Economía
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Una herramienta para el cambio llamada Mercado Social

Se trata de una red de producción, distribución y consumo de bienes y servicios, con criterios éticos, democráticos, ecológicos y solidarios.

Imagen de archivo de una edición anterior del Mercado Social de Aragón
Una herramienta para el cambio llamada Mercado Social
REAS

“Yo no hago economía, eso no depende de mí”, piensan muchas personas. Sin embargo, cada vez que se consume para cubrir las necesidades más inmediatas (alimentación, ropa, vivienda, transporte…) se producen, indirectamente, bienes y servicios. Al acceder a créditos y al depositar ahorros también se hace economía. Se hace cada día, cada persona. Y somos millones.

Además, y se nota también a diario, existe una interdependencia entre lo económico y lo social, lo ambiental, lo cultural. Por eso es importante reflexionar sobre cómo las personas construimos la economía: recordar esa interdependencia de elementos y potenciarla desde los valores éticos. Lo contrario, considerar la economía como algo aislado donde las personas son números y los recursos naturales son infinitos, nos lleva a colapsos cíclicos que producen sufrimiento en la vida de las personas y del planeta.

En este paradigma, cobra sentido el Mercado Social Aragón, “una red de producción, distribución y consumo de bienes y servicios que funciona con criterios éticos, democráticos, ecológicos y solidarios”. Está constituida por empresas y entidades de la economía social y solidaria, así como por personas consumidoras de forma individual o colectiva, que tratan de cubrir sus necesidades consumiendo dentro del circuito de la economía solidaria para fortalecerla frente a la de lógica capitalista.

El consumo responsable abre un circuito económico

“Las iniciativas de economía social y solidaria necesitan intercooperar más entre sí para consolidarse y desarrollarse en medio de unos mercados cada vez mayores y más desregulados”, explican desde REAS-Aragón, la Red de Economía Alternativa y Solidaria, impulsora del Mercado Social. En este contexto, intercooperar significa “cubrir nuestras necesidades de compra de bienes o servicios eligiendo como proveedor a una entidad de economía social y solidaria, la cual, a su vez, elige en sus compras a proveedores del mismo tipo”.

Como personas y entidades consumidoras, tenemos la llave que abre un nuevo circuito económico. Y lo sabemos. Por eso cada vez se mira más la etiqueta de los productos. Los consumidores quieren saber dónde se ha fabricado, cómo, con qué valores... Pero, en ocasiones, este consumo comprometido es parcial. Esto ocurre cuando se compra agricultura ecológica pero, a su vez, este proveedor no hace una apuesta por productos de comercio justo. Se rompe la cadena solidaria.

Para dotar de continuidad a esa cadena solidaria, para reforzar la red de proveedores de bienes y servicios éticos, existe el Mercado Social. Un mercado que también genera aprendizaje colectivo, innovación social, cultural y relacional, que lanza y relanza proyectos con otros valores, que producen otras realidades. Un mercado que es, en definitiva, una herramienta para el cambio.

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