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«Mis novelas son una ventana a la esperanza»

El escritor turolense presenta su última novela, 'El ángel perdido', en la que ha invertido siete años y ha recorrido medio mundo.

Javier Sierra, con su última novela en la mano, posa en la plaza del Obradoiro en Santiago de Compostela
Javier Sierra: «Mis novelas son una ventana a la esperanza»
EFE

Tras el clamoroso éxito de 'La cena secreta', traducida a 43 idiomas y 'top ten' de la lista de los libros más vendidos en Estados Unidos, el turolense Javier Sierra vuelve con 'El ángel perdido', una novela con intriga y adrenalina, que cuestiona mitos y creencias y con la que quiere «dar esperanza».

«En un mundo como este, cada día mas materialista, creo que mis novelas son ventanas a la esperanza. Juego con las estrategias: hay intriga, acción, porque la sociedad es adicta a la adrenalina, pero continuamente estoy inyectando elementos para la reflexión», explica Sierra, para quien la literatura es «tan poderosa como una bomba».

Una declaración de intenciones hecha en la plaza del Obradoiro de Santiago, lugar donde arranca la acción de 'El ángel perdido', publicada por Planeta, la novela que presenta el autor en diferentes escenarios, como Noia y Finisterre, y que desde el próximo lunes le llevará a más de 40 ciudades, en un recorrido de más de 10.000 kilómetros con el 'Sierra bus'.

Una presentación a lo grande, a la americana, porque Sierra ya tiene experiencia en ello; no en vano, ya hizo una ruta norteamericana con 'La cena secreta' y los derechos de 'El ángel perdido' los compró antes la acreditada editorial estadounidense Simon & Schuster que Planeta.

'El ángel perdido' arranca en la catedral de Santiago en la noche de Todos los Santos. Allí Julia Álvarez trabaja en la restauración del pórtico de la gloria, cuando un extraño, de lenguaje "raro", la aborda y se ven mezclados en un tiroteo. Un agente de la Agencia Nacional de Estados Unidos le explica después que ha sido enviado a España porque su marido, un afamado climatólogo, ha sido secuestrado entre la frontera entre Turquía e Irán.

Así comienza este trepidante relato, en el que Sierra ha invertido 7 años y ha recorrido medio mundo. Ha escalado el Ararat, donde dice la leyenda que están los restos del arca de Noé, con Pérez de Tudela, y ha visitado Irán, Armenía y Turquía.

Además ha buceado en figuras como Newton, Swedenborg, Paracelso, Bacon o el matemático, astrónomo y geógrafo de la Reina Isabel II John Dee, quien ideó el lenguaje de los ángeles para comunicarse con ellos y quien ha inspirado al escritor.

«Todo ello -dice Sierra- para intentar responder a la pregunta de quiénes somos y de dónde venimos. No de adónde vamos», bromea el autor.

Y es que a Javier Sierra le interesan los relatos esenciales de la humanidad y para ello busca en los símbolos y arquetipos, de los que ya habló el psicoanalista Jung. «En esta novela, además de los ángeles y las piedras milenarias, está, entre otras cosas, el relato del diluvio, y es que creo que la repoblación de la tierra después de la catástrofe tiene mucho que ver con el tiempo que estamos viviendo hoy», explica.

Y continúa: «Vivimos una época de apocalipsis, la gente siente que todo cambia y se hunde: los bancos, el empleo o el cambio climático..., y acudí al relato del diluvio para encontrar en la formula antigua lo que pasa ahora. Lo equiparo en el libro con un hecho muy actual, que es el apocalipsis solar, la tormenta que preocupa tanto a la NASA por el temor de que un apagón solar termine con nuestro sistema de comunicaciones. Y la idea es que el ser humano sobrevive a todo», recalca.

Convencido de que la literatura tiene la posibilidad de cambiar la mentalidad de la gente, Sierra mantiene que nos perdemos en los estereotipos, como en el caso de los ángeles.

«Entendemos por ángeles -aclara- la imagen iconográfica de la criatura con alas, sin sexo, tocando el arpa y eso no está escrito ni en El Antiguo Testamento, donde me he basado; en los ángeles que visitaron a Lot para prevenir destrucción de Sodoma y que fueron confundidos por los habitantes de Sodoma, en los que fueron a visitar a Abraham o el ángel que se pegó con Jacob».

"Es decir, gente que podría pasar desapercibida, una idea interesante; no por peregrina, sino porque te obliga a mantener los ojos abiertos. Dudar hace que la vida tenga colores mas intensos", matiza.

Una novela, en definitiva, de largo recorrido y cuyo alcance, en palabras del autor, se tendrá que ver en cien años. «En España la literatura se lame mucho las heridas. Mis novelas invitan al tránsito y para entenderlas hay que abandonar ese concepto hiperrealista de la literatura española muy pegado al duelo. Creo que las heridas están limpias y lo que queda ahora es volar», concluye.

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