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Vacas locas, ébola, gripe aviar... ¿cómo actuamos ante otras crisis?

Ninguna epidemia reciente había tenido un impacto tan fuerte en la sociedad española como el coronavirus.

Personal sanitario especializado en el hospital donde permanece ingresada Teresa Romero.
Personal especializado desinfecta el domicilio de la enfermera Teresa Romero durante la crisis del ébola

Queda lejana la crisis del ébola, aquella que en el verano de 2014 centró los focos mediáticos y que concluyó con el fallecimiento de dos religiosos españoles y el pormenorizado seguimiento del contagio de una enfermera madrileña y del sacrificio de su perro. Fue la última gran amenaza sanitaria. Antes, la humanidad en su conjunto y la sociedad española en particular, superaron otras epidemias como el mal de las vacas locas, la gripe A (o porcina), el SARS o la gripe aviar. Ahora la preocupación mundial se llama Coronavirus, una pandemia que ha obligado a decretar el estado de alarma debido a la escalada de contagios y muertes en los últimos días.

La coyuntura, por desconocida y por el tipo de medidas adoptadas. El Gobierno central, los autonómicos y municipales están tomando decisiones drásticas como el cierre de instalaciones públicas, la anulación de vacaciones de los enfermeros y médicos, la suspensión de oposiciones, el teletrabajo de miles de empleados públicos o la prohibición de desplegar terrazas y veladores, entre otras muchas indicaciones de obligado cumplimiento. En pleno confinamiento casero cabe preguntarse cómo se atajaron, desde el punto de vista social y científico las crisis anteriores. Cada una tuvo sus propios protocolos, en ocasiones invisibles para la ciudadanía, según explica Juan José Badiola, director del Centro de Encefalopatías y Enfermedades y miembro del grupo de trabajo del Ayuntamiento de Zaragoza para abordar el covid-19.

Vacas locas

La encefalopatía espongiforme bovina dejó cinco muertos en España. “Fue un problema diferente, de tipo alimentario, a diferencia de los posteriores. La gente dejó de fiarse de lo que comía, creando una enorme desconfianza en las familias, por lo que hubo un gran impacto en el consumo. En la lonja de Binéfar, la carne de vacuno llegó a cotizar cero, no se compraba ni vendía”, recuerda Badiola, que se convirtió en una figura de gran peso para el Gobierno central. “La repercusión económica, social y política fue la más parecida a la actual y acabó teniendo grandes consecuencias. Cayeron ministros en muchos países europeos”, rememora. Para el experto, la clave en aquel momento fue el liderazgo de la Comisión Europea: “Hizo un plan de vigilancia y control que fue un absoluto éxito, fundamentado en tres pilares: identificación de casos, búsqueda del origen en cada uno y destrucción de los tejidos peligrosos. Fue un plan que logró casi erradicar la enfermedad y mediante el que se analizaron millones de vacas en los mataderos”, concluye. El papel de Badiola en la gestión de la crisis fue, por cierto, alabado en la biografía de Mariano Rajoy, recientemente publicada.

Gripe aviar

El virus de la gripe aviar afectó a finales de 2005 a varios países en el sureste asiático. La FAO alertó de que el virus podía ser transportado a través de las rutas migratorias de las aves acuáticas silvestres hacia Oriente Medio, Europa, el sur de Asia y África. Finalmente dejó 153 fallecidos. “Fue una catástrofe anunciada que luego no se produjo. Empezó en China también y se propagó, pero no alcanzó el nivel de la pandemia actual. Si hubiera avanzado más, habría sido realmente letal. En España hubo apenas un par de casos y no hizo falta que el Gobierno interviniese más allá de un programa de vigilancia”.

Gripe A o gripe porcina

En opinión del catedrático, los rasgos básicos de la gripe porcina son parecidos a la del actual covid-19: “Vino de México y USA, y alcanzó las mismas características de propagación del actual coronavirus, aunque pocos derivaron en neumonía. Fue una auténtica pandemia, si bien ya se había aprendido de la gripe aviar. La suerte que tuvimos es que resultó poco letal”. En aquel caso, “las medidas que se adoptaron no superaron la vigilancia clásica y no se llegaron a plantear medidas especiales como las que estamos viendo en estos momentos, que por necesarias no dejan de resultar impactantes para mucha gente”.

Síndrome respiratorio por coronavirus de Oriente Medio (MERS)

Tampoco el Síndrome respiratorio por coronavirus de Oriente Medio de 2012 motivó protocolos ni obligaciones especiales en España. El número total de casos de infección  confirmados mediante pruebas de laboratorio que fueron notificados a la Organización Mundial de la Salud a nivel mundial fue de 2.468, de los que 851 fueron mortales, la inmensa mayoría en Oriente medio. Por el momento no se han desarrollado vacunas ni tratamientos específicos para el MERS; solo se puede administrar un tratamiento de apoyo basado en el estado del paciente.

Brote de ébola

“Fue un caso particular. No la sentí, en líneas generales, como una gran crisis”, apunta Badiola, pese al gran seguimiento que le dieron los medios de comunicación y los partidos entonces en la oposición. “Aquel caso tendría que haber servido para aprender que, si bien nuestro sistema sanitario está basado en la asistencia para el tratamiento y curación de enfermedades esporádicas, vivimos en un mundo global, con mucho tránsito de personas y mercancías, lo que favorece los contagios, así que tenemos que multiplicar nuestra dedicación a la salud publica. El brote de ébola fue un problema de salud pública. Por eso es necesario un mayor esfuerzo en tener gente continuamente preparada y entrenada, sin improvisaciones. Hay que hacer simulacros y entrenamientos para estar más preparados y frenar situaciones como la actual”. A nivel global, hubo más casos y más muertes en el brote de ébola que en todos los demás juntos: 11.300 fallecidos y más de 28.500 personas contagiadas a fecha de enero de 2016.

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