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Ocio y Cultura

Trascendencia y legado de Víctor Mira

La obra de Víctor Mira se ha podido ver en Zaragoza en los últimos años.

Un cuidado montaje central del pintor Víctor Mira, al que glosa y recuerda Mariano García.
Un cuidado montaje central del pintor Víctor Mira, al que glosa y recuerda Mariano García.
Oliver Duch

Solo yendo demasiado lejos puedes aspirar a romper el molde y crear algo nuevo. El arte es una cuestión de ir demasiado lejos". Estas palabras pronunciadas por el pintor Francis Bacon constituyen un buen prefacio de acercamiento a la obra de Víctor Mira (Larache. Marruecos, 1949 – Seefeld, Alemania, 2003). Su universo, rico, fecundo y multidisciplinar, se ha podido ver en Zaragoza en los últimos años, en la exposición ‘Imaginario’, que tuvo lugar en el IAACC Pablo Serrano en 2014; ‘En torno a Goya, el quinto perro y los disparates’ este año en el Museo Goya Ibercaja y está que nos ocupa ‘Viaje de una generación’, también en el Instituto Aragonés de Arte y cultura contemporáneos. Cada una enmarcada dentro de un contexto expositivo que demuestra la capacidad creativa de un autor, su vigencia y el trabajo de difusión y permanencia de la obra, de quienes están detrás del legado de Víctor Mira.

Cada exposición exige un trabajo previo de concepción y selección de la obra que en este caso se centra en sus diez últimos años de trabajo, con la exhibición de cuatro series. La más antigua corresponde a ‘Los Golpeados’ de 1993. Una carpeta de fotografías en blanco y negro manipuladas, en las que aparecen los retratos de doce personajes relevantes del siglo XX, que van acompañadas de un breve texto. Palabras escritas por el propio Víctor Mira que no surgen incoherentes sino que ponen de manifiesto su capacidad insaciable de lectura y conocimiento.

Figuras rebeldes, perseguidas o atormentadas como Marilyn Monroe, Dashiel Hammett, Billie Holiday o Antonin Artaud, forman parte de su particular selección en la que los rostros aparecen encadenados al cuello por gruesos eslabones. Son imágenes que simbolizan la opresión social, moral y en ocasiones autodestructiva, que formarán parte también de su iconografía pictórica. Seres que claman al cielo con sus bocas abiertas, como en el lienzo ‘Amarrado a un pedazo de cielo’ de 1998.

Esta serie es especialmente interesante ya que sólo se había podido ver un día, con motivo de la inauguración del Espacio Víctor Mira en Zaragoza. Además ahora la colección se enriquece con la inclusión del retrato fotográfico del propio artista.

Otra obra de gran interés es ‘La última cena’ (1998-1999). Un políptico de enormes dimensiones en el que el artista aborda un tema capital en la historia del arte. La composición sigue la disposición lineal que utilizó Leonardo, con todos los personajes frente al espectador. En el centro la figura de Cristo erguida, con la boca abierta y su cuerpo amarrado –anticipando la crucifixión–. Mira utiliza dos raíles sobre los que se asientas los palés en los que aparecen sentados los apóstoles. Un símbolo de predestinación. Del camino indisolublemente trazado a partir de ese momento. Colores sombríos, dibujo manifiesto y tragedia contenida. Cada una de las imágenes tiene un elemento común como son los peces, aludiendo claramente a la sintaxis cristiana, pero también al propio lenguaje del artista como son las rejillas metálicas como elemento que impide cualquier otra posible salida ante el destino. Composiciones donde ya está presente la morfología visual de su serie ‘Imágenes Binoculares’ (1997-2003), que le servirán de guía para desarrollar la serie ‘Moods’ en la que destacan en la exposición dos imponentes obras datadas en 2003, fecha de su fallecimiento.

Pinturas impregnadas de color, donde la incomunicación humana se refugia en la esperanza del otro. Desnudos, donde hombre y mujer, proyectan sus deseos y emociones más íntimos en ventanas abiertas. Es la plasmación del Víctor Mira más personal, más íntimo, despojado de la catarsis de los conceptos de tormento y redención.

Para Víctor Mira el desarrollo de su desbordada imaginación, no sólo se conjugó por medio de la plástica (pintura, escultura, grabado o cerámica) sino también a través de la palabra. Escribió tres obras de teatro ‘Un cop, un altre cop’, ‘Antihéroes’ y ‘El cielo de las mujeres’, que fueron publicadas por el Gobierno de Aragón en 2004. La representación de ésta última tuvo lugar en el Teatro Principal de Zaragoza en 2005 por la compañía Luna de Arena en coproducción en el Centro Dramático de Aragón.

‘El cielo de las mujeres’ es un espacio escénico y pictórico. Una simbiosis creativa apostada entre la representación plástica y la dramatización. En la exposición se muestran dos obras, un cartón de 2001 y un lienzo datado entre 2001 y 2003, que fue restaurado tras el incendio de su taller el día de su muerte. Mira se arrojó a un tren tal como había anunciado.

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