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Un deseo llamado tranvía

La fábrica de CAF en Zaragoza, con 900 trabajadores, es el centro de excelencia de vehículos ligeros (tranvías) del constructor de ferrocarriles. 

Factoría de CAF en Zaragoza.
Factoría de CAF en Zaragoza.
Oliver Duch

En las instalaciones fabriles de CAF en Zaragoza la variedad de trenes ligeros apabulla. Vehículos en diferentes fases de fabricación, tanto de tranvías como de los denominados tren-tram -una solución a medio camino entre el tren y el tranvía que enlaza ciudades con poblaciones colindates-, pueden verse en sus cinco líneas de montaje. Ingenieros y otros trabajadores de la planta aragonesa de la multinacional vasca Construcciones y Auxiliar de Ferrocarriles ponen a punto los coches que circularán en breve en ciudades como Amsterdam, Oslo, Lund (Suecia) o Stuttgart (Alemania). En algún caso, el parecido con el tranvía que circula por las calles de Zaragoza es más que sorprendente, no en vano la línea que recorre las vías de la capital aragonesa se ha convertido de alguna manera en el modelo que más quieren en otras urbes europeas. El muy premiado Urbos 3 es ya un referente.

«Somos el centro de excelencia de vehículos ligeros (tranvías) de CAF, y eso marca», admite Eduardo Gálvez, director de Calidad, Seguridad y Homologaciones de la compañía. «Aquí hemos diseñado el Urbos 3, impulsando un desarrollo que nos ha permitido contratar a muchos ingenieros, y aquí fabricamos una gran cantidad de tranvías, aunque ahora también tenemos que producirlos cerca de donde circularán», apunta.

En los últimos cinco años, la plantilla de CAF en Zaragoza se ha incrementado más de un 22%, pasando de los 735 empleados que tenía en 2015 a los 900 de hoy. El dato es llamativo, pero lo es más el de la contratación de ingenieros. Hace cinco años en la fábrica había 135 y ahora ya son 228. El aumento de profesionales con esta formación se ha elevado en casi un 70%. «Eso demuestra la creciente aportación de tecnología a nuestros productos», señala Gálvez.

El directivo de CAF, egresado en la segunda promoción de la Escuela Técnica Superior de Ingeniería de la Universidad de Zaragoza, valora la ‘cantera’ de profesionales de su especialidad que tenemos en la capital aragonesa. «Aquí la escuela (hoy de Ingeniería y Arquitectura, EINA) es potente, tanto en calidad como incluso en el número de estudiantes que salen, y eso nos ayuda a cubrir los puestos que necesitamos», indica.

CAF está oficialmente en Zaragoza desde que en 1971 la Compañía Auxiliar de Ferrocarriles adoptara el actual nombre de Construcciones y Auxiliar de Ferrocarriles (CAF) tras su fusión con Material Móvil y Construcciones, con sede en Zaragoza, que a su vez provenía de Carde y Escoriaza. El grupo tiene su sede central en Beasáin (Guipúzcoa) y el material ferroviario sigue siendo su principal actividad. La compañía tiene cuatro áreas de negocio: los vehículos, servicios (mantenimiento), autobuses (con tecnología propia pero que ha crecido mucho tras la compra de la empresa polaca Solaris) y los componentes para ferrocarril (sistemas de tracción, señalización, etc.).

CAF ha producido en Zaragoza trenes, tranvías, tren-tram y componentes de ferrocarriles desde hace muchos años. Y lo ha hecho para países de todos los continentes. Su experiencia es muy amplia y su especialización en vehículos ligeros le ha dado mucho prestigio, pero sus directivos reconocen que desde hace un tiempo a la compañía se le exige tener presencia industrial para hacerse con contratos en determinados países. Eso no ocurre en los Países Bajos, por ejemplo, pero sí en el Reino Unido, Francia o Estados Unidos, lo que ha obligado al fabricante español a abrir ahí centros productivos. Uno de ellos, implantado en 2018, está en Gales y fue inaugurado por el príncipe Carlos de Inglaterra. En este escenario, contar con contratos importantes en el ámbito nacional es hoy más importante que nunca.

«Nuestra dependencia del mercado nacional es ahora vital», subraya Eduardo Gálvez, ya que de la firma o no de nuevos contratos depende la evolución de la actividad en la fábrica y, por lo tanto, en el empleo, especialmente ahora que la plantilla alcanza los 900 trabajadores. «Estamos ahora con una labor comercial enorme, tanto para adjudicar carga a Zaragoza como para hacerlo a los otros centros del grupo, y en paralelo seguimos adelante con acciones de innovación, con nuestros equipos de ingenieros», señala el director corporativo.

