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Literatura

Use Lahoz: "Me interesan los personajes con desarraigo emocional"

El escritor catalán publica ‘Los buenos amigos’ (Destino).

Antón Castro. Barcelona Actualizada 03/11/2016 a las 12:02
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Use Lahoz en una foto de archivo.

Use Lahoz es autor de valiosa novelas como ‘Los Baldrich’, ‘La estación perdida’ y ‘El año que me enamoré de todas’ (Premio Primavera). Nieto de aragoneses, pasó muchos veranos inolvidables en La Hoz de la Vieja (Teruel) o en los Monegros. Y en su caso, el pasado siempre vuelve.
-Leo en algún sitio que esta novela ‘Los buenos amigos’ podría cerrar una suerte de trilogía con ‘Los Baldrich’ y ‘La estación perdida’.

-No sé si cierra o no una trilogía, lo que es seguro es que es una consecuencia de las otras dos novelas.  He pretendido que en ‘Los buenos amigos’ estuvieran todas las clases sociales, todos los sentimientos y todos los bandazos emocionales que nos concede la vida, y hacerlo en mi universo de siempre, en unos espacios (pueblos de Aragón, Barcelona) y tiempos (de los 50 a 1992) repetidos, porque ambos son de cambio.

-¿Cómo nace este libro, por qué le atraen tanto los personajes desarraigados?
-Nace de una imagen que vi hace unos años en un bar de Barcelona: una mujer arrodillada fregaba el suelo y dos hombres tras la barra la observaban en silencio. Me pareció anacrónica, fuera de época, y me pregunté qué podría haber entre ellos. Durante años fui tirando del hilo y me inventé unas vidas para ellos y para el que entraba en el bar, e imaginé el tenso reencuentro de dos viejos amigos. La lucha por la vida, la búsqueda de felicidad, son una obligación del ser humano. Hace poco presenté en París el último libro de mi admiradísimo Pisón…

-¿Se refiere a ‘La buena reputación’ (Seix Barral)?
Sí. Ignacio comentó que cuando la gente hablaba de novela histórica se centraba en las vidas de reyes importantes de tiempos remotos, y que a él no le gustaba eso, porque en todo caso le interesaría más cómo vivían los súbditos de un emperador que el propio emperador. Bien, estoy completamente de acuerdo. Al mismo tiempo, me interesan los personajes con desarraigo emocional, pueden ser ricos o pobres, pero si viven en guerra consigo mismo, mejor. Esos personajes, con conflictos emocionales, son a la postre los más interesantes para un escritor porque sabe que gracias a ellos la novela va a doler.

-Vayamos a sus parentescos con Aragón. ¿Qué supuso para usted La Hoz de la Vieja?
-La literatura es principalmente memoria. La experiencia es una de las herramientas que tiene el autor para crear una ficción. A mí los veranos fundacionales en el pueblo me han marcado profundamente. Tuve la suerte de asistir como observador externo a una realidad diferente y maravillosa en la que la nada se repartía. Yo me pasaba tres meses eternos en un mundo completamente opuesto (otro lenguaje -y otra lengua-, otros hábitos, otras comidas, otras costumbres, otros trabajos...) y, como cualquier niño, me pasaba el curso en el colegio de Barcelona deseando que llegara verano para volver con mis abuelos, mi bicicleta, mis amigos. No había nada que nos gustara más que ir al campo, y que nos dejaran ir a cosechar con los mayores, o ir a pastor, suponía un triunfo, la gran recompensa. Todo el que tenga un pueblo sabe que es una fuente de conocimiento impresionante y también de historias, porque las ausencias están muy vivas y se habla mucho y se recuerda mucho...

-En ‘Los buenos amigos’ también lo hace.
-En este caso reaparece Espalión, un pueblo inventado, que ya aparecía en La estación perdida, que yo ubico por los Monegros, más o menos, y que en realidad es una mezcla de varios pueblos que están en mi subconsciente y que aunque geográficamente estén alejados como la Hoz de la Vieja (Teruel)  y La Almolda o Bujaraloz (Zaragoza) en mi imaginación se unen.

-Rescátenos algunos de sus mejores recuerdos, ¿en qué medida nace allí el fabulador?
-Son muchos recuerdos y, como es lógico, ganan los buenos. La memoria es muy hábil y al final acaba siendo un cuento que nos vamos contando a nosotros mismos como queremos, cortando por aquí, embelleciendo por allá. Sin embargo, por ejemplo, hay uno que es fundamental para esta novela, y es el incendio de un corral de mis abuelos. Nunca nadie supo qué pasó. Eran las fiestas de la Hoz, en agosto, y de pronto parece ser que desde la plaza, mientras tocaba la orquesta, se empezaron a divisar las llamas...  Yo no me enteré de nada porque era pequeño y se ve que estaba dormidísimo, pero tengo muy viva la desolación que reinaba en casa y en el pueblo.  Cuando escribes acudes a la memoria y un pequeño recuerdo como este puede resultar imprescindible. No obstante, los personajes de esta novela tienen una relación extraña con sus pueblos de origen: Sixto pretende borrarlo, pero Vicente acude al suyo en busca de amparo.

