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Las dos torres se derrumban

Los errores de Pichu Atienza y El Yamiq, infalible hasta anoche, condenaron a un Real Zaragoza que generó muchas dudas en defensa.

El Yamiq, disputando un balón dividido frente a Luis Perea.
El Yamiq, disputando un balón dividido frente a Luis Perea.
José Miguel Marco

El parón le ha sentado muy mal a este Real Zaragoza. El partido frente al Alcorcón tuvo un guion antagónico al que, a buen seguro, había planteado Víctor Fernández durante estos largos meses de inactividad. El afán por coger confianza desde el primer minuto se convirtió en temor, y los errores en ambas áreas condenaron a un equipo que, más allá de abandonar la impecable racha de resultados que lo mantenía invicto en este singular 2020, generó importantes dudas a resolver hacia el objetivo del ascenso. 

En un escenario vacío, sin el apoyo de la mejor afición de la Segunda División española, es fundamental ganar seguridad con el balón desde el inicio. Y esa, precisamente, fue una de las principales lagunas de un bloque que apostó por afianzarse atrás, permitiendo que el rival creciera en el partido con un mínimo de rigor táctico y convicción hacia la portería contraria. 

La historia, probablemente, hubiese cambiado si Guitián no perdona una clarísima ocasión cuando todavía no se habían cumplido los primeros 10 minutos, pero el central reconvertido ayer a lateral falló estrepitosamente y, a consecuencia de ese error, se convirtió en un manojo de nervios tangible.

Por ahí, por el lateral derecho que siempre extraña en demasía la ausencia de Vigaray, se volcó al Alcorcón para incrementar su presión y volcar balones que, aun siendo imprecisos, llegaron a generar problemas al Real Zaragoza en una primera mitad en la que se impuso el miedo. 

Por aquel entonces, la dupla Pichu Atienza-El Yamiq todavía transmitía la sensación de firmeza que se diluyó tras el paso por vestuarios. En 20 minutos fatídicos, los que fueron del 70 a la conclusión del encuentro, los centrales zaragocistas echaron por tierra la solidez adquirida antes del paréntesis obligado. 

Una cadena de errores impropios de futbolistas de este nivel fue aprovechada por los atacantes del Alcorcón (Fran Sandaza y Stoichkov) para finiquitar el partido. En un abrir y cerrar de ojos, el Real Zaragoza vio cómo sus dos torres eran derribadas en acciones infantiles que, más allá del resultado de ayer, despiertan incertidumbre hacia los próximos encuentros. 

Primero fue el cordobés con un control tan mal orientado como arriesgado; seguidamente el marroquí pecó de exceso de confianza en un balón dividido; y el propio El Yamiq, casi infalible hasta ayer, terminó de completar una noche calamitosa al propiciar el tercer tanto visitante -por la falta de entendimiento con Nieto- y la expulsión de Cristian Álvarez, activo con el que no se podrá contar en el trascendental encuentro del martes. 

En la visita al estadio Anxo Carro de Lugo, el Real Zaragoza deberá superar esta importante baja y los miedos que ayer atenazaron a un bloque desconocido, alejado de lo que fue. El trepidante calendario exige reacción rápida.

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