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Podemos recrudece sus contradicciones en el momento crítico de la legislatura

Un año después de que Iglesias abandonara el liderazgo, la formación morada sigue buscando su sitio mientras Díaz se abona a la evanescencia.

Presentación del libro 'Verdades a la cara' del exsecretario general de Podemos, Pablo Iglesias
Pablo Iglesias.
JUANJO MARTIN

El 5 de mayo de 2021, cuando Pablo Iglesias paladeó un vaso de whisky y se fumó un cigarrillo de tabaco de liar en su chalé de Galapagar para celebrar su despedida de la política activa, Podemos inició un viaje sin otro rumbo definido más que la pura supervivencia. El partido morado se quedaba huérfano del superliderazgo en el que había crecido durante siete años de vida y se lanzaba a buscar su sitio con la ventaja de estar pisando la alfombra del Consejo de Ministros. Pero por aquel entonces tal vez no preveía seguir un año después prácticamente en el mismo punto.

El socio minoritario del Gobierno incluso cuenta con dificultades añadidas. En estos doce meses ha constatado que su mayor referente y única baza electoral, Yolanda Díaz, no está dispuesta a comulgar con ruedas de molino; que la sangría de votos no se ha podido taponar, como se vio en Castilla y León y se augura en Andalucía; y que la alternativa a su participación en el Ejecutivo, una eventual ruptura de la coalición, sería el peor de los escenarios. Así que, en esa continua búsqueda de su lugar, Podemos se ve abocado a la gestión permanente del dilema y la contradicción.

Las últimas semanas son claro ejemplo de ello. Cuando todavía no se habían acallado los ecos del envío de armas a Ucrania y del inesperado giro de Pedro Sánchez en torno al Sáhara Occidental, el estallido del 'caso Pegasus' ha recrudecido de pronto el ya delicado juego de equilibrios. La presunta operación de espionaje a dirigentes independentistas catalanes y vascos somete a una importante prueba de estrés a los morados. Se enfrentan al reto de justificar su permanencia en un gabinete que habría ordenado las investigaciones mientras los socios parlamentarios redoblan su presión y ponen la legislatura en jaque.

Aunque en Podemos consideran que no hay peligro de un fin precipitado del mandato, la incomodidad por este caso es evidente porque siempre han abanderado la lucha contra «las cloacas del Estado». Los dirigentes morados se han sumado a la petición de explicaciones e incluso a la depuración de responsabilidades, exigidas por el independentismo, pero evitan reclamar abiertamente la cabeza de Margarita Robles, excepto algunas voces puntuales como su organización en Euskadi. En realidad, en la cúpula diagnostican que la presencia de la ministra de Defensa en el Ejecutivo les ayuda a marcar perfil propio y a sacar la cabeza con sus habituales rifirrafes con Ione Belarra.

Diferencias con Díaz

La gestión del 'caso Pegasus', además, ha servido como enésima muestra de la diferencia de estilos entre Yolanda Díaz y Podemos. Si en el partido hablan de que «no se puede esperar más» para que «rueden cabezas», la vicepresidenta segunda adopta posiciones mucho más cercanas al sector socialista del Gobierno como la defensa del trabajo «serio y riguroso» para esclarecer los hechos. Todo mientras su proyecto político permanece en la evanescencia para desesperación de los morados, que afrontan un nuevo brete electoral en Andalucía.

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