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Arqueología

El valle del Huerva: la gran fábrica de piedra de chispa del Ejército español

Tres profesores de la Universidad de Zaragoza estudian numerosas explotaciones de pedernal en la zona. Los yacimientos, de entre los siglos XVIII y XIX, habían permanecido en el olvido y son únicos en España.

Una de las galerías excavadas por pedernaleros, descubierta en Fuendetodos.Fanlo, Picazo y Pérez-Lambán

Cuando los profesores de Arqueología de la Universidad de Zaragoza Jesús Picazo, Javier Fanlo y Fernando Pérez-Lambán acudieron a Muel para investigar un yacimiento de sílex, se quedaron totalmente desconcertados por sus grandes dimensiones. El sílex era uno de los recursos más preciados en la Prehistoria, ya que este mineral es duro y cortante –especialmente útil para elaborar utensilios y armas–, pero también muy eficaz para obtener chispas con las que prender un fuego.

El yacimiento que encontraron allí era mucho más extenso que los estudiados en anteriores investigaciones suyas, y además hallaron otros cercanos igualmente relevantes: desde María de Huerva al norte hasta Muel al sur y desde Fuendetodos al este hasta La Muela al oeste. Estiman que podría haber otros más hacia Épila. Pensaban que habían realizado un hallazgo "de la leche".

Pero estaban equivocados. Las enormes montañas de escombros, las galerías de hasta 15 metros de profundidad y las larguísimas zanjas excavadas –algunas de centenares de metros– no eran prehistóricas sino de un tiempo mucho más cercano: entre los siglos XVIII y XIX.

Fue otro profesor, Antonio Morgado, de la Universidad de Granada, el que les puso sobre la pista. Los restos de sílex que estudiaban no podían corresponder a la Edad de Piedra porque presentaban señales de haber sido trabajados con herramientas de hierro. La búsqueda de documentación de la época terminó resolviendo el rompecabezas. Llegaron a la conclusión de que esta zona del valle del Huerva, y especialmente la localidad de Muel, fue la principal proveedora de piedras de chispa del ejército de España.

Una producción "bestial"

Las armas de fuego del momento empleaban un mecanismo conocido como ‘llave de chispa’. Al apretar el gatillo de uno de estos mosquetes o fusiles –aunque llegó incluso a emplearse en cañones–, el martillo del arma golpeaba la piedra de sílex o pedernal contra una pieza de acero, provocando que esas mismas chispas que buscaban en la Prehistoria para hacer fuego prendieran la pólvora y provocaran el disparo. Cada piedra de chispa solía tener un uso de unos diez disparos aproximadamente, por lo que el ejército de la época necesitaba reponer continuamente este material.

La industria pedernalera del valle fue la elegida por la calidad de su sílex, pero requirió un proceso de industrialización para hacer frente a la creciente demanda. Según ha descubierto el grupo de profesores de la Universidad de Zaragoza, hacia el año 1779, 24 pedernaleros trabajaban para el Estado y 17 de ellos estaban en Muel, "llegando a tener contratos con la Artillería española para proveerles de más de un millón y medio de piedras de chispa para fusil, pistola y carabina cada año", explica Javier Fanlo. El ritmo de producción era "bestial", por lo que cada uno de esos pedernaleros debió de tener una cuadrilla de trabajadores a su cargo, aumentando el número de posibles empleados en esta tarea hasta los casi 70.

Trabajadores que llegaron a jugarse la vida, enfrentándose a los posibles derrumbes, a pesar del refinamiento de la técnica. "Que las galerías no pasen de los 15 metros de longitud era probablemente una medida de seguridad", afirma Jesús Picazo.

Catorce zonas de extracción

Los profesores han encontrado ya hasta 14 puntos diferentes del valle en los que se extrajo sílex. Unos han sido cubiertos por la vegetación y su rastro ha sido difícil de seguir. Pero en otros la labor ha sido sencilla: hay suelos que se han encontrado repletos de deshechos de las explotaciones, mientras que en otros parajes, como algunos situados en La Muela, se pueden ver a cielo abierto enormes hoyos llenos de sílex o laderas con manchas oscuras que delatan la presencia de este mineral.

El pedernal que queda a la vista es abundante, y se trata tan solo de una pequeña parte del que se extrajo: corresponde al núcleo de las vetas de sílex que no podía aprovecharse y que fue abandonado por los pedernaleros.

La labor de campo liderada por estos investigadores ya está "bastante avanzada", pero hay que profundizar en un trabajo documental que aporte más detalles sobre esta industria. Además, "es necesario cartografiar la zona para catalogar todos los restos", afirma Picazo, paso previo imprescindible para la protección del lugar.

Uno de los interrogantes es cómo es posible que esta industria tan importante no sea recordada por quienes habitan hoy la zona. Según Fanlo, "es impresionante que nadie en Muel se acordase de esto", ya que fueron varias las familias de la localidad que trabajaron el sílex. Apellidos como Laora, Artigas, Blas o Mainar se repiten en los contratos de pedernaleros. Según la investigación, ninguno de sus descendientes queda ya en Muel, lo cual podría explicar que se haya borrado la memoria de esta actividad.

Los restos siguen abandonados y buscadores de sílex de todo el país acuden a la zona, especialmente al municipio de Botorrita, para recogerlo clandestinamente. Además, al tratarse de un hallazgo que todavía no está catalogado en su totalidad y, por tanto, no cuenta con protección legal, cualquier proyecto urbanístico en la zona podría conllevar su pérdida. "Las instituciones no saben lo que tienen aquí", afirma Fanlo.

Los ejemplos europeos

Como ejemplo, el investigador cita dos lugares similares en Europa en los que se extrajo pedernal: Brandon (Inglaterra) y la región de Loir-et-Cher (Francia). En ellos se han desarrollado rutas a las que acuden turistas y de las que se realizan publicaciones y documentales. Incluso se construyó un centro de interpretación en Brandon donde se exponen herramientas antiguas y fotografías. Los profesores creen que el yacimiento del valle del Huerva tiene la suficiente relevancia como para llevar a cabo acciones similares, lo que supondría un importante impulso económico para la zona. "Colegas nuestros vienen a ver lo que tenemos aquí y no se lo creen", afirman.

La zona es tan extensa que no va a ser fácil llevar a cabo una catalogación exhaustiva. Además, la protección de un área tan grande podría suponer una barrera para industrias y actividades que quieran instalarse en el valle. Aún así, los profesores insisten en que les gustaría "sensibilizar a las instituciones" para que el recuerdo de aquellos pedernaleros de Muel no caiga, una vez más, en el olvido.





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