CAF, que cotiza en bolsa, tiene su sede corporativa en Beasáin (Guipúzcoa), donde cuenta también con una fábrica, que suele compartir producción con la planta de Zaragoza. Además de esos dos grandes centros, hay dos factorías auxiliares, una ubicada en la localidad guipuzcoana de Irún y la otra en Castejón (Navarra).

A todos ellos vendría bien que la compañía se adjudicara contratos que ahora están en liza, tanto fuera de España como, sobre todo, dentro. Destaca entre ellos uno muy grande de Renfe, por el que está pujando CAF, pero también Talgo, Alstom y Stadler. Es un pedido lanzado por la compañía de ferrocarriles española para comprar y mantener 211 trenes de cercanías que mejorarán el servicio prestado en Madrid y Barcelona. Se trata del mayor encargo de trenes urbanos realizado por la empresa pública cuyo precio de licitación supera los 2.700 millones, incluida la parte de mantenimiento.

«Después de años sin invertir, Renfe ha destapado nuevas adjudicaciones, y ahí estamos enganchados nosotros para optar a los concursos», reseña Eduardo Gálvez. La decisión sobre los fabricantes de los trenes de gran capacidad está previsto que se anuncie en breve, después de que el proceso se frenara como consecuencia de la pandemia del coronavirus y se reactivara en el mes de mayo.

CAF invierte en su planta de Zaragoza poco menos de un millón de euros cada año, las más recientes para cabinas de pintura, indica por otro lado Fernando Anoro, director de la factoría, que a continuación admite que la crisis causada por la covid-19 obligará ahora a hacer «más ajustes». Tanto él como Gálvez son conscientes de que la situación sanitaria y el parón causado por el estado de alarma se notará en los resultados económicos de la compañía, a pesar de que en la factoría aragonesa la actividad productiva se detuvo muy pocos días y que no hizo falta aplicar un expediente de regulación temporal de empleo (ERTE).

La planta zaragozana de CAF paró su actividad el 16 de marzo, justo después de anunciarse el estado de alarma. La gente se fue a su casa, algunos para teletrabajar y otros no, ya que la producción se había suspendido. Ya con nuevos protocolos de seguridad y salud laboral, el 20 de abril se reanudó la fabricación, separando los turnos para que coincidieran menos operarios a la vez. Se estableció un control con toma de temperatura, se exigió a todos trabajar con mascarillas FPP2 y se dio formación para conocer detalles sobre las nuevas formas de actuar dentro de las instalaciones. Entre los ingenieros y personal de oficinas se fijó un calendario para que dos días acudan a sus puestos de modo presencial y los otros tres trabajaran desde casa, además de facilitar el teletrabajo al 100% a colectivos de riesgo o a padres que debían conciliar.

«Se ha mantenido el empleo al 100%, con la misma masa salarial y horas productivas, recuperando las horas no hechas trabajando en sábado, por ejemplo», apunta Eduardo Gálvez tras insistir en que no hubo que aplicar ningún ERTE. Eso sí, admite que aunque «ahora mismo hay trabajo, hay algunas líneas de producción que están vacías».

El grupo Construcciones y Auxiliar de Ferrocarriles emplea ya a casi 13.200 personas en todo el mundo. En España, donde tiene su sede corporativa, el número de trabajadores se eleva a más de 4.300, 900 en Zaragoza. El prestigio de la firma en el mundo le ha permitido acceder a mercados en todas partes, aunque a la larga haya tenido que abrir pequeñas sedes productivas en algunos de ellos. «Hemos ganado muchos concursos en todo el mundo y ha habido que dar respuesta a algunos de ellos, al menos en primera instancia, con ojos desde aquí», apunta Eduardo Gálvez. Luego hay producción que se reparte entre plantas, precisa, si bien en los últimos años Zaragoza se ha especializado más en ensamblar tranvías y los tren-tram, como puede comprobarse estos días en las líneas de montaje de las instalaciones de la avenida Cataluña de la capital aragonesa.

En el centro productivo zaragozano llaman la atención las unidades que irán a puntos de Holanda o Bélgica, países que dicho sea de paso no exigen tener producción en sus territorios para conceder contratos. «En esa zona hay mucho mercado», señala el director corporativo de CAF. Para el metro de Utrecht, por ejemplo, se han enviado recientemente 14 de los 22 tranvías de siete módulos que forman parte de un concurso adjudicado y ahora mismo se prepara el envío de otros más. El pedido de Stuttgart está listo para salir la próxima semana. Un ejemplar para Lund (Suecia) está siendo testado. Así transcurre la vida en CAF Zaragoza.

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