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Piden a Putin declarar la "guerra" total en Ucrania y ordenar la "movilización general"

Diputados del partido Rusia Unida y comunistas exigen reclutar a los mayores de edad y el Kremlin lo rechaza.

Foto de archivo de Putin en el pasado desfile del Día de la victoria.
Foto de archivo de Putin en el pasado desfile del Día de la victoria.
SPUTNIK

"¿En qué se diferencia una operación militar especial de una guerra? Se puede detener la operación militar en cualquier momento. No puedes detener la guerra: termina en victoria o derrota. Hay una guerra y no tenemos derecho a perderla". Gennadi Ziuganov, líder del Partido Comunista, personificó este martes en el Parlamento ruso la exigencia de rendición de cuentas que concejales, veteranos exmilitares, editorialistas, diputados y senadores -una parte de ellos adscritos a su propio núcleo duro- han comenzado a dirigir al presidente, Vladímir Putin, hasta ahora herméticamente protegido de las críticas por la invasión de Ucrania gracias a las leyes contra todo aquello que "desacredite al Gobierno".

Pero ese amplio paraguas parece haberse agrietado. En su entorno, y entre diferentes líderes de opinión adeptos a la estrategia oficial, se cree que es necesaria una "movilización general" para alimentar de soldados las unidades desplegadas en el frente y cambiar el curso de la invasión. La vergonzosa retirada de Járkov este pasado fin de semana ha generado la sensación de que la guerra no solo está estancada, sino que puede prolongarse 'ad infinitum' sin un golpe en la mesa.

El jefe del Kremlin se resiste a una medida de este calado y este mismo martes su Gobierno volvió a rechazarla por la impopularidad que acarrearía enviar a luchar a los hijos, maridos y mujeres de las familias rusas. Aparte de que daría carta de naturaleza como guerra en toda regla a un conflicto que el Kremlin ha preferido enfocar en todo momento como una operación de rescate de unos enclaves separatistas oprimidos por Kiev.

Diferentes políticos electos de Samara y Novogod se unieron al casi centenar de concejales de 18 distritos de Rusia que han firmado la carta en la que exigen la dimisión de Putin e incluso le acusan de "traición" por conducir al país a un drama humano y una asfixia económica. Pero ha sido la declaración en la Duma de Gennadi Ziuganov la que ha roto el candado de la caja de los truenos. Por primera vez ha llamado guerra a la conceptual 'operación especial' de Putin.

El Partido Comunista es uno de los dos que le sustentan al frente del Ejecutivo. El otro es su propia formación, Rusia Unida, cuyo diputado Mikhail Sheremet -adscrito al comité de seguridad del Parlamento- ha reclamado también movilizar a todos los mayores de edad. Los diputados de este comité han propuesto incluso que los ciudadanos con tres o más hijos menores a su cargo firmen un contrato para ingresar en la reserva de movilización, cuando hasta ahora disfrutaban automáticamente del derecho a no ser llamados a filas.

"No hay que asustarse. Necesitamos una movilización completa del país, necesitamos leyes completamente diferentes", reclamó Ziuganov. "Sin la movilización total, incluida la de la economía, no lograremos los resultados adecuados (en Ucrania). Hoy la sociedad debe estar lo más consolidada posible y propositiva para la victoria", remachó Shremet, que incluso fue un poco más lejos al sugerir la aplicación de una economía de guerra.

La presión, al menos en estas primeras horas tras la debacle de Járkov, no ha hecho aparente mella en el Kremlin. Su portavoz, Dimitri Peskov, afirmó que el Ejecutivo no contempla una movilización general y atribuyó las discrepancias de los portavoces parlamentarios al "pluralismo" en Rusia. Aunque a nadie se le escapa que las reivindicaciones proceden en su mayoría de sectores nacionalistas y afines al presidente, Peskov enfatizó que los rusos mantienen su apoyo a Putin.

Las bolsas de cadáveres queman. Ni el mandatario ni sus ministros quieren verlas bajando de los aviones militares rusos cuando regresen del frente ucraniano. Y menos con reclutas jóvenes e inexpertos. Según la encuesta del instituto Levada correspondientes al mes de agosto, el 81% de los ciudadanos respalda la invasión, pero el entusiasmo cae más de 20 puntos entre los más jóvenes en edad de combatir; es decir, de ser movilizados. Esa dualidad, o desafección, le ha permitido a Putin navegar hasta cierto punto con soltura sobre siete meses de empantanada invasión.

Lo cierto es que la tan inesperada como indiscutible última derrota rusa en suelo ucraniano ha colocado al Kremlin sobre un nido de serpientes. "Negligencia", "traición", "deshonor" o "gran derrota" son algunos de los epítetos con los que Putin se acostó el lunes y despertó este martes. Locutores nacionalistas, veteranos exmilitares, blogueros y analistas se preguntan sobre la ineficacia del Ejército y el futuro que le espera a Rusia ante un conflicto cada día más imperecedero.

La "negligencia" de Shoigu

Putin está enfadado. Así lo suponen algunos medios internacionales que sospechan que baraja ceses en su cúpula militar. Ya lo ha hecho antes con cada fracaso sonado. Pero sus críticos todavía sienten más cólera que él. Blogueros afines se preguntan si está bien informado de lo que sucede en el país vecino. No se entiende muy bien, por ejemplo, que a Putin la huida de sus soldados -y la muerte de cientos de ellos en el empeño- le pillara en un parque de Moscú inaugurando una noria. Ígor Guirkin, oficial retirado que codirigió la rebelión prorrusa de 2014 en el Dombás, considera que Serguéi Shoigu ha demostrado ser un ministro de Defensa "negligente".

Otro activo experto en temas militares, Yuri Podoliaka, reprocha al Estado Mayor que quiera hacer creer a la población que la retirada es un "astuto plan" de reagrupamiento, mientras otros críticos exponen que se ha perdido un territorio considerable y dejado arsenales en manos de los ucranianos. "Muchos altos cargos con uniforme son dignos de despido con deshonor y parte ellos, de condena de cárcel o incluso fusilamiento", arremete el periodista político Vladímir Soloviov. La jefa del canal RT, Margarita Simonian, sentenció: "Si estamos en guerra con la OTAN, entonces probablemente deberíamos luchar como (si fuera) con la OTAN", en alusión a que el Kremlin dote de mayor poder bélico y hombres a sus unidades en el frente.

Los disidentes exigen a Putin que haga lo necesario para retomar las riendas de la guerra y arrebatar a Kiev la iniciativa recién ganada en Járkov. Alertan que los rusos corren peligro de ser cercados en otros territorios del Donbás, donde las unidades locales tomaron nuevas aldeas.

Sobre el terreno, el futuro inmediato depende mucho de lo que haga el Kremlin, en especial si su máximo jefe cede al reclutamiento general y fortalece al Ejército. Moscú aún puede efectuar un contragolpe de alta intensidad. Conserva en su poder una quinta parte de la exrepública soviética. Allí mantiene varias líneas bien fortificadas y los esfuerzos por romperlas le ha costado a los ucranianos un alto desgaste en vidas y artillería. Para algunos analistas, esa todavía notable conquista aleja el riesgo de un invierno nuclear.

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