTITUTO ARAGONÉS DE LA CULTURA. “Acabé con la IFC simplemente con una carta de dimisión al presidente Javier Lambán. Le decía que al no poder impulsar mi proyecto de Instituto Aragonés de la Cultura, desde la IFC, y acuciado por otras obligaciones académicas ponía mi cargo a su disposición. Tan a su disposición que estuvo más de un año sin nombrar a nadie. Lo cual demuestra que no hacía falta”.

LECCIONES DEL PARANINFO. “Yo siempre había admirado las famosas lecciones que dan en universidades norteamericanas profesores de mucha sabiduría. Hicimos tres ciclos. El primero de Juan José Carreras, de Historia, que fue maravilloso. Otro, de Domingo González, de Física, sobre los fractales, que fue una cosa excepcional; lo que pasa es que este es un territorio a físico y acientífico. Hicimos también uno de Medicina con Rafael Gómez Lux. Es decir, profesores de reconocido prestigio que se iban jubilando y que daban lecciones en el Paraninfo”.

EL MUDÉJAR. “Lo defino como el que se queda, el que permanece, aquel al que se le autoriza a quedarse mediante un pacto, un vasallo tributario. Los mudéjares eran, por lo regular, moros vencidos de origen aragonés, aunque también había árabes de diversas procedencias. “Básicamente, era una población autóctona la que se expulsó del país, cuya historia se remontaba al año 710, incrementada con población bereber y de otras etnias. El período mudéjar se iniciaría entre 1085, cuando se produjo en Toledo la capitulación islámica ante Alfonso VI, y concluiría en 1610, el año de la expulsión de los moriscos”.

EL ARTE MUDÉJAR. “Se trata de un legado de calado y amplitud. Hasta ahora se había despreciado lo más importante: la decoración. El arte mudéjar es decoración. En el arte mudéjar todo está revestido, sobre cualquier material y a cualquier escala, con inscripciones (el árabe es la forma de la palabra divina), con decoración geométrica, y ahí abundan los lazos, las estrellas, las formas vegetales, siempre estilizadas. El ciudadano, ante esta representación, no tiene que pensar ni discurrir: disfruta, se emociona”.

AUTORRETRATO. “Natalio Bayo nunca se ha conducido como un artista, sino como un trabajador gráfico (…) Para mí ha sido un privilegio compartir tantas tardes de colaboración con él, en las que se iban consolidando nuestras afinidades electivas, y durante las que ambos nos autodenominamos ‘obrericos’ del libro y de la ilustración, con nuestro habitual saludo de entonces de ’obrerico’ uno(Natalio) y ‘obrerico’ dos’ (un servidor)”.

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