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Las diferencias en torno a la Conferencia de Presidentes empañan el fin de curso político

La convocatoria de la cita no gusta a los dirigentes del PP, mientras que Vara y Page esperan que el encuentro no derive en una "jauría política".

Imagen de la XXIII conferencia de Presidentes
Imagen de la XXIII conferencia de Presidentes
Imagen de la XXIII conferencia de Presidentes

La fecha, el formato, el contenido, las ausencias... A falta de cinco días para la cita, el anuncio oficial de la convocatoria de la XXIV Conferencia de Presidentes, que se celebrará este viernes en el Convento de San Agustín de Salamanca, ha vuelto a poner a buen número de dirigentes autonómicos en contra del Gobierno. El enésimo enfrentamiento desde el inicio de la crisis sanitaria, sobre todo entre Moncloa y las comunidades gobernadas por el PP, y que empaña el final del curso político.

A lo largo de toda la pandemia, este encuentro entre presidentes, que se celebra desde 2004, ha servido para coordinar el mando único sanitario, la financiación autonómica o el reparto de los fondos europeos. En total, 17 reuniones telemáticas debido a la covid-19 desde marzo del año pasado (la última presencial se celebró hace un año, el 31 de julio en La Rioja), en las que las diferencias habían aflorado, pero siempre remando en la misma dirección: doblegar la curva del coronavirus. Sin embargo, en esta ocasión, el desdén ha ido a más, e incluso algunos barones socialistas, como el extremeño Guillermo Fernández Vara, tacharon la cita de "gran espectáculo" que va más allá de lo ideológico.

Vara ya censuró hace unas semanas las "poses" de los independentistas y minimizó el plante del president de la Generalitat, Pere Aragonès, que no acudirá a Salamanca este viernes. "Él se lo pierde", dijo. Para el presidente extremeño, la conferencia se ha convertido en una suerte de competencia por llevar la contraria al resto de dirigentes. "No podemos decir nada ninguno que sea igual al de la comunidad de al lado, no vaya a ser que alguien piense que somos gente normal", señaló. Su compañero socialista y jefe del Ejecutivo manchego, Emiliano García-Page, se mostró igual de crítico con sus homólogos y espera que el evento no desemboque en "una jauría política" ni sirva para que los líderes autonómicos tengan su particular "minuto de gloria".

Desde el PP afean a Aragonés por su plantón y lo aprovechan para cargar contra el Gobierno. En una entrevista en Onda Cero, el portavoz nacional del partido y alcalde de Madrid, José Luis Martínez-Almeida, exigió a Sánchez que no acceda a sentarse con él en una mesa bilateral por "respeto a las instituciones".

Por su parte, el presidente de Murcia, el también conservador Fernando López Miras, considera que la reunión está "falta de contenido" y que estos encuentros serían "mucho más útiles" si, en lugar de reducirlas a una "foto bonita y a una reunión de dos o tres horas en las que cada uno da su opinión", se pudiera hacer un encuentro "con fondo, no solo con formas".

Críticas al formato

La presidenta de la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso, fue la primera en levantar la voz contra la convocatoria y amenazó el viernes pasado con no volver asistir hasta que estos encuentros empiecen a "ajustarse a reglamento". Ella misma ya reconoció en anteriores que esta herramienta le parecía "necesaria", sobre todo en el contexto de la covid-19, pero esta ocasión critica que no se tenga en cuenta la opinión de los dirigentes autonómicos: "Nos dan cinco minutos acotados para tratar el reto demográfico, los fondos europeos o la situación de las vacunas".

En la misma línea, el presidente de la Xunta, Alberto Núñez Feijóo, directamente cree que la cita del viernes en Salamanca "no es una Conferencia de Presidentes". "Es otro formato, un formato informal en el que el presidente nos cuenta algunas cosas, algunas que ya sabemos", zanjó este sábado.

En el País Vasco, aún planean las dudas sobre si el lehendakari, Iñigo Urkullu, cuya relación con Pedro Sánchez no se encuentra en su mejor momento, asistirá o no a la conferencia (el año pasado anunció su presencia en el último minuto). La dirigente del PSE, Idoia Mendia, le pidió acudir para "defender los intereses de los vascos", aunque sea, añadió, para "discrepar".

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