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Internacional

Un pacto contra el invierno nuclear

A menos de quince días para que caduque, Biden abre un principio de acuerdo con Rusia para renovar el acuerdo sobre sus arsenales estratégicos

Lanzamiento de misiles contra Siria.
Lanzamiento de un misil
Efe

El tratado antinuclear más importante del planeta se salvará, como los viejos boxeadores, en el último asalto. Cuando quedan menos de quince días para que expire, Estados Unidos y Rusia llegaron este viernes a un principio de acuerdo para renovarlo por un plazo de cinco años. El pacto, conocido como New Start, limita el arsenal nuclear en los dos países, pero, sobre todo, su gran virtud es que previene contra una escalada armamentística al estilo de épocas pretéritas.

Pero entonces, ¿el mundo puede, por tanto, dormir tranquilo? En absoluto. El compromiso evita que las dos superpotencias campen a sus anchas desarrollando la maquinaria bélica más mortífera que se conoce, aparte de la química, pero les permite conservar, entre ambas, 1.550 ojivas nucleares; las suficientes para reducir la Tierra a una escombrera en un invierno atómico.

El presidente de Estados Unidos propuso el jueves ampliar la vigencia del documento firmado anteriormente por su predecesor Barak Obama y Dmitry Medvedev en 2010. Esta era una prioridad de su Administración, ya que el plazo para prorrogarlo finalizaba el 5 de febrero. En los cuatro años de mandato de Donald Trump resultó imposible hacerlo dadas las dificultades presentadas por el líder republicano y su gabinete a Vladímir Putin, el presidente ruso, proclive a extender el New Start. Si los dos países llegan al 5 de febrero sin acuerdo, quedarán libres para emprender una nueva carrera nuclear, un futuro que Biden dijo no desear y que añadiría una tensión impredecible no solo entre EE. UU. y Rusia, sino en un escenario internacional donde China juega como nueva superpotencia plena e Irán coquetea con el enriquecimiento del uranio.

«Solo podemos recibir con agrado la voluntad política de prolongar este documento», respondió ayer el portavoz de Vladímir Putin, Dmitri Peskov, en respuesta al ofrecimiento del nuevo inquilino de la Casa Blanca. Peskov agregó que la renovación dependerá ahora de los «detalles de la propuesta», lo que apunta a una reanudación inminente de las negociaciones. Lo que parece claro es que la delegación americana no propondrá condiciones extremas para Moscú como hizo el mandatario republicano.

Además de entender que el tratado debía incorporar mayores ventajas para EE. UU., pidió incluir a China como tercer socio, cuando las propias autoridades asiáticas rechazaron esta oferta. Diversos analistas llegaron a la conclusión de que el entonces mandatario estadounidense buscaba dejar pasar el tiempo y que caducara el pacto, al igual que antes había sacado al país del acuerdo nuclear con Irán o el convenio 'Cielos abiertos' de verificación de movimientos militares.

Vigilancia mutua

El New Start es como el seguro del coche. Tiene carácter preventivo y siempre es mejor no usarlo que invocarlo. Aparte de fijar un máximo de ojivas, establece también un número límite de lanzaderas; es decir, de silos, submarinos y bombarderos capaces de activar y dirigir los misiles. La pretensión última es no artillar el planeta entero, habida cuenta de que entre las dos superpotencias reúnen el 90% de las armas nucleares. Por detrás están China, Francia y_Reino Unido.

Tanto Washington como Moscú están autorizados a realizar 18 inspecciones mutuas cada año para vigilar el cumplimiento de las normas. Este documento sustituye al primigenio Tratado de Moscú sobre reducción de armas estratégicas y otros tres programas Start, que han logrado recortar en dos tercios el armamento atómico de EE. UU. y Rusia.

En cualquier caso, el ofrecimiento de Biden no significa una «restauración» de las relaciones con Moscú. Lo dijo el jueves. Esto no es la Guerra Fría. Curiosamente, mientras Trump admitía su afecto por Putin para luego poner todo tipo de cortapisas en la negociación del New Start, la Casa Blanca subrayó este viernes que la oferta del nuevo presidente no evitará que le exija responsabilidades a su homólogo ruso por el envenenamiento y actual apresamiento del opositor Alexéi Navalni, el ataque informático que afectó a los sistemas del Gobierno y el supuesto pago de recompensas a extremistas afganos por matar a soldados americanos. De hecho, Washington consideró ayer que la extensión del tratado antinuclear tiene «incluso más sentido cuando la relación con Rusia es tan adversa como lo es en este momento».

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