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Gastronomía

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Castrobar: una vermutería tan discreta como didáctica

Castrobar ofrece más de 160 referencias de vermús y un picoteo basado en los vinagrillos.

Antonio Castro es el dueño de la vermutería Castrobar.
Antonio Castro es el dueño de la vermutería Castrobar.
Toni Galán

Alrededor del vermú como bebida, que no como momento gastronómico del día, hay algunas ideas preconcebidas que están muy asentadas en el imaginario colectivo. Por ejemplo, que es algo de personas mayores que se sigue tomando en un vaso de chato, o cuya imagen, asociada a un conocido vermú blanco italiano, ha sido protagonista de innumerables borracheras.

Esta percepción ha cambiado bastante. Existe una mayor cultura sobre este vino macerado en hierbas, que se está traduciendo en tres evidencias: se están abriendo vermuterías y cada vez hay más gente joven que se interesa por esta bebida y participa en catas y cursos para conocerla mejor. Además, fruto de esta evolución, cada vez más se entiende como un aperitivo para tomar no solo a mediodía, sino también antes de una cena. Incluso hay vermús especiales que se beben como copa.

Esta realidad la conoce bien Antonio Castro, propietario de Castrobar, una vermutería discretamente ubicada en el barrio de Las Fuentes. En ella ejerce su trabajo de forma didáctica, como si fuera un profesor, que interroga a sus alumnos/clientes sobre sus gustos e intereses para introducirles poco a poco en el extenso y variado mundo de los vermús.

Castrobar puede presumir de ser una de las vermuterías de Zaragoza que dispone de una oferta más amplia. Según el último recuento, hasta 162 referencias, así que ante semejante despliegue no está de más dejarse asesorar. Los españoles, más dulces; los franceses, más secos, y los italianos, más amargos, pero a juicio de Antonio Castro, estos últimos, los mejores. En cuanto a los precios, el abanico es amplio: desde 1,25 euros del Turmeón (Morata) a los 6 euros del Professore Vaniglia italiano.

De Aragón hay una buena representación: Valdepablo, Abadía de Hazlor, Luis El Marinero, Juana y Felipe, Turmeón... Y del resto de España, los más diferentes tal vez sean los andaluces, al utilizar en muchos casos generosos y amontillados como vinos base.

Y para acompañar al vermú, tapeo clásico. Los vinagrillos, sin duda, son la opción más adecuada. Limpian el paladar y son el complemento perfecto para disfrutar de los vinos macerados. Gildas, banderillas de boquerones, pepinillos, anchoas, mejillones, aceitunas... Y a petición de la clientela, algunos fritos como el huevo con gamba, tan arraigado en Zaragoza. Además, Castrobar tiene su propia versión del ´guardia civil; ensaladilla rusa casera, salazones, ahumados y algunas conservas.

Desde hace un mes también se le puede añadir a este establecimiento el título de coctelería, con el vermú, de nuevo, como bebida base de numerosas elaboraciones, aunque también las hay que no lo incluyen.

Castrobar

Calle de Minas, 19. Zaragoza. Teléfono. 976 046 569. Horario: de jueves a sábado, de 11.30 a 15.00 y de 19.00 a cierre. Domingo, a mediodía. Descanso: domingo, noche; lunes, martes y miércoles, cerrado.Ir al suplemento de gastronomía

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