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Ocio y Cultura

Teresa Freixes: "Gane quien gane el 21 de diciembre, las cosas ya no van a ser iguales"

Es una jurista catalana especializada en Derecho Constitucional. Preside la organización civil Concordia Cívica, que defiende la unidad de España.

Teresa Freixes, en su última visita a Zaragoza.
Teresa Freixes, en su última visita a Zaragoza.
Guillermo Mestre

¿Cómo se ha vivido la crisis independentista desde la perspectiva del Derecho Constitucional?

Se ha vivido de una manera terrible y muy trágica, ya que ha supuesto prácticamente la negación del constitucionalismo democrático. Aprobar leyes de contenido totalmente contrario a la Constitución y sin respeto al procedimiento parlamentario fue un golpe tremendo.El 6 y el 7 de septiembre quedarán grabados como los días en los que Cataluña se situó en el precipicio.No era imaginable que se pudiera llegar hasta ahí.

¿Y la respuesta del Estado?

La respuesta del Estado ha tardado. Los catalanes que no nos situábamos en la deriva del secesionismo nos hemos sentido un tanto abandonados, aunque hemos saludado positivamente el 155, que es lo que nos da la esperanza de que con las nuevas elecciones podamos empezar a revertir la situación. El secesionismo, en todo caso, no va a desaparecer de un momento a otro.

¿Qué ocurrirá tras las elecciones?

Gane quien gane, las cosas ya no van a ser iguales. Así como hasta ahora solo se movilizaba el lado secesionista, desde el 1 de octubre también lo hace aquella parte de la sociedad que no quiere esa ruptura y desea recuperar esa Cataluña abierta, plural y mestiza que hemos tenido durante tanto tiempo.El problema está en que, por el influjo de una educación y una comunicación muy sesgadas, una parte de la población se ha posicionado a favor de una ruptura que la mayoría no queremos.

¿Cómo devolver el orden?

Estoy convencida de que el constitucionalismo, por llamarlo de alguna manera, ganará en votos. Si los partidos secesionistas ganan otra vez en escaños no van a poder hacer lo mismo. La Constitución está vigente y no vamos a consentir socialmente que nos vuelvan a llevar por unos caminos que no queremos. Eso nos aísla de España, de Europa y del resto del mundo. El secesionismo va a tener que entrar en la senda constitucional. Si ganan los no secesionistas, no obstante, tendrán que ser conscientes de que no toda Cataluña piensa como ellos. Tendrán que tender puentes para restablecer las relaciones sociales, políticas y económicas.

¿Tiene que repensar el Estado su relación con Cataluña?

La relación entre el Estado y Cataluña será la que el marco constitucional tiene establecido. Lo que sí es cierto es que quizá el Estado tenga que preocuparse un poquito más por Cataluña, que también tiene grandes relaciones a nivel económico, cultural y universitario con muchas otras comunidades. No queremos que los lazos que nos unen desaparezcan.

Tras la DUI han quedado claros los efectos de una eventual independencia...

Todo este proceso está basado en la mentira y el engaño. Hoy en día, todo está tan entremezclado que sin esa interacción mutua es imposible poder subsistir en ningún sitio. La permanencia en la Unión Europea era otra mentira. No es que nos echen, es que nos iríamos nosotros. El problema es que el independentismo ha tenido un aparato de propaganda tan fuerte que ha conseguido que parte de la población se lo haya creído.

La reforma de la Constitución ha vuelto a salir a debate. En su opinión, ¿qué habría que cambiar?

Hay bastantes cosas que habría que reformar. Lo normal es que las constituciones vayan poniéndose al día para adecuarlas a las necesidades sociales. El título octavo, que hace referencia a las comunidades autónomas, está desfasado.

¿Algo más?

No soy de las que piensan que haya que reconocer las singularidades. Hemos de buscar lo que nos une, no lo que nos separa. Sí habría que suprimir, por ejemplo, la preferencia de los hombres sobre las mujeres en la sucesión a la corona. Reformar la Constitución es algo muy importante. Hay que estudiar qué ha funcionado y ver qué competencias u organismos necesitan algún cambio. Todo esto nos pone en un escenario de cinco o seis años vista.

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