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Tarragona: un clásico de verano no tan clásico... y no tan gafe como dice el paladar

Entre muchos zaragocistas se ha extendido últimamente la sensación de que el amistoso en el campo del Nástic es algo habitual hace tiempo y que, además, se le da muy mal al Real Zaragoza: nada de eso es cierto.

Javi Ros y Zapater pugnan con el tarraconense Álex López de Groot en el amistoso de verano de 2016 entre el Gimnástic de Tarragona y el Real Zaragoza, que acabó 0-0 en el Nou Estadi del club catalán.
Javi Ros y Zapater pugnan con el tarraconense Álex López de Groot en el amistoso de verano de 2016 entre el Gimnástic de Tarragona y el Real Zaragoza, que acabó 0-0 en el Nou Estadi del club catalán.
Lluís Milian/HA

Juega este sábado el Real Zaragoza en Tarragona un nuevo amistoso de verano ante el Nástic, a las 20.30 en el Nou Estadi de la ciudad catalana. Y lo hace dentro de una sensación extendida en buena parte del zaragocismo de que este choque preparatorio es todo un clásico estival en los calendarios blanquillos de las pretemporadas, año tras año. Y no es así. 

Del mismo modo, ese singular efecto mental que se ha instaurado, tal vez por el boca a boca o por el mimetismo de la comunicación humana de los tiempos modernos a través de redes sociales y demás géneros cibernéticos, viene a expandir la sensación de que las visitas del Real Zaragoza a Tarragona en estos bolos de verano se saldan siempre con una decepción, normalmente con una derrota en partidos ásperos. Tampoco esto es de tal modo. No es cierto. 

En primer lugar, el duelo Nástic-Real Zaragoza, incluido en el plan de partidos de verano, que pareció que podía llegar a instaurarse con el 'boom' turístico de las localidades costeras tarraconeneses (Salou, La Pineda, Cambrils, Torredembarra, Comarruga...) a principios de los años setenta del siglo pasado -ahí llevó al Zaragoza el entonces presidente José Ángel Zalba por primera vez en días de vacaciones de agosto-, se quedó aparcado e inerte durante largas décadas, más de 30 años. Ni en los ochenta, ni en los noventa, ni a principios de los 2000 el Real Zaragoza contempló Tarragona en sus bolos previos a cada liga

La reaparición de un Nástic-Real Zaragoza en verano fue en 2006 y lo hizo de manera puntual y fugaz. Porque, después de ese episodio que, para la mayoría de zaragocistas era una gran novedad (en liga nunca se coincidía con un Gimnástic menor, de Segunda B e incluso Tercera mayormente), hubo que esperar hasta 2013 para ver el evento incluido en otra pretemporada. O sea, hubo 7 años de lapso

Y, ni siquiera ese partido de 2013 es el que nos trae ininterrumpidamente hasta hoy. Porque el año siguiente, en el verano de 2014, tampoco hubo un partido del Real Zaragoza en Tarragona en pretemporada

La serie, por lo tanto es corta. Muy corta si la comparamos, por ejemplo, con otras que sí fueron clásicas como las vividas -ahora interrumpidas- con el Huesca, el Osasuna o el Numancia. El Nástic-Real Zaragoza de la noche de este sábado agosteño en Tarragona va a ser la quinta vez consecutiva que se juega, desde 2015 hasta 2019. Con esos dos apéndices atomizados citados con anterioridad. Y ya no hay más que referir.

O sea, 7 partidos de verano en Tarragona en más de 40 años... eso no es un clásico ni algo que haya sido habitual en algún tiempo pasado, salvo en el último lustro, donde hay la continuidad real que, subliminalmente, invita a muchos a considerar que es algo de más largo recorrido. Es probable que la reciente coincidencia en Segunda con el Nástic año tras año (ojo, que hubo un descenso, otro, de los granas a Segunda B entremedias) haya ayudado a creer, popularmente, que el viaje a Tarragona es cada dos por tres.

Dos derrotas, dos empates... y dos victorias del Real Zaragoza

El asunto de los marcadores adversos y la letanía de que, cada vez que se va a Tarragona en pretemporada, el Real Zaragoza se vuelve a casa con una derrota, es otro mantra que no tiene sustento. 

El de esta noche de agosto de 2019 va a ser el 7º amistoso de verano en Tarragona desde los años 70. Y, en los 6 anteriores, el reparto de resultados es equitativo para los blanquillos: dos derrotas, dos empates y... dos victorias. Es decir, el balance no es negativo. No es un rosario de patinazos. No es el Nou Estadi un lugar que pueda catalogarse de gafe o de ser sinónimo de decepción. 

De hecho, la serie se inició con un triunfo por 0-1, en el verano de 2006, con un gol de Lafita a la salida de un córner. Curiosamente, con Víctor Fernández en el banquillo, en los albores del agapitismo. 

Y prosiguió, años más tarde tras un largo lapsus sin jugarse el amistoso, con otro triunfo zaragocista en 2013, esta vez por 0-2. Anotaron los goles Montañés (min. 21) y el filial Diego Suárez (min. 63). Era el primer Zaragoza ya descendido a Segunda en esta era moderna, con Paco Herrera al frente. 

Tras un nuevo salto en 2014 sin este amistoso, el recortado historial prosiguió con sendos empates. En 2015, un 2-2 en el que el Real Zaragoza de Ranko Popovic remontó a última hora un 2-0 adverso que habían logrado Ferrán (min. 8) y Rayco (min. 50), con goles postreros de Dorca (min. 84) y Ángel (min. 85). Y en 2016, con Luis Milla en el banquillo, un 0-0 anodino que no dejó sustancia alguna para nadie. 

Así que, las derrotas, esas que parecen tan generalizadas en Tarragona en tantísimos partidos de verano, espejismo doble sin sostén real, solo han acontecido en los dos últimos casos

Una, hace dos veranos, en 2017, cuando el Real Zaragoza de Natxo González perdió 2-1 con doblete de Maikel Mesa para los catalanes (min. 39 y 55) que dejó en nada el gol de Borja Iglesias (min. 49, de penalti), que había igualado momentáneamente aquel bolo estival. Y la otra, la del curso pasado, con Imanol Idiakez al timón, donde un nuevo tanto de Maikel Mesa (min. 41) dio forma al 1-0 definitivo. 

Y esta es la historia. No hay más. El Nástic de Tarragona-Real Zaragoza de este 3 de agosto no tiene demasiadas muescas en el libro de efemérides de verano. Por más que el recuerdo reciente y cercano lleve a engaño.

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