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Albada Blanco 2019, tan rico y frutal como siempre

Este macabeo criado en sus lías de la D. O. Calatayud es uno de los vinos blancos con mejor relación calidad-precio de Aragón.

Botella de Albada Blanco 2019, de Bodega Virgen de la Sierra.
Botella de Albada Blanco 2019, de Bodega Virgen de la Sierra.
B. V. S.

Hace unos días se ha puesto a la venta la añada 2019 del vino Albada Blanco, que elabora la Bodega Virgen de la Sierra (Denominación de Origen Calatayud), de Villarroya de la Sierra. Está hecho a partir de uvas de la variedad macabeo procedentes de viñas de más de 35 años de edad, plantadas en vaso y en laderas de secano, con una altitud entre los 900 y 1.100 metros, en el término municipal de Villarroya, en pleno Sistema Ibérico.

Mantiene la línea de cosechas anteriores y es un blanco con muchos seguidores incondicionales por sus características y sus cualidades. Según el enólogo Manuel Castro, responsable de su elaboración, la de 2019 fue una cosecha algo complicada por el fuerte y estresante calor para las vides y los frutos, que requirieron de cuidados especiales durante la vendimia. Así, la maceración antes de la fermentación fue más corta de lo habitual.

En cualquier caso, el resultado es un vino sobresaliente, al mismo nivel de años anteriores. Al llevarlo a la copa, presenta un color amarillo con matices verdosos y aromas de alta intensidad en los que se detectan notas de frutas blancas maduras, plátano y melón, además de referencias a hierbas aromáticas. Entra con amplitud y potencia en la boca, mostrándose graso, fresco y muy persistente, gracias a su crianza sobre lías.

Se recomienda servirlo a una temperatura entre 8 y 12 grados centígrados. Es un acompañante ideal para paellas, mariscos o aperitivos. Tiene un grado alcohólico del 14% y su precio de venta al público es de seis euros. Es, sin duda, uno de los blancos con mejor relación calidad-precio de cuantos se hacen en Aragón.

El nombre del vino, Albada, es un homenaje a los hombres del campo, que cantaban canciones así denominadas cuando iban por las mañanas a hacer las labores agrícolas.

La etiqueta es sencilla y muy conceptual. Fue diseñada por el artista Aitor Tellechea. La imagen circular que la preside es un homenaje a la garnacha, originaria de Aragón y que después se extendió por todo el mundo. El círculo simboliza la perfección, el equilibrio, lo precioso y regular, pero al mismo tiempo el principio y el fin del ciclo vital de la cepa, que se renueva cada año.

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