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La sangría que no cesa

El Albacete hurga en la herida de un Zaragoza incapaz de frenar su caída. 

Imágenes del partido disputado este viernes por el Real Zaragoza en el Estadio Carlos Belmonte de Albacete.
Imágenes del partido disputado este viernes por el Real Zaragoza en el Estadio Carlos Belmonte de Albacete.
@Real Zaragoza/Twitter

Paradójicamente, solo los números le sonríen al Real Zaragoza. Y los números también, además del fútbol, lo condenan desde que el maldito virus alteró la inercia de un equipo que caminaba de forma decidida hacia Primera División, allá en marzo, antes de ser confinadas las ilusiones del cuadro aragonés. 

Los números, los resgistros que han destilado las 41 jornadas globales disputadas, pregonan que el Zaragoza alcanza la última jornada de la liga regular en Segunda División con la clasificación asegurada para la fase de ascenso, como inquilino de la quinta posición, con 62 puntos, cuatro más que la más inmediata amenaza, que abandera el Elche, séptimo clasificado. Lo dicho, con tres puntos por dirimir, las matemáticas le responden al conjunto aragonés.

Pero la misma ciencia algebraica que sostiene globalmente sus ilusiones, también lo culpa en su tramo último. Incluso lo sentencia, si a los resultados agregamos la entidad del fútbol desarrollado en este pasado inmediato para echarse a temblar. Los marcadores sufridos en las dos últimas citas ante dos rivales que habitaban al borde del abismo del descenso a la Segunda B, como el Oviedo y ayer el Albacete, denotan el estado carencial del Zaragoza. No solo le ganaron, sino que le abofetearon sin miramientos asturiamos y manchegos, autores de ocho goles (cuatro más cuatro) y de muchos más argumentos futbolísticos. El Oviedo le dio un repaso en toda regla, sin parangón.

Poco, mejor dicho, nada, se arregló ayer en un lugar de la Mancha. Volvieron a caer otros cuatro y el Zaragoza no volvió a jugar a nada. Si recibir ocho goles (en total) de dos adversarios que solo pueden aspirar a escapar de las brasas del descenso podría sintetizar sin más glosas el desvanecimiento, los datos de este mes y cuatro días de extravío tras el parón tampoco conviene obviarlos. 

En 10 partidos, el Zaragoza solo ha sido capaz de sujetar siete puntos, con una retahila negra de cinco derrotas consecutivas como local. Con las dos acaecidas a domicilio, dan como resultado siete derrotas. Comparando registros, el hecho de que el Real Zaragoza solo sufriera seis derrotas entre septiembre y marzo (en las 31 primeras jornadas) y que haya acumulado una derrota más (siete) desde el regreso competitivo del 13 de junio hasta ayer, 17 de julio, retrata en toda su crudeza el estado del equipo que conduce Víctor Fernández.

Y dicho esto, hay que regresar al principio. Las matemáticas, la adición de todo lo hecho y lo deshecho por el Real Zaragoza en estas 41 jornadas, resuelven que globalmente el equipo del león rampante jugará el ‘play off’, fase en la que no tendrá nada que hacer si se comporta bajo las pautas que han guiado su comportamiento desde el 13 de junio, y en las que tiene tendrá todo que hacer si se expresa con el fútbol anterior al 8 de marzo, si es capaz de detener la sangría que lo aniquila. Víctor sigue en el cargo de entrenador. Hoy, Lalo Arantegui dará una rueda de prensa. El lunes espera la Ponferradina. El jueves el Zaragoza deberá volver a ser el Zaragoza.

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