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Los italianos, en peligro de extinción

El Gobierno que salga de las elecciones deberá buscar soluciones al enorme desplome poblacional del país, que perderá cinco millones de habitantes para 2050.

Monumento del Altar de la Patria en el centro de Roma
Monumento del Altar de la Patria en el centro de Roma
Pixabay

Los italianos están en peligro de extinción. La baja natalidad, unida a una población envejecida y a la menor capacidad para atraer a inmigrantes respecto a otros países europeos, van provocar que Italia reduzca en 5 millones su población en 2050. Se pasará así de los poco más de 59 millones actuales a 54 millones a mitad de siglo, que podrían reducirse hasta los 47 millones en 2070 si continúa la actual tendencia, según las previsiones oficiales. Los perniciosos efectos económicos y sociales de esta reducción en el número de habitantes, que ya barruntaban los expertos desde hace años pero que se ha acelerado con la pandemia, han propiciado que se acumulen las voces de personalidades importantes que advierten sobre la debacle demográfica que parece esperarle a Italia.

A los lamentos del presidente de la República, Sergio Mattarella, y del Papa Francisco, que ya se habían manifestado repetidas veces sobre este problema, se unió recientemente incluso Elon Tusk, fundador de Tesla y SpaceX. Al comentar en las redes sociales la caída de la natalidad que se registra desde los años 60 en Italia, donde el año pasado hubo 400.000 nacimientos, una cifra que no se veía desde la Segunda Guerra Mundial, Tusk afirmó que el país "se quedará sin gente si esta tendencia continúa". El multimillonario estadounidense consideró que, aunque apenas se hable de ello, el "mayor problema que el mundo afrontará dentro de 20 años es el desplome de la población".

En su plan de reactivación económica tras la pandemia, valorado en 221.500 millones de euros, financiados en buena parte por la Unión Europea, el Gobierno saliente de Mario Draghi incluía diversas ayudas y exenciones fiscales para animar a que las familias jóvenes tengan hijos. También los partidos que se presentan a las elecciones generales del próximo domingo han hecho promesas en la misma línea, aunque relegando este tema a uno de los asuntos secundarios de la campaña. Las medidas parecen insuficientes en un país donde criar a un hijo hasta los 18 años cuesta una media de 175.000 euros, según las previsiones de la asociación Federconsumatori. Es una auténtica fortuna para las generaciones jóvenes, lastradas por el desempleo, la precariedad laboral y los bajos sueldos. A diferencia de otras naciones europeas como Francia o Alemania, las medidas para conciliar la crianza con el trabajo resultan irrisorias, por lo que las familias italianas se ven obligadas a apoyarse en los abuelos, si los tienen y viven cerca, para ayudarles con los pequeños.

"Hay un deseo de maternidad muy fuerte que no puede satisfacerse. Las parejas querrían tener dos niños, pero estamos anclados en 1,25 hijos por mujer porque el contexto no lo permite", explica Marco Marsili, experto del Instituto oficial de Estadística de Italia (Istat). "Con la maternidad ocurre algo similar a lo que pasa con los inversores: invierten cuando tienen buenas perspectivas, pero si hay un cuadro general de incertidumbre, no lo hacen o retrasan la decisión. Es lo mismo que ocurre con las parejas".

Entre las consecuencias del desplome demográfico, este investigador destaca el impacto que sufrirá el PIB. Este indicador lleva años cayendo en Italia con más fuerza que en otros países europeos en las fases recesivas de la economía, mientras que crece con más debilidad en los momentos de expansión general. "Para una población que declina resulta casi imposible mantener el mismo nivel de PIB. Sería necesario que se produjera un aumento de la productividad per cápita para contrarrestar la disminución en el número de habitantes", sostiene Marsili. De cara a 2050 el envejecimiento será otro grave problema, pues la población en edad laboral significará entonces poco más del 50% del total, frente a las dos terceras partes que supone ahora. Será además de 3 a 1 la relación entre mayores de 65 años y menores de 14 años.

Pese a estos malos augurios, el experto del Istat rechaza hablar de 'bomba demográfica' y pide que se creen las "condiciones necesarias" para adaptarse a la nueva situación."Hay que prepararse. Primero debemos facilitar que los jóvenes puedan tener hijos. Ellos son el futuro", apunta. También aboga por duplicar el número de inmigrantes que cada año llegan a Italia y propiciar su integración social y laboral, aunque teniendo siempre en cuenta que tanto esta variable como un posible repunte de la natalidad solo mitigaría en parte una tendencia que resulta imparable.

"Italia es un país precursor desde el punto de vista demográfico por el alto nivel de esperanza de vida, baja natalidad, discreta inmigración y fuerte envejecimiento. España está en una situación similar y otros países como Francia, Alemania y Reino Unido no tardarán en seguir sus pasos", sostiene Marsili, que considera que su nación está en la vanguardia de las tendencias demográficas que rigen hoy en el planeta. "Naciones Unidas ya no prevé que la población mundial siga creciendo a un ritmo exponencial, como hemos conocido hasta hoy. Se empieza a vislumbrar un escenario en el que en 2.100 comience a reducirse la población mundial".

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