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Baraja y la paradoja de haber alineado ya a 21 jugadores en tres partidos

El entrenador del Real Zaragoza ha utilizado ya al 84 por ciento de la plantilla en tan solo 270 minutos de liga. Este modo de mantener a todos los futbolistas en sintonía riñe con la imperiosa tarea de cohesionar un equipo base.

Larrazabal, en primer plano, y Tejero, detrás, dos de los nuevos titulares de Baraja anteayer domingo ante el Albacete.
Larrazabal, en primer plano, y Tejero, detrás, dos de los nuevos titulares de Baraja el pasado domingo ante el Albacete.
José Miguel Marco

El Real Zaragoza ha utilizado a 21 de sus 25 jugadores de la plantilla profesional en las tres primeras jornadas ligueras afrontadas en el torneo 2010-21. Todos menos el portero suplente, Ratón; los lesionados Jair e Igbekeme; y el joven Francho. El resto, en tan solo 270 minutos jugados en la nueva liga –más los de añadido en cada una de las citas–, ya han pisado el césped con mayor o menor profusión.

Participaciones de los jugadores del Real Zaragoza en las tres primeras jornadas.
Participaciones de los jugadores del Real Zaragoza en las tres primeras jornadas.
HA

La impresión que deja esta singular conducta del nuevo entrenador, Rubén Baraja, es llamativa. Es un claro paradigma del difícil manejo de la situación en el vestuario en estos momentos de la historia del club. Supone una paradoja en los tiempos que corren, llenos de aristas, de filos cortantes y riesgos mayúsculos en el día a día del cuadro aragonés, que cumple su octava temporada seguida en Segunda División, algo sin precedentes en casi 90 años de vida de la entidad.

Que todos se sientan valiosos

Por un lado, es una evidencia que Baraja pretende mantener vivos a todos los miembros de su equipo. Aquí todo el mundo es útil, nadie debe ser minusvalorado por cuestiones cualitativas o de cualquier otro orden o condición.

La temporada es muy larga, igual de larga que siempre desde que la Segunda consta de 22 equipos, con 42 jornadas interminables y, llegado el caso, hasta con cuatro duelos más de promoción. Solo que, esta vez, cuenta con el aderezo de riesgo máximo porque se está a expensas de cualquier incidencia con el covid-19 y, además, el calendario está más comprimido que nunca. Habrá hasta siete jornadas intersemanales que, en el caso del Real Zaragoza, al que se le aplazaron por deferencia las dos primeras fechas (ante Girona y Almería) por haber acabado el curso anterior con una demora perniciosamente larga, se convertirán inexorablemente en nueve partidos en días laborables, acumulando así compromisos oficiales en infinidad de momentos del año.

O sea, que es imprescindible que el elenco de jugadores útiles sea extenso, que haya donde elegir, que no llegue un partido en el que, por lesiones, enfermedades, sanciones u otras cuitas, el equipo esté destrozado de antemano.

Las prisas por armar un equipo

Por otra parte, el hecho de que la pretemporada apenas haya existido –derivada inevitable del tardío final del torneo precedente, por causas ajenas a la voluntad del Zaragoza y achacables únicamente a la pésima praxis de los gestores de la competición–, provoca que el remozado plantel se encuentre verde, inmaduro, inconexo y falto del perentorio rodaje de cualquier verano ordinario. El fútbol con puntos, la nueva liga 20-21, ha llegado de golpe al Real Zaragoza de Baraja. Y faltan horas de vuelo, de conocimiento mutuo, de ensayos, de simulacros, de tiempo y forma para poder transmitir e inocular en la cabeza de los futbolistas el ideal del nuevo técnico.

En estas coordenadas tan peculiares, cualquier entrenador sin ganas de complicarse la vida tendería a apostar por la búsqueda de un once básico, de un bloque de titulares preferentes con los que acelerar sus tesis y puestas en escena. Es lo natural para eludir los peligros intrínsecos del mundillo del balompié profesional. Por esto, lo que está llevado a cabo Baraja, mitad forzado –lesiones de Vigaray y demás inquilinos de la enfermería, o expulsiones de Nieto o Nick–, mitad por estrategia interna, riñe con ese método habitual utilizado para acortar plazos.

Las modificaciones constantes en el once inicial, la ausencia de continuidad en el bloque, va en sentido contrario a la consolidación de una filosofía novedosa en un equipo carente de bases firmes.

Un mes clave para interpretarlo

Resulta indiscutible que, en estos cauces tan concretos de actuación diaria, no es sencilla la tarea de Baraja al frente del Zaragoza actual. El vallisoletano, en tiempos de pandemia y estando engullido el fútbol por la burbuja de lo postizo y lo impostado, está obligado a consumar una metamorfosis táctica y técnica en una plantilla mutada en la mitad de sus componentes, con una docena de caras nuevas que, además, coinciden en su mayor parte en el ámbito ofensivo. Este equipo del presente ha modificado todo su mecanismo atacante, del que no queda ni rastro del que acabó el curso anterior en 3ª posición y rozó el ascenso directo a la élite. Atrás queda, mal que pese, el reto fallido que tuvo en la mano el desmontado equipo anterior bajo la batuta de Víctor Fernández hasta que el estado de alarma, el histórico confinamiento de la población durante dos meses largos y las secuelas –naturales y antinaturales– que ello conllevó demolieron a un grupo que olía a éxito en marzo.

Baraja, por ahora, está encontrando un aliado vital para sobrevivir con cierto sosiego en esta encrucijada estratégica del manejo de su plantilla: los resultados. Sin jugar bien –más bien, haciéndolo muy cerca de lo deficiente en cuestiones de alto rango–, el equipo va a sumar 7 de los 9 puntos dirimidos (se esperan este miércoles los dos puntos que faltan por la alineación indebida del Alcorcón). Y eso le otorga margen de maniobra en el ensamblaje de ‘su Zaragoza’, que se presume aún lejos de lo proyectado. En el próximo mes, en 30 días, aguardan siete partidos. Ahí se verá hacia dónde se decanta esta paradoja, si al movimiento del género humano para mantener la moral enhiesta o hacia la consolidación de un once principal.

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