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ELECCIONES CATALANAS

CiU triunfa tras la debacle del tripartito

La candidatura de Artur Mas se queda a seis escaños de la mayoría absoluta. El PSC de José Montilla obtiene el peor resultado de su historia en Cataluña. El PP se convierte en la tercera fuerza, ERC se hunde y Laporta logra cuatro escaños.

Artur Mas besa a su esposa en presencia de Jordi Pujol en la celebración del triunfo electoral.
CiU triunfa tras la debacle del tripartito
LLUIS GENé/AFP

Cataluña cerró ayer en las urnas, con una participación mayor de la esperada, el capítulo más reciente de su historia. Mientras el tripartito se transformaba en materia de estudio para cronistas del pasado, Convergència i Unió lograba una mayoría suficiente para gobernar durante la próxima legislatura. Después de las victorias insuficientes de 2003 y 2006, el acceso de Artur Mas al Palau de la Generalitat es hoy más inminente que nunca. Hasta ahí las certezas que los sondeos ya habían anunciado.

Porque la jornada electoral volvió a demostrar la relativa fiabilidad de la demoscopia, que percibió la tendencia general pero no afinó en determinados flecos sumamente reveladores. El más llamativo, el auge del Partido Popular, que gozará de su representación más nutrida desde la recuperación de la cámara catalana en 1980. Con 18 escaños, la formación conservadora supera su mejor cosecha, recogida en 1995, cuando cierto desgaste del liderazgo de Pujol coincidió con el ocaso del socialismo que acaudillaba Felipe González en Madrid.

La subida del PP al tercer cajón del podio electoral supone la causa y a la vez la consecuencia del hundimiento de ERC. Los republicanos, hasta ahora portavoces señeros del independentismo catalán, deberán adaptarse a su nueva representación: 10 diputados, menos de la mitad de los que ostentó en los últimos cuatro años. De tercera fuerza más votada en 2006, Esquerra degradó ayer su rango hasta la quinta posición, no solamente superada por el PP sino también por Iniciativa, la formación del difunto tripartito que mejor aguantó el tipo.

 

Un triple mensaje

Desde el comienzo de la campaña, la batalla por la tercera posición se adivinó como definitoria, especialmente en un marco de mayoría simple de CiU como el que ayer manó de las urnas. La innegable victoria del PP en su particular cara a cara con ERC emite un triple mensaje. Primero, la sensación de que los catalanes han colocado la lucha contra la crisis económica por delante de las cuestiones identitarias en el orden de las prioridades colectivas. Segundo, una postal catalana con matasellos hacia la madrileña calle de Génova, donde se interpreta semejante subida -en un territorio clásicamente refractario al PP- como el primer éxito del ciclo electoral que continuará con las municipales de 2011 y concluirá con las generales de 2012. Y en tercer lugar, un recado para Artur Mas, quien deberá mirar hacia los populares cuando busque acuerdos puntuales.

Y es que Mas dispondrá de una mayoría amplia, pero a seis diputados de la absoluta. En cualquier caso, sus 62 escaños permiten intuir un gobierno fuerte, apoyado coyunturalmente por otras fuerzas parlamentarias, como el PP, ERC o incluso el PSC. La 'geometría variable' que ha alumbrado Rodríguez Zapatero en el Congreso desembarca así al otro lado del puente aéreo.

Al margen de la aritmética del 'Parlament', la autoridad con la que CiU ganó ayer fue demoledora. Se alzó victoriosa en todas y cada una de las 41 comarcas catalanas, incluida el Barcelonés y el Baix Llobregat, tradicionales hebillas que anudaban un 'cinturón rojo' de la capital cada vez más azulado. En la propia Barcelona, feudo socialista desde la Transición, solo un distrito (Nou Barris) resistió irreductible cual aldea de Astérix ante el avance convergente.

Incógnitas por resolver

Dos dudas se ciernen sobre el verdadero carácter de la formación motor del próximo cuatrienio en Cataluña. Por un lado, y en el marco de la crisis económica, la vieja concepción socialcristiana promovida por Pujol está dejando paso en la federación nacionalista a posturas más liberales. Por otro, y en el ámbito de la dualidad identitaria, queda por ver si la aspiración a un concierto económico de corte vasconavarro (y difícil consecución en Madrid) servirá para contentar al sector soberanista, al que el propio Mas pertenece. Ayer abundaban las banderas independentistas en la celebración de CiU.

Precisamente, esa alma secesionista de CiU se pudo beneficiar de la debacle de ERC, si bien el tránsito de votos más llamativo se registró entre las filas socialistas, que solo sumaron 568.000 sufragios: la mitad de los votos que CiU y 230.000 menos que hace cuatro años. El PSC, castigado por la crisis económica, lastrado por la baja popularidad de Zapatero y desprestigiado tras dos tripartitos, firmó los peores resultados de su historia mereciendo apenas 28 escaños. El escrutinio de 1980 había deparado cinco asientos más. Los analistas políticos ya apuntan al PP como principal beneficiario del descontento en el seno del PSC, que sustituirá en un próximo congreso a Montilla como secretario general y se enfila ya al siguiente reto: mantener la Alcaldía de Barcelona.

Al margen del crecimiento popular, la jornada dejó otras dos sorpresas. La participación, en contra del temor generalizado, se elevó hasta casi el 60%, calcando la media de los ocho comicios catalanes anteriores. Ello, según algunos observadores, complicaba la entrada de nuevas siglas. Pero los independentistas, acaudillados por el ex presidente del Barça Laporta, irrumpieron con fuerza en el recuento. Solidaritat Catalana superó en escaños (aunque no en votos) a la constitucionalista Ciutadans. Ambos partidos, en las antípodas ideológicas, compartirán codo a codo los asientos del grupo mixto. Con esta novedad serán ya siete los partidos con presencia en el 'Parlament'.

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