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El fútbol sin público favorece las tesis especuladoras

Nueve de los once partidos de la última jornada en Segunda acabaron con marcadores con solo ceros y unos en sus guarismos, una tendencia acentuada en la nueva liga.

Momento en el que Narváez anota el 1-0 ganador del Real Zaragoza al Albacete este pasado domingo, en el minuto 88.
Momento en el que Narváez anota el 1-0 ganador del Real Zaragoza al Albacete este pasado domingo, en el minuto 88.
Toni Galán

Nueve de los once partidos de la jornada 5ª de Segunda División acabaron con el cero y el uno en los guarismos de sus marcadores. Se dieron cinco victorias locales por 1-0. Dos triunfos forasteros por 1-0. Dos triunfos forasteros por 0-1. Un empate a cero y otra igualada a uno. Es decir, con solo nueve goles anotados entre 18 equipos se decidieron los puntos en estas nueve citas de la categoría de plata (ver cuadros adjuntos).

Resultados de 9 de los 11 partidos de la jornada 5ª de Segunda.
Resultados de 9 de los 11 partidos de la jornada 5ª de Segunda.
HA

El dato es rotundo. Impactante. Porque, echando la vista atrás, observando la corta trayectoria de la vigente liga 20-21, cabe decir que no es nada casual. Al contrario, marca tendencia, deviene de un modo de entender el fútbol en las actuales circunstancias de pandemia, de fútbol sin público, de una variación notable de las atmósferas de presión que existen desde la grada hacia el césped en los estadios que acogen los duelos profesionales.

En las anteriores cuatro jornadas (incompletas las dos primeras, al tener dos partidos aplazados en cada una de ellas) se dieron ya 18 marcadores de este perfil austero y raquítico. La mayoría de los encuentros de Segunda, por lo tanto, están concluyendo en los alrededores de la anemia goleadora generalizada.

Marcadores con tanteos a base de cero y uno en las jornadas 4ª y 3ª de Segunda División.
Marcadores con tanteos a base de cero y uno en las jornadas 4ª y 3ª de Segunda División.
HA

Fue mayoritario también el recuento de partidos finalizados con ceros y unos en el acta arbitral en la jornada 4ª, la inmediata anterior. Seis de los once duelos acapararon tanteos propios del viejo fútbol del ‘catenaccio’ italiano, aquel sistema ultradefensivo traducido en España como ‘cerrojo’ que, pese a ser un invento de un austriaco (Karl Rappan), quien lo aplicó por primera vez en Suiza (en el Servette de Ginebra), se hizo famoso y se desarrolló en la Italia de los años 70 de la mano de Helenio Herrera –en el Inter de Milán- y Nereo Rocco, este en el AC Milan.

El guión del fútbol de Segunda, siempre rayano con el exceso de táctica, bajo la máxima igualdad entre los equipos por estructuras de las plantillas y las cualidades futbolísticas de la mayoría de los jugadores que los componen, parece haber aumentado en la liga 20-21 la predisposición al juego especulativo. Ya no es una cuestión de apreciación visual. Los números hablan por sí solos y sostienen la deducción de cualquier observador.

Resultados con ceros y unos en sus tanteos en las primeras dos jornadas de liga en Segunda.
Resultados con ceros y unos en sus tanteos en las primeras dos jornadas de liga en Segunda.
HA

El fútbol de clausura

En la búsqueda de los porqués de este efecto de ceguera ante el gol en los partidos de plata hay mucha coincidencia, dentro de la propia burbuja de técnicos y futbolistas protagonistas de estos hechos, a la hora de achacarlos a la falta de presión desde las gradas, al nuevo formato de fútbol de plató que rige en la liga de España desde que se reanudó en junio.

No hay público para el que jugar in situ. No hay runrún para los locales si racanean más de la cuenta. No se dará, mientras esto dure, una bronca por un cambio que se entienda defensivo, por una alineación que se considere a priori como contraria al gusto de determinada afición.

El efecto presionante desde las tribunas no solo ha desaparecido –se valora que para bien– desde el punto de vista de los visitantes, ahora mucho más cómodos cuando actúan en campo ajeno. También se ha evaporado para los anfitriones en el sentido crítico, de censura de actuaciones poco vistosas y de decisiones susceptibles de rechazo ejecutadas desde los banquillos locales. El neofútbol ha neutralizado esos inputs y deja camino libre a cualquier cosa, por anómala que en condiciones normales pudiera ser evaluada.

Por esto, los partidos son ahora más lentos en su desarrollo, tienden a la adopción de actitudes complacientes, de máximo respeto al adversario, de jugar ‘a verlas venir’ sin sentir el apretón del acelerador que, con el fútbol de verdad, siempre ejerció el público, la afición propia.

Las pautas de los partidos se están generalizando con guiones planos, carentes de estímulos que alteren las emociones las más de las veces. Se prefiere guardar la portería propia a cero, sin encajar, antes que buscar con evidente énfasis el gol en la de en frente. También en el papel de locales.

Resoluciones postreras

Con este modo de actuar, no es aleatorio que muchos de estos partidos con un solo gol se resuelvan en los minutos finales (caso del Real Zaragoza ante el Albacete, con el gol de Narváez en el 88). Es la fase en la que cansancio, la pérdida de concentración y fuelle físico, la alteración que supone el carrusel de sustituciones (hasta diez aparecen ahora entre los dos equipos en litigio), patrocinan algún error del rival que aprovechar para lograr el triunfo. A eso se apuesta, en un fin programado.

Ejemplo de esto ha sido, asimismo, la última jornada. En la sesión del sábado, los cuatro partidos se dilucidaron a partir del minuto 75, en el cuarto de hora final. El Espanyol le ganó 1-0 al Alcorcón con un gol de De Tomás en ese hito citado. El Tenerife doblegó al Rayo por 1-0 con un gol de Bermejo en el 80. El Logroñés superó al Almería 1-0 con un tanto de Andy en el 78. Hasta el Mirandés, que fue una de las dos excepciones que sacaron adelante sus triunfos por más de un gol (0-2 en Sabadell), marcó sus tantos en el 75 y el 79. El Zaragoza se sumó a la moda horas después. Hay muchos más goles al final, en las segundas partes, que al inicio, donde abunda el tanteo, la esgrima y la mímica. El fútbol sin gente en las gradas invita al embuste, al farol y al nulo riesgo. Y los efectos saltan a la vista.

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