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El efervescente 'Zaragoza nuevo' pierde gas sin los fichajes del verano

El fulgurante inicio de liga vino de la mano de las mejores versiones de los puntas Dwamena y Luis Suárez; la estrella Kagawa; la seguridad atrás de Vigaray y Atienza; los minutos de Blanco; y la aparición de Clemente. Sin varios de ellos, su eficacia se resiente.

Kagawa, en la noche de este miércoles en Fuenlabrada, donde no fue titular por primera vez desde su llegada y solo participó en los últimos 20 minutos.
Kagawa, en la noche de este miércoles en Fuenlabrada, donde no fue titular por primera vez desde su llegada y solo participó en los últimos 20 minutos.
Enrique Cidoncha

La derrota de este miércoles en Fuenlabrada (2-1) ha devuelto cierto amargor al paladar del zaragocismo. Una sensación que ya ha vivido el equipo y su gente en algunos de sus últimos partidos, en los que la victoria, que fue común en el primer mes de esta liga 2019-20, se le ha resistido: ante el Lugo, el Oviedo, el Málaga o el Cádiz. Es de natura que así sea, pues la ilusión y las esperanzas son este año en Zaragoza de mayor capilarización entre la hinchada que en años precedentes. 

Este regusto, sensiblemente alejado del dulce del principio del torneo, no rebaja la nota del arranque liguero del Real Zaragoza: un notable, incluso con la flecha hacia arriba, hacia el sobresaliente. Porque siempre, desde la primera jornada a mitad de agosto, los de Víctor Fernández han pisado la zona noble, el vagón de seis plazas que compone la parte alta de la tabla, la del ascenso directo y la Promoción. Su asiento ha oscilado entre el tercer, el cuarto o el quinto puesto. Y ya se ha atravesado la línea del primer cuarto de la temporada, con 11 jornadas consumadas y 19 puntos en las alforjas. 

La secuencia de la adición de puntos genera una sensación ambiental un tanto falsa, más proclive a la decepción y el desasosiego con el equipo, que a la valoración objetiva de ese 4º puesto en la clasificación, algo que no había logrado ningún 'Zaragoza' de los últimos años en Segunda División a estas alturas. 

Y es que se ha pasado de un tramo inicial -las 5 jornadas primeras- espectacular y lleno de rentabilidad a otro, justo la segunda mitad de lo disputado hasta hoy, en el que esas rentas han descendido ostensiblemente. Se ha ido de más a menos y por eso queda el poso que queda. Con los mismos 19 puntos, sumados de otro modo, con otra cadencia que hubiese venido de menos a más o sin un cambio tan brusco, el 4º puesto en la tabla actual, daría de sí para que el zaragocismo estuviera con la adrenalina subida a tope.

Una vez descrito este preámbulo de análisis de situación, lo acontecido en este primer tramo liguero del Real Zaragoza actual pone de manifiesto, tras lo acontecido en Fuenlabrada este miércoles en el 11º partido del torneo, que Víctor Fernández está manejando una compleja situación en su singular plantilla. A saber:

1. El gran Real Zaragoza de agosto y la primera mitad de septiembre, el que ganó 4 de sus primeros 5 partidos de liga y empató el otro, fue el Zaragoza nuevo, el que se benefició del efecto incandescente de los nuevos fichajes. En esa fase de impacto, los dos delanteros eran, en su mejor versión, Dwamena y Luis Suárez. El mediapunta, la estrella japonesa Kagawa, un fichaje de máxima relevancia, incluso exteriormente. La defensa se vio apuntalada con la alta aportación del lateral Vigaray y el central Atienza. También con la aparición del debutante Clemente, por goteo, en determinados partidos. Y el extremo Blanco, en sus apariciones para agitar el equipo, siempre dejó réditos cuantificables. 

2. Según han ido apareciendo los primeros problemas -físicos o de enfermedad- en alguno, en varios o, como en Fuenlabrada, en la mayoría de estos futbolistas fichados en el verano pasado para llevar a cabo la "remodelación masiva" de la plantilla que pidió públicamente Víctor Fernández a la hora de su continuidad como entrenador, el equipo ha comenzado a dar síntomas de bajón de prestaciones.

