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La vida sin el Real Zaragoza

La interrupción del fútbol por el coronavirus ha descolocado a aficionados y profesionales cuyo día a día y cuya actividad gira en torno al equipo aragonés. 

Real Zaragoza - Deportivo de La Coruña
Real Zaragoza - Deportivo de La Coruña
Toni Galán

Aquel gol de Luis Suárez y la victoria en Málaga el pasado 8 de marzo parecen ahora encerrados en una eternidad, aunque haya transcurrido solo menos de un mes, un periodo en el que el Real Zaragoza, entendido como un colectivo social -un club, unos jugadores, unos aficionados y un sinfín de profesionales pendientes de su actividad-, se ha desvanecido entre la crisis sanitaria y económica provocada el coronavirus. Una pandemia que ha arrinconado al fútbol en un limbo existencial al que las personas van adaptándose poco a poco, forzadas por una situación desconocida, frustrante e imprecisa que despierta más preguntas que respuestas. Es algo nuevo para el zaragocismo, desconectado violentamente de su equipo y de su día a día, cuando precisamente eso, su vida, pivota en torno al Real Zaragoza de un modo u otro. Ahí, se ha abierto un vacío. 

De golpe, el equipo aragonés ha desaparecido de ese sistema vital organizado en torno a él. Lo han hecho sus partidos, pero sobre todo su ilusiones, su entusiasmo, su momento de esplendor, y su paso prometedor hacia el ascenso: por fin, el Zaragoza se acercaba a un objetivo perseguido durante siete temporadas con la agonía y la desesperación de a quien le va la vida en ello. Toda esa estructura no solo se ha derrumbado en apenas tres semanas, sino que, además, no se sabe cuándo se podrá reconstruir. En este caso, lo peor no es la ausencia del fútbol tanto como la incertidumbre de su regreso. Y en el caso del Zaragoza esta galopante confusión la agravan las dudas sobre su destino: ¿y ahora qué pasa? ¿Y nuestro segundo puesto y el ascenso hacia el que volábamos, qué? “Esta es nuestra angustia añadida -comenta José Vicente Casanova, presidente de la Federación de Peñas del Real Zaragoza- Surgen las preguntas, pero sobre todo una: ¿y si por esto no subimos? Ese “¿y si…?” es lo que peor llevamos ahora los zaragocistas. Uno intenta informarse entre la escasez de noticias sobre las soluciones a esta suspensión, se comenta todo: si en Alemania van a subir los dos primeros y hacer una liga de 20, cualquier declaración de Tebas o Rubiales se intenta analizar al detalle...”, explica.

Esta crisis ha estallado en el momento más inoportuno posible para el Real Zaragoza, sin duda uno de los equipos más afectados: su dinámica como invicto en 2020 se ha frenado en seco, su segunda plaza en la clasificación ganada a pulso durante tres cuartas partes del campeonato está en el aire, su afición, la más numerosa de Segunda, puede sufrir restricciones a la hora de acudir a La Romareda en hipotéticos escenarios que se discuten estos días entre las alternativas para retomar la temporada… 

La bofetada emocional de esta crisis es doble. “Los aficionados de un equipo de fútbol son especialistas en vivir momentos de gloria, pero también de pérdida, tristeza, frustración y rabia”, analiza Patricia Ramírez, psicóloga, especializada en deporte, y quien a través del Real Zaragoza ha divulgado consejos y prácticas sobre el momento que toca vivir. “En situaciones negativas, si algo nos ayuda a superarlas es nuestra capacidad de resiliencia, nuestro poder para superar esa adversidad. El Zaragoza estaba en un momento dulce, sentíamos pasión, orgullo y estábamos disfrutando con nuestro equipo. El coronavirus ha frenado en seco todos esos sentimiento positivos y nos ha llevado hacia la incertidumbre, y casos así, de aislamiento, afectan hasta al más optimista. Ante esto, lo primero es aceptarlo. No significa que nos resignemos, sino que debemos encajarlo, así tendremos sensación de paz y dejaremos de quejarnos, y desde hay hallaremos soluciones. También es importante ser cívico y responsable”, describe Ramírez.

Ante esta situación, cabe pensar que las preocupaciones sobre el fútbol, sobre el Real Zaragoza en este caso, no son más que una frivolidad, en un momento de tragedias humanas, urgencias sanitarias y dramas laborales y económicos. “La relevancia social del fútbol tiende a minusvalorarse, incluso se le identifica como una actividad brutalizante, pero tiene un componente social muy evidente. Es comunidad y es convivencia: el fútbol une a gente de diferentes razas, ideologías, orientaciones sexuales y también a generaciones. En pocos ámbitos de la vida puede verse a un niño de 12 años y un jubilado de 80 años compartir una afición. En el caso de Zaragoza, además, su equipo de fútbol y su ciudad tienen una relación muy íntima. Fíjate en estos días, en los que La Romareda está al lado del hospital Miguel Servet”, indica Aitor Lagunas, periodista aragonés de Gol y editor de la revista Panenka.

