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A Stuani lo tenían ellos

¿Qué sería del Zaragoza con un delantero como el que le sentenció a un nuevo empate en Montilivi? El buen tono de los de Jim en el partido quedó anulado por la determinación del atacante uruguayo del Girona. 

Partido Girona-Real Zaragoza, 12ª jornada de Segunda División
Partido Girona-Real Zaragoza, 12ª jornada de Segunda División
Eddy Kelele / Agencia LOF

La ley de Cristhian Stuani es aquella que dice que no importan los minutos que juegues, lo viejo que seas, la importancia que tengas o a lo que juegue tu equipo porque si algún día fuiste gol, gol seguirás siendo siempre. El delantero charrúa, su instinto fino y afilado, su eterno cabezazo, su implacable determinación, resultó la clave principal que evitó la victoria del Real Zaragoza en Montilivi, una luz, después de un túnel de siete empates seguidos, que vimos más cerca que nunca.

No necesitó mucho el uruguayo, a sus 35 años de vida y obra en las áreas rivales, para firmar uno de esos goles que lleva marcando desde hace siglos: control del vuelo del centro, gestión de la distancia de la pelota, paso atrás para despegarse de la marca defensiva, un impulso firme, medido, a tiempo, y un remate de cabeza de arriba abajo. Pura academia de delantero. Y fue eso, tener a un delantero así, con todas las letras, la razón desequilibrante de un partido en el que el Zaragoza llevó los mandos, sufrió lo justo, desactivó al Girona y se acercó mucho más a la victoria.

¿Qué sería del equipo aragonés con un delantero como el que le sentenció a un nuevo empate en Montilivi? Con un delantero que no necesite muchos minutos, ni muchos remates. Que fuese tan resolutivo, eficaz, letal, preciso y oportuno como lo fue Stuani.

El uruguayo no es el que era, pero no hace falta. Porta en su genética el oficio de marcar goles. Siempre los hizo. Nunca tuvo grandes valles en esa faceta, ni sus cifras de referencia fueron cuestión del canto de una temporada aislada. Stuani ha sido (es) un depredador. Este curso, apenas ha gozado de continuidad. Sus minutos de juego se pautan y se dosifican. Su equipo, el Girona, tampoco dibuja una dinámica favorable y propicia para marcar. Pero, aun con todo, Cristhian Stuani lleva tres goles en cuatro ratos: anota esta temporada un gol cada 218 minutos. Es decir, un ritmo goleador que proyectaría 17-18 tantos en una campaña.

Como contraste, en el Real Zaragoza, Álvaro Giménez aún no se ha estrenado en 567 minutos, como tampoco lo han hecho Nano Mesa en 448 minutos o Iván Azón en 385 minutos. Son los tres delanteros que Juan Ignacio Martínez utilizó en Montilivi (el lesionado Narváez marca 1 gol cada 434 minutos).

El desenlace del partido contra el Girona vuelve a denunciar las carencias de un equipo que hace muchas cosas bien pero al que le siguen faltando argumentos rematadores para ganar. Fue Valentin Vada, en la noche gerundense, con su cuarto tanto del curso, el encargado de encender la bombilla de la victoria con un gol con muchas trazas de delantero: apareciendo en el área, encontrando la posición libre y ejecutando una maniobra de muchos quilates hacia la red.

El Zaragoza se adelantaba por primera vez en un encuentro de esta temporada. Por el momento del gol, por las debilidades emocionales del Girona y por el buen poso del equipo de Jim, muy acertado en el planteamiento del partido desarticulando las fortalezas rivales, pareció que el triunfo estaba bien cimentado.

No fue así. En gran medida, no lo fue porque el rifle de Stuani estaba cargado. El Girona apenas pisaba los metros finales, Cristian Álvarez, en cierto modo, vivía una situación apacible en su portería, con el rival bien alejado y con el Zaragoza dominando la pelota. ¿Cómo podía marcar el uruguayo en un partido así? Y eso es lo que diferencia al delantero goleador de quien no lo es: la eficacia, el don de la oportunidad. No necesitó nada más que los aragoneses no ajustaran bien en un balón interior a Samu Saiz. Lo que sucedió después siguió un curso natural: apertura a Darío Sarmiento y centro. El abecé del fútbol de siempre cuando tienes un cazador en el área. Al primer remate, Stuani marcó. El Zaragoza disparó cuatro veces a puerta, el Girona solo dos. Pero a Stuani lo tenían ellos.

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