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Ocio y Cultura

400 años del Santo Entierro

Desde 1617, la Hermandad de la Sangre de Cristo organiza una procesión única en España, en la que se reúnen los misterios de la Pasión. Más de 16.000 cofrades marcando el duelo a golpe de tambores, timbales, carraclas, matracas y cornetas.

Paso del Descendimiento, obra del bilbilitano José Alegre (1847).
Paso del Descendimiento, obra del bilbilitano José Alegre (1847).
Aránzazu Navarro

Cuando este Viernes Santo la Hermandad de la Sangre de Cristo recree el abajamiento del Cristo de la Cama ante las puertas de San Cayetano, la Procesión del Santo Entierro arrancará tal y como se hacía casi desde sus orígenes, y volverá a recorrer las calles de Zaragoza como lo hace desde 1617. Será, quizá, la última oportunidad de poder admirar una función de la Pasión que no se hace desde 1834, y posiblemente no vuelva a repetirse por lo delicado de la talla del Cristo. Como tambien lo será poder admirar el paso del Cenáculo, de Luis y Vicente Muñoz (1827), en madera policromada, que habitualmente procesiona en Épila y que lo hará con la cofradía de La Eucaristía. Ninguna otra ciudad española realiza una procesión general que reúna y recopile todos los misterios de la Pasión de Cristo. A lo largo de seis horas, el Santo Entierro condensa el sentir de un duelo marcado a golpe de tambor, timbal, corneta, bombo, matraca y carracla, en el que participan más 16.000 cofrades de 25 cofradías, con la incorporación este año de una nueva, la del Jesús de la Soledad ante las Negaciones de San Pedro, y San Lamberto, bajo la organización y supervisión de la Hermandad de la Sangre de Cristo.

En sus 400 años de historia, la procesión solo ha dejado de salir en dos ocasiones, durante la ocupación francesa entre 1808 y 1814 y en la Segunda República, de 1932 a 1934. Y es a partir del incendio intencionado que tiene lugar en 1935 en el almacén donde se guardaban los pasos, y del atentado con bomba que sufrió la propia procesión, cuando se cambia a tal y como la conocemos hoy. Ese día, los ‘terceroles’ (encargados de sacar los pasos, llamados así porque llevaban tercerol) se pusieron en huelga y se negaron a participar en el recorrido. Fueron diversas asociaciones religiosas y de jóvenes, que solían salir procesionando tras los pasos, quienes se ofrecen para portarlos. En 1937, quienes llevan a la Virgen de La Piedad piden organizarse como cofradía filial de la Sangre de Cristo, y de esta manera comienzan a crearse las actuales. En su origen, la gran mayoría eran gremiales: los comerciantes, de La Dolorosa y San Joaquín, los ganaderos y agricultores, del Huerto...

La procesión como tal la organizan los hermanos ‘receptores’ de la Hermandad, de la que solo pueden formar parte 50 (levantan cadáveres en Zaragoza desde el siglo XIII), integrada también por la Sección de la Cama (16 miembros) que solo acompañan al Cristo; los Romanos, que siempre están junto a él; el Pueblo Hebreo que abre la procesión, y sale además el Domingo de Ramos con la Entrada de Jesús en Jerusalén; y casi la totalidad de las cofradías, como ‘filiales’.

Los pasos

La mayor parte de los pasos que procesionan son patrimonio de la Hermandad, que ya en 1790 sacaba 14 a la calle y hoy son 54. En su inicio fueron donaciones de la saga familiar de los marqueses de Osera y condes de Atarés (títulos que pertenecen ahora a la Casa de Alba), y, tras el desastre de Los Sitios, fueron encargándose nuevas imágenes a destacados escultores que eran sufragadas por suscripción popular, novilladas o mediante sorteos de una réplica policromada un poco más pequeña de las tallas de los paso que realizaban. Los hermanos Albareda, José Alegre, Antonio Palo, Manuel Calero, Tomás Llovet, Francisco de Borja, entre otros, realizaron magníficas tallas y composiciones que vemos hoy: el Ecce Homo, Jesús Atado a la Columna y Camino al Calvario, el Descendimiento, La Piedad, La Dolorosa, la Oración de Huerto, al Entrada de Jesús en Jerusalén, el Beso de Judas... Alas que se han ido uniendo con el paso de los años otras de reciente creación.

Ignacio Navarro, responsable de Patrimonio de la Hermandad, recuerda que el primer documento que da constancia del Santo Entierro data de 1617, aunque es posible que se celebrara ya antes. Inicialmente se realizaba el Sábado Santo, y su recorrido ha variado poco a lo largo de tiempo, aunque hay escasa información sobre ello ya que muchos de los documentos sobre su historia fueron quemados durante la Guerra de la Independencia en 1808, cuando fue incendiado el convento de San Agustín, donde se encontraban todos los pasos, y del que solo se salvó el Cristo de la Cama por el rescate heroico de María Blázquez, que atravesó las líneas francesas hasta lograr llevarlo al palacio de Palafox.

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