Aquí surge una de los rasgos olvidados de estos momentos de ausencia del Real Zaragoza. Su interrupción nos recuerda que el fútbol es un deporte, un sistema de competición en el que la victoria se impone a la derrota cuando, paradójicamente, esta última es lo natural en la mayoría de los casos. O un deporte convertido en un rutina movida por comportamientos autómatas. Pero el fútbol es, sobre todo, una actividad comunitaria: conecta a sus aficionados, los vincula, los hace compartir momentos, experiencias. Cuando de verdad se disfruta el fútbol es cuando se vive a lado de amigos, de familiares, de padres y madres, del vecino de asiento en La Romareda durante media vida… 

“Eso, eso, eso es lo que de verdad nos falta ahora”, apostilla José Luis Melero, bibliófilo, escritor e intelectual aragonés, exconsejero del club, pero, ante todo, un zaragocista de acero. “El zaragocismo es una comunión de sentimientos y pasión. Nos sentimos zaragocistas cuando estamos juntos. Eso te cambia incluso la percepción de las cosas, hasta quien de normal te parece un imbécil, te lo parece menos cuando lo ves animar como tú a tu mismo equipo. Eso no lo tenemos estos días. Nos sentimos solos, individuales en nuestras cuarentenas, porque nos han quitado esa parte social de nuestras vidas. Porque no se trata solo de compartir ilusiones o momentos de felicidad, también las desgracias. Nosotros nos consolamos juntos”, narra Melero. 

“Yo ahora imagino a mucha gente descolocada, a mucho aficionado de las bases, hombres y mujeres sencillos, porque el Zaragoza es una válvula de escape para ellos. Está la familia, el trabajo y el Real Zaragoza, y sus vidas se articulan en torno a eso. Ese referente diario se ha perdido”, continúa Melero, aficionado que como tantos otros se rigen por unidades de tiempo 'futbolizadas': los años son temporadas, las semanas son jornadas...

“El fútbol puede parecer ahora una tontería, pero ya aseguro yo que no lo es. Se quiera entender o no, es algo muy importante en muchas vidas: esperar la tarde de domingo en La Romareda, viajar con el equipo, abrir el periódico por las páginas de deportes para ver cómo se está entrenando, cuál será la alineación, qué noticias hay del club...”, señala Melero.

El Zaragoza ha desaparecido de este hábito diario de los aficionados, pero también de algunos profesionales cuya actividad gira en torno al club. Es el caso de hosteleros con bares en las proximidades de La Romareda en los que un buen porcentaje de los ingresos depende del día de partido; de vendedores de ‘merchandising’, bebidas o comida en el estadio; de agencias de viaje que este año estaban gestionando una cantidad significativa de desplazamientos… O los periodistas dedicados a la actualidad del club, como Fernando Ramos, de Aragón Radio. “Lo que más se echa en falta es el partido, porque el partido es la referencia que guía el trabajo de la semana. Ahora, de un modo u otro, el trabajo se saca, con declaraciones que nos da el club, datos, informaciones… Pero no hay partido. Es como un verano, pero sin saber cuándo va a volver la competición”, apunta. Ramos es uno de los informadores que, además, viaja con el equipo. “Toda tu vida, en cierto modo, está condicionada por la agenda de partidos. Si tienes algún compromiso personal, pues lo programas en función de si se juega en sábado o domingo, por ejemplo. El Zaragoza también es una manera de vivir, y pienso en esos aficionados que este año además tanto se veían en los viajes y que renuncian a tantas cosas por estar cerca de su equipo”.

Entre las sugerencias para rellenar ese vacío, la psicóloga Patricia Ramírez ofrece algunas pautas: “Ahora hay que unirse en familia. Por ejemplo, en el caso del Zaragoza, es buen momento para que los padres hablen a sus hijos de futbolistas que no han conocido, de sacar y compartir cromos, vídeos de partidos, historias y emociones… Y también es importante, además de la actividad física, el jugar. El fútbol es un juego. Podemos aprovechar estos días para hacerlo con cualquier juego de mesa tradicional o con las nuevas tecnologías”.

José Vicente Casanova, como muchos otros aficionados zaragocistas, han descubierto en los videojuegos un sucedáneo accidental: “Hemos organizado un torneo de FIFA 20 entre peñas. Nunca había visto un partido de fútbol jugado en la videoconsola, pero me he enganchado, ha sido como cuando a los drogadictos le dan metadona. Porque te sigues identificando con tu equipo y con sus jugadores, que, encima, se mueven igual en el campo”.

Mientras la vida sigue entre cuatro paredes, el zaragocismo y el Real Zaragoza aguardan el momento de reiniciarse y seguir descontando semanas hacia la Primera División. “Si esto nos pasa en una temporada mala en la que solo tienes ganas de que acabe, pues casi mejor, que cierren el año y ya está. Pero casi tocábamos el cielo con las manos…”, se lamenta Melero. “Parecía que el fútbol, a nivel europeo, iba a solucionar dos de sus urgencias históricas: la Premier del Liverpool tras casi 30 años de espera y el ascenso del Zaragoza tras siete temporada en Segunda”, recuerda Aitor Lagunas. “Ahora, quedan congeladas. En nuestro caso, veremos qué sucede. Hay cierta incertidumbre, pero sobre todo mucho pánico a que se invalide la campaña. Veremos qué pasa...”, agrega. “Con todo lo que hemos pasado estos años, parecía que ya no nos podía suceder nada malo más, pero mira… Ha llegado esta epidemia. En fin... Somos el Real Zaragoza”, concluye Melero.

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