3. Dwamena es posible que ya no vuelva más tras su problema cardiaco, que ya lo lastró -en silencio- en las últimas jornadas previas al anuncio de su caso extremo. Vigaray ya va por su segunda lesión muscular. Kagawa pasó un proceso vírico que lo ha lastrado físicamente. Luis Suárez viene en parihuelas desde hace más de un mes, con una sobrecarga muscular enorme. A Clemente, Víctor debe dosificarlo por las secuelas de un año de baja por una rotura grave de rodilla. Todo esto ha ido fluyendo en el último mes, un día por un flanco, otro día por otro, hasta coincidir masivamente en Fuenlabrada.

4. El Real Zaragoza, sin sus fichajes del verano, que se contrataron con la vocación de ser "todos importantes, cruciales en el equipo", según Víctor, que también avisó de que, por ello, "no nos podemos equivocar en uno solo de ellos" a la hora de elegir pieza, ha tenido que ir moviendo el equipo utilizando al resto del bloque, al sostén de la plantilla en el fondo de armario de años atrás. Y, sin entrar en más cuestiones valorativas, es obvio que el Real Zaragoza viene de un año pésimo, de estar rondando el descenso a Segunda B durante seis largos meses de tortura china. O sea, que el sustrato futbolístico de esos otros jugadores no viene de sus mejores tiempos, en la mayoría de los casos. 

5. El Zaragoza nuevo dio resultado de inicio aprovechando el efecto novedoso de sus refuerzos de estreno ilusionante. Sin ellos, se ha ido regresando a una imagen cada vez más parecida a la del curso anterior. Incluso, piezas que en tiempos pretéritos dieron un rendimiento aceptable, casos de Igbekeme o Soro el año pasado, o Papunashvli hace ya dos, no están siquiera en esos mínimos que se conocieron en sus picos mejores de solvencia en Zaragoza. 

6. Este caminar del equipo, trufado de bajas y problemas paulatinos en el cupo de nuevos fichajes según avanza la liga, devuelve a la superficie la solicitud de Víctor Fernández antes del cierre del mercado estival de, al menos, dos fichajes más: un centrocampista -pivote- (se rondó durante semanas a Nolaskoain, el del Athletic de Bilbao, que se fue al Deportivo de La Coruña in extremis) y un delantero centro diferente a los dos principales, Dwamena y Suárez (se contactó con varios y se pujó finalmente por Sergio García, sin llegar a la cota de valoración salarial que pidió el catalán, ex blanquillo). 

Y 7. Paralelamente, el día a día ha evidenciado lo ya anunciado por Víctor desde antes de que se clausurara el mercado: ni Bikoro, ni Linares, cuentan en sus planes básicos. El técnico pidió su salida del club, lo que engranaba con la llegada, en sus posiciones, de los antes citados y deseados, que nunca vinieron. Lo de Bikoro es obvio y de imposible reversión. Lo de Linares, tras no ir convocado a Fuenlabrada en unas condiciones de dificultad máxima en la línea delantera, es un giro de tuerca más de Fernández que denota su modo de entender el presente y su visión de futuro inmediato (por Dwamena, habrá que fichar cuanto antes un sustituto de manera extraordinaria cuando se concrete el papeleo legal sobre su baja federativa). 

Son lecturas sencillas, sin necesidad de ahondar demasiado en la epidermis del Real Zaragoza del momento, tanto en la zona del vestuario y el césped como en la de los despachos y el área deportiva. Todo natural, lógico según se decidió en agosto que iba a ser esta primera mitad de la liga, hasta que en enero, con la llegada del mercado invernal de fichajes, se puedan mover de nuevo las fichas. El equipo ha empezado mejor que nunca. Su clasificación es harto esperanzadora. Pero la carrocería y el mantenimiento de sus piezas básicas se está resintiendo, por esos imponderables -o ponderables- que tiene el fútbol

Y, como se ha podido apreciar de manera cristalina en los primeros 62 días de esta liga, no es lo mismo el 'Zaragoza nuevo' que el 'Zaragoza viejo'. Que, cuantos más elementos falten o estén fuera de forma de los que han compuesto la 'remodelación masiva' (no tan masiva como hubiera sido menester), más dificultades tendrá Víctor para mantener el diapasón de solvencia del grupo. 

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