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Economía

Agricultura

El sector frutícola busca (y casi no encuentra) trabajadores para el campo

Los agricultores encaran la campaña con incertidumbre tanto por las dificultades para disponer de la mano de obra necesaria como por el incremento de los costes debido a la subida del salario mínimo interprofesional.

Un trabajador realiza labores de embolsado del melocotón en una explotación del Bajo Aragón
Un trabajador realiza labores de embolsado del melocotón en una explotación del Bajo Aragón
Jorge Escudero

En apenas unas semanas, los fruticultores aragoneses comenzarán la recogida de la cereza, la producción con la que se inicia la campaña de uno de los sectores que genera miles de empleos durante los meses centrales de la recolección. Sin embargo, este año, y no es el primero, los agricultores están inquietos. No es por el volumen de su cosecha, que aunque no esperan que sea para tirar cohetes tampoco temen que se convierta (si las lluvias lo permiten) en un desastre. Su temor tiene mucho que ver con las dificultades con las que se están topando en las últimas campaña en las que cada vez resulta más complicado disponer de la mano necesaria para realizar el trabajo en el campo.

La recuperación que han comenzado a experimentar otras actividades productivas que también requieren mano de obra sin cualificar se deja sentir en la agricultura. “Hay muchos temporeros que se van colocando en otros empleos y dejan el campo porque prefieren un trabajo más cómodo”, coinciden en señalar tanto el representante de Relaciones Laborales y Migraciones de UAGA y fruticultor de la comarca de Valdejalón, Vicente López, como el presidente de Asaja-Huesca, Fernando Luna, máximo responsable también de la patronal oscense.

Son las pequeñas explotaciones, “que no disponen de alojamientos”, las más perjudicadas por esta circunstancia, señala López, que aunque reconoce que la dimensión de estas empresas agrícolas no les libra de estos problemas, asegura que los grandes propietarios tienen más posibilidades de atraer empleados ya que en la mayoría de las ocasiones realizan contrataciones de una mayor duración. “No es lo mismo estar disponible para trabajar tres meses que si la oferta es de unas semanas”, destaca.

Ante las dificultades para encontrar mano de obra, los agricultores están recurriendo a diversas alternativas. “Nos encontramos todo tipo de situaciones”, detalla López, que explica que “hay gente que está ofreciendo más dinero del que estipula el convenio”, pero también cada vez es más habitual realizar el mayor número de contrataciones en origen y “se acude de forma más habitual a las empresas de trabajo temporal (ETT), en las que están apuntuados muchos de los temporeros”, dice López

López advierte que el temor del sector frutícola no solo es presente sino futuro. Si la recuperación ya se deja sentir en el campo “mucho más se va a sentir en el futuro”, añade. Y es que la expansión de la industria agroalimentaria, especialmente los proyectos de las inversión de grandes empresas porcinas que anuncian la creación de miles de empleo precisamente en comarcas frutícolas serán, según el sindicalista, una dura competencia para el mercado laboral agrario.

El presidente de Asaja Huesca advierte también de las dificultades que está encontrando este sector, que arrastra desde 2014 una dura crisis por el desplome de los precios y el veto ruso, para disponer de mano que realice las labores de recogida de fruta. “Con la recuperación económica y el repunte de la construcción, la mano de obra no cualificada prefiere irse a la peonía del sector secundario porque es un trabajo más cómodo y quizá con sueldos más altos”, destaca Fernando Luna, que, asegura, sin embargo, que los empresarios autónomos de la fruta “son muy profesionales” y organizan sus contrataciones “de un año para otro”

Incremento de costes

La falta de mano no es la única preocupación del sector. La subida del SMI, salario mínimo interprofesional (900 euros mensuales por 14 pagas), ha caído como un jarro de agua fría entre los productores que tendrán que sumar un nuevo gasto a unos costes de producción que en las últimas campaña se han situado incluso por encima de los precios del fruta. “De golpe y sin acuerdo con los agentes sociales nos encontramos con este problema, que en el peor de los casos supondrá una subida del 23%”, señala Luna, que advierte que con las actuales cotizaciones de la fruta y la situación de crisis que vive el sector “nos va a ser imposible conseguir beneficios”. Y advierte que “cuando la norma es difícil de cumplir se incita al quebranto”, una afirmación con la que el representante agrario hace referencia a la posibilidad de que en este escenario se favorezcan situaciones de empleo sumergido. “No lo vamos a incitar ni a favorecer pero este es un producto perecedero que hay que recoger en un momento proceso y que hay que adaptar el volumen de mano de obra a las necesidades de la campaña”, añade.

Para López el alza del SMI preocupa y afecta al sector. “Muchísimo”, destaca el representante de UAGA, que señala que los agricultores entienden que los salarios tienen que ir incrementándose pero recuerda que “nosotros tenemos un problema”. Y es que, detalla el sindicalista, “aquel que fabrica una silla o un tornillo puede repercutir en la venta de su producto el aumento de sus costes, pero en el sector agrario solo somos dueños de nuestros gastos”. En su opinión, una decisión de este calado tendría que haber contando con la opinión de los sectores más vulnerables a los que se tendría que haber compensado con algún tipo de beneficio fiscal.

“El sector frutícola lo está pasando muy mal”, advierte López, que recuerda que el 60% del coste de producción de un kilo de fruta es mano de obra, por lo que augura que esta nueva medida “hará una nueva criba en el sector y acelerara el abandono de las explotaciones mientras no controlemos los precios de venta”. Pese a ello, el representante de la organización agraria y fruticultor de la comarca de Valdejalón, está totalmente convencido de que “los agricultores lo harán bien y contratarán como marca la ley”, a pesar de que la subida del SMI supondrá incrementar sus costes un 30%.

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