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Internacional

Los republicanos quieren retrasar el juicio político contra Trump

El expresidente está acusado de "incitar a la insurrección" que desató el asalto al Capitolio y los demócratas quieren mantener el 'impeachment' para dejar constancia histórica de su comportamiento.

Trump, el pasado día 12 antes de subir al Air Force One.
Trump, el pasado día 12 antes de subir al Air Force One.
CARLOS BARRIA/Reuters

La líder del Congreso Nancy Pelosi envió este viernes al Senado la acusación para el juicio de 'impeachment' contra Donald Trump que aprobase la semana pasada la Cámara baja con el apoyo de diez republicanos. Con ese paso el juicio político contra Trump, acusado de "incitar a la insurrección" que desató el asalto al Capitolio el pasado día 6, podría comenzar en cualquier momento, pero los republicanos quieren que se demore hasta mitad de febrero.

El líder del partido conservador Mitch McConnell cree que eso le da al expresidente un plazo de tiempo justo para organizar su defensa legal. El senador de Kentucky que rompió con él tras tener que huir del Capitolio bajo protección policial ha sido explícito al condenar públicamente a Trump por haber "alimentado a la masa con mentiras" sobre un presunto fraude electoral. Aun así, cree que "el presidente merece un proceso completo y justo que respete sus derechos y las cuestiones legales, constitucionales y de hechos que están en juego", dijo en un comunicado.

Se anticipaba así a la decisión de los demócratas, en control de la Cámara alta desde el miércoles, entre los que muchos buscan un juicio sumario de no más de tres días con el que dejar atrás la divisiva presidencia del magnate, que ha llevado al país al borde de la guerra civil. No hay duda de que el primer juicio político contra un presidente que ni siquiera está ya en el cargo ahondaría esas divisiones y minaría el mensaje de reconciliación y unidad que ha lanzado su líder Joe Biden.

Con todo, los demócratas creen que el verdadero error sería dejarlo correr. Primero, porque es importante dejar un registro histórico de su papel en esa insurrección, pero sobre todo porque la condena le inhabilitaría para volver a ocupar un cargo público. Ese es el principal temor de muchos, que Trump lance pronto una nueva campaña para aspirar a la presidencia en el 2024 o busque otras formas de poder, desde gobernador a senador. Su nueva residencia en Palm Beach le proporciona la plataforma de Florida, donde siempre ha gozado de mucho apoyo.

También lo tiene en su propio partido. Pese a que el magnate no pudo convencer a ningún juez para que alterase el resultado de las elecciones, el 70% de los republicanos se ha tragado sus acusaciones de fraude. Al dejar la Casa Blanca el miércoles, Trump disponía aún del apoyo del 98% de los republicanos que le siguen y el 81% de los que le votaron por militancia al Partido Republicano, según una encuesta de NBC. El asalto al Capitolio no afectó la opinión de la mayoría - solo el 5% cambiaría su voto- y el 47% responsabiliza de él a los militantes de Antifa.

Giuliani, relevado

Eso explica que un viejo sabueso como McConnell se preocupe por darle "un juicio justo". Cuanto más tiempo pase, la supervivencia política difuminará el trauma que vivieron ese día los legisladores. Para su defensa Trump no utilizará a su abogado personal Rudy Giuliani, con quien no acabó en buenos términos. En los tribunales el exalcalde de Nueva York fue el hazmerreír generalizado por sus incongruentes teorías de la conspiración y, además, demostró estar oxidado en el arte del litigio. Esta vez también podría ser llamado como testigo e incluso resultar inculpado, al haber pedido el día de autos a los manifestantes "un juicio por combate".

Según anunció en Twitter el fiel asesor de Trump Jason Miller, el expresidente ha retenido los servicios de un abogado de Carolina del Sur llamado Butch Bowers, "que goza del respeto de demócratas y republicanos". Detrás de esa representación estaría el senador Lindsey Graham, que hace 'lobby' por el expresidente entre sus colegas.

A la palestra podrían acompañarle los senadores Ted Cruz y Josh Hawley, cuyos colegas les han denunciado ante el Comité Ético de la Cámara para que investiguen su papel en el asalto. En la carta siete senadores demócratas piden una investigación que derive en "acción disciplinaria" e incluso su expulsión, con el argumento de que han dado alas a las falsas acusaciones de fraude electoral que incendiaron los ánimos. Cruz ha calificado la acusación de "frívola" y la utiliza como ejemplo de censura y de ataque a la libertad de expresión para recaudar fondos, como se espera que haga el magnate en cuanto supere la melancolía de haber dejado la Casa Blanca.

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