-¿Cómo definiría a Sixto y Vicente, amigos de jóvenes, alejados luego por una mujer?
-Son dos chavales huérfanos que se encuentran en un orfanato de Barcelona. Son niños, tienen esa edad, entre ocho y diez años, en la que es fácil idealizar al de al lado, que no es como es, sino como la mirada lo inventa.

-No vamos a contar toda la novela, ni siquiera desvelar demasiado… pero sí querríamos saber: ¿Qué es más poderoso: el amor o la amistad?
-Yo creo, como decían los griegos, que la amistad es de las mayores recompensas que te puede dar la vida. Ellos la llamaban "Philia", y recomendada tener entre tres y nueve amigos, no más, y tampoco menos. Por eso en esta novela son dos, porque así el conflicto está asegurado. Muchas veces los grandes amores vienen precedidos de una bonita amistad.

-¿Qué es lo que no se le perdona a un amigo?
-Esta pregunta es complicada... supongo que debe de haber muchas cosas, lo que está claro es que siendo como es una bonita recompensa, la amistad no conviene traicionarla.

-¿Cómo es Lucía, acaso el motor de la novela, o uno de sus estímulos principales?
-Lucía Barrachina es, junto a la francesa Cécile, mi personaje favorito en cuanto a la emotividad que transmite. Ellas dos viven la amistad más limpia de la novela. Lucía tiene un arco de transformación muy grande, y representa como ninguna la lucha por la vida, la luminosa y desnortada derrota de los perdedores. Cuando se da cuenta que el amor no es como lo imaginaba, se agarra a la amistad para seguir adelante.

-Sorprende la evolución de Sixto: ese acercamiento al cine del destape, ese viaje a una España no sé si sórdida o frívola.
-Vidal Surós, otro personaje del libro, le dice en un momento dado a Sixto que los negocios siempre hay que llevarlos a cabo en un país que esté creciendo económicamente. Surós es muy hábil, atento a las necesidades de la gente y a los cambios que venía experimentado este país desde los 50, que son muchos, y a todos los niveles: geográficos, demográficos, de mentalidad, de costumbres. Lo interesante para mí de este negocio de Sixto era como se enfrentaba y convivía su mujer, Ramona Duch, con él y con el aura de misterio que transmitían. La novela es literariamente ambiciosa por la cantidad de mundos contrapuestos que hay, la empresa, el pueblo, la publicidad, las comunas hippies, el orfanato, el hotel, el barrio chino, los curas progres y rojos de la transición, etc.

-¿Cuál es el tema del libro en el fondo: la ambigüedad moral o la fragilidad del ser humano?
-Para mí el gran tema de la novela es la lucha de clases, y en torno a él surgen todos los demás, la amistad traicionada, la imposibilidad de sostener sentimientos, la familia como cárcel o como amparo, etc. Para mí, lo más determinante de una historia, son los dilemas morales a los que se enfrentan los personajes.

-¿Concluye en ‘Los buenos amigos’ que, en el fondo, todos somos extranjeros ante los demás y quizá ante nosotros mismos?
-No sé si ante nosotros mismos, pero como le dice una de las monjas a Sixto, lo importante es dormir sin culpa. Él no lo conseguirá. Todo el mundo esconde algo, y eso no me parece grave, lo malo es querer saberlo todo del otro, porque conocer del todo a alguien es imposible.

-¿Por qué le interesa tanto la fatalidad?
-La fatalidad es un gran tema literario, García Márquez lo maneja magistralmente en una de mis lecturas fundacionales: ‘Crónica de una muerte anunciada’. Me interesa como me interesan los temas de las grandes novelas que me han impresionado, el amor, la familia, la guerra, el dinero... los temas son casi siempre los mismos... en este caso, si quería tratar el delicado destino humano, era inevitable que apareciera.

-De nuevo ha querido hacer como una novela canónica, de ecos decimonónicos. ¿Es ese estilo, ese formato, ese modo de contar tan flaubertiano donde se siente más cómodo?
-Un escritor es su estilo: cómo cuenta una historia...  Creo que la novela digamos realista tiene una capacidad de ensoñación deslumbrante. Pero en verdad no creo que sea un escritor tan decimonónico como me dicen. Creo además que esta novela tiene una estructura bastante arriesgada, y  una mezcla de géneros... pero sí, mis influencias son variadas, pero dentro de la ficción auténticamente "realista", que considera la vida un material muy digno para ser novelado, y ahí están Pisón, Bolaño, Marsé, Eugenides, Flaubert...

-¿Por qué escribe Use Lahoz? ¿En qué medida la literatura es sinónimo de insatisfacción o de anhelo de perfección?
-La insatisfacción es el motor de la creatividad, una novela se escribe escribiéndola muchas veces, equivocados y corrigiendo, y creo que un escritor compite contra sí mismo y escribe para intentar hacerlo mejor en cada novela. Del mismo modo que la ficción, la lectura, me descubrió todos los comportamientos del ser humano y fue una educación imprescindible para mí,  la escritura me sigue equilibrando y hace que tenga conciencia de todo ello.

LA FICHA
‘Los buenos amigos’. Use Lahoz. Destino: Colección Áncora y Delfín. Barcelona, 2016. 736 páginas. Presentación esta tarde, a las 20.00, en Los Portadores de Sueños. Con Ismael Grasa.
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