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El perímetro exterior del Capitolio ya está libre de vallas

La Inteligencia de Estados Unidos cree que ya no hay una amenaza creíble, aunque la Guardia Nacional seguirá desplegada y el edificio principal, rodeado.

Heather Kane y Jesse Beldon, de Rhode Island, se hacen un selfi frente a un Capitolio sin vallas.
Heather Kane y Jesse Beldon, de Rhode Island, se hacen un selfi frente a un Capitolio sin vallas.
KEVIN LAMARQUE/Reuters

De entre las siete plagas que han azotado a la hostelería en el último año, el hostelero John Volanos vio este fin de semana desaparecer una que sólo le afectaba a él. Cayeron una tras otra las inexpugnables vallas que rodeaban el perímetro externo del Capitolio, dejando libre a su restaurante Monocle, el único de la zona.

Desde 1960 tenía el privilegio de servir a los senadores, jueces del Supremo, personal de todas las oficinas legislativas y ciudadanos que acudía a la casa del pueblo a convencerles de la causa en la que más creyesen. Pero el 6 de enero, cuando las hordas de Donald Trump asaltaron el Capitolio, la Guardia Nacional salió de los cuarteles y las vallas de alambre se levantaron varios metros hasta hacerlo completamente inexpugnable, lo que dejó su restaurante cerrado sin remedio. "No puedo pedir a mis clientes que escalen las vallas y se enfrenten a la Guardia Nacional para tomarse un piscolabis", dijo lacónico al diario 'The Washington Post'.

Parecía que esa seguridad sin precedentes acabaría con la toma de posesión de Joe Biden, pero la amenaza de una hipotética jura de Trump el 4 de marzo la mantuvo en pie. Pasada la fecha que agitaban los conspiracionistas de QAnon para repetir el asalto, las protestas de quienes reclaman el acceso se habían multiplicado. "¿Es esto democracia?", decían las pancartas junto a la valla.

La Inteligencia estadounidense reconoce que no hay ya ninguna amenaza creíble en pie. Si los seguidores más radicales de Trump no lograron que la chispa prendiese el pasado día 4, no es probable que lo consigan pronto. El pueblo demanda acceso y a los legisladores no les gusta el aislamiento de la fortaleza en que se ha convertido el Capitolio. Por eso el sábado empezaron a caer la vallas poco a poco hasta liberar al restaurante familiar de Volanos, otrora en una de las ubicaciones más envidiadas de Washington.

Vacaciones de primavera

No habrá clientela de momento, porque el Congreso está de vacaciones de primavera hasta después de Semana Santa. Y aun entonces las vallas que rodean el edificio principal que alberga el hemiciclo seguirán en pie, custodiado por la Guardia Nacional hasta el mes de mayo, entre la Avenida de la Constitución y la de la Independencia, que permitirán visitas autorizadas.

Son los edificios que lo rodean dentro del complejo los que han recuperado la libertad, pero también la mente de los capitalinos, que llevan casi tres meses con el corazón encogido por ese estado de guerra en el que Trump dejó la ciudad, antes de salir en helicóptero camino de su mansión de Palm Beach.

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