Gastronomía

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La receta de los cubitos de hielo (de bolsa)

El consumo bebidas con hielo es una forma de combatir las altas temperaturas que deja el verano. Tras esos cubitos existe un cuidado proceso de elaboración que incluye analíticas y un secado, entre otras fases.

El consumo bebidas con hielo es una forma de combatir las altas temperaturas que deja el verano. Tras esos cubitos existe un cuidado proceso de elaboración que incluye analíticas y un secado, entre otras fases
El consumo bebidas con hielo es una forma de combatir las altas temperaturas que deja el verano. Tras esos cubitos existe un cuidado proceso de elaboración que incluye analíticas y un secado, entre otras fases

“Un café con hielo, por favor”. Esa comanda se escucha varias veces al día en cualquier establecimiento del país. Los cubitos que el café riega no son como los que se consiguen en el congelador de casa. Detrás de esos fríos cilindros se esconde un laborioso proceso con varias fases. La vida de estos pedruscos de 60 gramos y -4ºC comienza como los caseros, con una toma de agua.

“Captamos el agua de la red y realizamos un proceso de filtración, descalcificación, decloración y ósmosis inversa”, detalla Alejandro Puyuelo, responsable de Calidad de Frescofrío. El tratamiento finaliza con una desinfección por luz ultravioleta. También se realizan analíticas de cloro o de dureza para comprobar la transparencia del agua, por ejemplo. Precisamente, la dureza es un problema en la capital aragonesa. “El agua de Zaragoza es muy caliza y llega a 20 o 22 grados de dureza. Nosotros la descalcificamos para conseguir el grado 0, que es la condición idónea para conseguir un cubito de hielo perfecto”, añade Puyuelo.

Una vez completado se pasa a la siguiente fase: el fabricador. El agua surca las paredes de más de una centena de tubos a 40ºC bajo cero. Se congelan de fuera hacia adentro, quedando un fino filamento de aire en el centro del cilindro, ese que muchas veces se puede ver cuando se consume. Unas cuchillas cortan las largas barras, dando lugar a los cubitos, que saltan a una piscina. A través de una cinta transportadora llegan a la zona de secado, para que permanezcan sueltos en la bolsa y evitar que se apelmacen o se creen bloques de varias unidades. Este no es el único procedimiento, también se puede hacer por molde, que son los que resultan con una cavidad en su base.

Así se hacen los cubitos, aunque existen otras variantes. El hielo para cóctel, popularmente conocido como picado, sigue el mismo proceso que los cubitos, pero se pica antes de embolsarse. La tercera opción son las escamas, para conservar frescos pescados, piezas de carne o frutas. En este caso, el agua se enfría en unos cilindros y posteriormente unas cuchillas cortan las láminas cuando acarician los tubos de hielo.

En cualquier caso, el proceso culmina en los saquitos que se pueden ver en las gasolineras o en los supermercados. Pero antes de llegar a los clientes, hacen una parada en una cámara frigorífica. -18ºC dan la bienvenida a los visitantes. Es un rincón de la capital aragonesa donde es necesario ir con abrigo de varias capas incluso en pleno agosto. También se tiembla de frío, literalmente. Y al salir se empañan los cristales de las gafas, como cuando se entra a un garito en pleno invierno. A pesar de esta sensación térmica, sigue siendo verano y las coordenadas geográficas marcan que la ubicación es Mercazaragoza. Los palés con los miles de cubitos decoran las paredes de toda la nave. En verano casi rebosan casi hasta el techo.

La oferta crece porque la demanda lo pide y ahora hacen el agosto. Las puntas de calor y las fiestas de los pueblos son algunos de los motivos por los que aumenta el consumo de este producto. Parece que la época estival se ha alargado para los cubitos: “Antes el verano era junio, julio, agosto y parte de septiembre, sin embargo, ahora termina después de las Fiestas del Pilar”, sentencian desde Frescofrío.

Las necesidades han cambiado, ya que los hábitos de consumo no son los mismos. “El hielo se utiliza todo el año, ya sea para café o para cubatas”, comenta Juanjo Torralba, responsable de la parte comercial de Frescofrío. No sólo eso, también han cambiado los estándares de calidad en la fabricación. “Existen sistemas que permiten aprovechar el agua, lo que favorece una reducción de consumo y un cuidado del Medio Ambiente”, añade Juanjo Torralba, responsable de la parte comercial de Frescofrío.

Esta empresa zaragozana, que vive su segunda generación, cada verano produce 50 toneladas de cubitos de hielo diarias, lo que supone más de 18 millones de kilos al año. No es la única empresa del sector que hay en la Comunidad, y en España suman 400. Comercializan en Aragón, Navarra, La Rioja, Castilla y León, País Vasco, Cantabria, Cataluña o Madrid. Los cubitos aragoneses también cruzan las fronteras españolas y viajan a Francia.

Una vez fabricados y adquiridos, solamente queda meterlos en un vaso y regarlos con las bebidas más deseadas, que cada uno elija la suya.

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